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LA INSURGENCIA COLONIAL AMERICANA
El pueblo americano
contra el invasor europeo
"La España fue siempre para la América, una madrastra despiadada y cruel". (Juan Fernández de Sotomayor en su escrito "Conquista, evangelización e independencia",1815). "Los españoles eran unos invasores, crueles y feroces, que hollaban a su tiempo los derechos de los naturales, las leyes de los pueblos del mundo, los preceptos del señor, los principios y las máximas del evangelio". (Juan Fernández de Sotomayor, obispo de Cartagena de Indias, sermón en Santafé con motivo del quinto aniversario de la independencia de Colombia, 20 de julio de 1815). “¿Con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios?”. (Fray Antonio de Montesinos, sermón delante del Virrey-Gobernador don Diego Colón, el cuarto domingo de Adviento de 1511 en La Española) “La conquista no fue sino una especulación a mano armada, donde cada soldado era un socio comanditario que trabajaba con el arcabuz, la espada y la lanza, a partir pérdidas y ganancias”. (José María Samper, en su libro “Las Revoluciones”). LA INSURGENCIA COLONIAL AMERICANA[1]
Este estudio demuestra que no fueron tranquilos los tres siglos, tres lustros y tres años (1492-1810), que permanecieron en el continente como dominadores los hijos de don Pelayo. Desde el primer momento se produjeron alzamientos, rebeliones e insubordinaciones por toda su extensión, casi que podríamos decir que no hubo año sosegado, año en el que al rey no le llegaran las malas noticias de sus súbditos allende el mar; primero fueron los indígenas, luego los negros en mala e infame hora sacados del Africa, siguieron los encomenderos, más tarde los colonos blancos y posteriormente estos y los mestizos, hasta cuando la nueva raza que se había formado en ese crisol produjo la rebelión final y definitiva que nos mostró dueños de nuestra propia casa ante el mundo. Más de 500 revueltas identificables y de todo tipo se presentaron en el período colonial que afectaron no sólo al monarca español, también al inglés en su colonia de Norteamérica, al francés en Haití y al de Portugal en el Brasil. No fue sino salir Colón de regreso de su primer viaje cuando los indígenas de la Española mataron a todos los aventureros del fuerte Navidad y, en la misma isla, pronto se produjo la primera guerra civil americana y el primer levantamiento de los esclavos, las luchas de Caonabo y Enriquillo, llegando después L’Overture, la abolición de la esclavitud y la independencia, primera de los países al sur del río Grande; en Argentina los Calchaquíes se levantaron una vez durante siete años y en una segunda oportunidad por tres años, la rebelión de Martín Alzaga fue precursora de la independencia y duró tres años desde su comienzo hasta el fusilamiento de Alzaga; en Bolivia el alzamiento de los hermanos Catari primero y de Tupac Catari y su esposa Bartolina Sisa, llamada “La Virreina” después, produjo, por ejemplo, que en el sitio indígena de la ciudad de La Paz muriera cerca del 80% de la población de esa ciudad, sin mencionar las sublevaciones de Chuquisaca y La Paz que dieron inicio a la independencia sudamericana; en el Brasil el levantamiento de Samuel Beckman contra los Jesuitas y la Compañía de Comercio duró dos años y después fueron famosas la rebelión de los Alfaiates o sastres de Bahía, el quilombo Palmarés duró 65 años como república y Tiradentes con su revolución se convirtió en precursor de su independencia; en Colombia es preciso mencionar el alzamiento de Alvaro de Oyón, la rebelión indígena que cubrió todo el centro del país a mediados del siglo XVI, el ataque de los Charguajes contra Mocoa durante más de veinte años, los alzamientos de la nación Wayuu y la revolución comunera, para no mencionar sino unos pocos; en Cuba, en forma intermitente, la rebelión del tabaco duró cinco años; en Chile los ataques de los Araucanos forjaron toda una leyenda que muy bellamente cantó Ercilla en su obra; en el Ecuador los obrajes, Eugenio Espejo y la Junta de 1809 son hitos históricos; en Estados Unidos el motín del te y el nacimiento de la democracia marcaron una época en la historia de la humanidad y la derrota de Fort Recovery recuerda que los americanos del norte fueron los peores genocidas de los indígenas; Jacinto Canek y los Zendales, fueron revoluciones que marcaron un definido derrotero en Guatemala; en Honduras se destacó el cacique Lempira y en Nicaragua los hermanos Contreras; en México se mostraron los Tahuramaras, la primera rebelión femenina y el grito de Dolores; en Panamá fueron Urracá y Bayano los que le dieron dolores de cabeza al soberano español; Paraguay mostró su rebeldía con los comuneros y más tarde con la guerra de las siete reducciones; en el Perú se hicieron famosas las rebeliones de los dos Tupac Amarú, el primero y el segundo y la de Juan Santos Atahualpa, cantada tan hermosamente por Santos Chocano; la Junta Patriótica en el Uruguay y, en Venezuela, Andresote que es el primer caso judicial de una extradición en América, Juan Francisco León, José Chirinos, Gual, España y Picornell para terminar con don Francisco de Miranda, sacudieron el inmovilismo impuesto por la corona. Y no las hemos mencionado todas, sólo las más importantes, que no fueron “Casos de Policía” simplemente sino todas unas revoluciones que amenazaron el establecimiento colonial Por condiciones específicas de tiempo, sólo habremos de referirnos a cuatro de estas revueltas. Venezuela, 1560, Lope de Aguirre autoproclamado Rey del Perú.
Algunos y entre ellos Simón Bolívar cometieron y siguen cometiendo el error de pensar que Lope de Aguirre fue el primero en declararse independiente del monarca español, además de ser una ofensa que cometen al comparar a nuestros próceres con este asesino que mató con sus propias manos a 72 personas, han olvidando que ese honor le correspondió al encomendero español, nacido en Cáceres, Francisco Hernández Girón, quien se levantó contra las autoridades coloniales y pretendió establecer en el Perú un gobierno similar al de Venecia, provocando una guerra civil en la antigua tierra de los Incas que comenzó en 1553 y terminó en diciembre del año siguiente cuando el revoltoso fue capturado y ejecutado en Lima,. De Lope han hablado sus contemporáneos el Inca Garcilazo de la Vega[2], el bachiller Lucas Fernández de Piedrahita[3], y el Licenciado Juan de Castellanos quien le dedica seis de sus estrofas a esta aventura en sus “Elegías de Varones Ilustres de las Indias”. Lope nació en Oñate, provincia de Guipúzcoa en un año no precisado entre 1508 y 1515. Fue el segundo hijo de una familia hidalga pero sin riquezas y que en virtud de las leyes de mayorazgo debió dejar su hogar y trasladarse a Sevilla en Andalucía donde aprendió el oficio de domador de potros que después sería su modus vivendi en la ciudad de El Cuzco. Viajó a América en 1534 y se estableció en las Antillas, se puso al servicio del fundador de Cartagena don Pedro de Heredia y hasta padeció un naufragio cerca de La Habana, pasando luego al Perú; tomó parte en las luchas entre Pizarristas y Almagristas, en el levantamiento de Sebastián Castillo, formó parte del partido por Vaca de Castro contra Almagro el joven y a favor de Blasco Núñez Vela contra Gonzalo Pizarro, y fue el asesinó del Corregidor Pedro de Hinojosa en 1552, por lo cual fue condenado a muerte, pena que se le conmutó con la condición de que fuera a luchar contra el jefe de los encomenderos Hernández Girón. En 1559, de aproximadamente 50 años de edad, se enroló en una expedición organizada por el fundador de la ciudad de Pamplona, departamento de Norte Santander en Colombia, don Pedro de Ursúa, encargado por el Visorrey del Perú don Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, para que saliera a la conquista de los Omeguas, aparentes dueños del fabuloso “Dorado” y para el descubrimiento del río Marañón, aprovechando para deshacerse de un montón de maleantes e indeseables que quedaban sin oficio en el Perú. Ursúa, del brazo de su amante Inés de Atienza se fue hasta Quito formando su expedición y recogiendo hombres, hasta el 26 de septiembre de 1560, cuando con 400 hombres bien armados, muchos indígenas, llamados Yanaconas, y 40 caballos, se embarcaron. 700 leguas más abajo fue la rebelión, causada por el desespero que se notaba entre la gente armada por la falta de resultados en más de tres meses de navegación, en la cual sólo veían como su jefe se divertía en brazos de doña Inés mientras ellos sufrían toda clase de privaciones; en la madrugada del 1 de enero de 1561 fue asesinado Ursúa y su Teniente General Juan de Vargas, a la Atienza la mataron después; Fernando de Guzmán fue elegido “Príncipe de la libertad de los reinos de tierra firme y provincias de Chile” y Lope su segundo; se le negó la obediencia al rey de España y decidieron regresar a tomarse el Perú. Días después hubo otras matanzas con las cuales diezmaron a los yanaconas que les acompañaban y salieron al mar del norte en julio de 1561, matando antes a Guzmán y quedando Lope de jefe; cayeron sobre la isla Margarita, en donde apresaron al Gobernador Juan de Villandrando, quien creyó que podría venderles algunas mercancías que les faltaban, pero le dieron de palos y Lope mató a cuantos pudo, saqueó la isla y amenazó a las autoridades coloniales y a todos los religiosos con la pena de muerte. Armó dos buques y pasó con su gente al continente en donde se apoderó de Borburata el 27 de septiembre de 1561, sitio desde el cual escribió al rey Felipe II una carta relativamente bien escrita que muestra un Lope de Aguirre con alguna educación y a la que colocó como firma “Lope de Aguirre el peregrino”; en dicha comunicación, en lenguaje directo y tuteándolo, le reclama al rey el haber perdido una pierna luchando contra Hernández Girón, “manco de uno de mis miembros en tu servicio”, le dice; le cuenta que vino a América “por valer más con la lanza en la mano”, le pide que no sea ingrato ni cruel con sus vasallos y lo acusa al decirle “…van pocos reyes al infierno, porque sois pocos; que si muchos fuésedes, ninguno podría ir al cielo, porque creo que allá seríais peores que Lucifer, según teneis sed y hambre y ambición de hartaros de sangre humana”, aplicándole al rey todo lo que él era. En Borburata quemó sus naves para que nadie pudiera traicionarlo; los vecinos de este puerto dieron aviso a las autoridades de la llegada de Lope y sus marañones; aquí, Lope, declaró la guerra al soberano español, se aperó mejor para la batalla y consiguió algunos caballos; asesinó a muchos y continuó su camino hasta Valencia, travesía en la que demoró ocho días, pero la ciudad había sido desocupada por sus moradores, sin que los marañones pudieran darles alcance. Siguió a Barquisimeto, donde las lluvias y las previsiones del Capitán Gutiérrez de la Peña de arrasar el territorio, le complicaron el viaje, entró a la ciudad y prosiguió con sus tropelías; pero aquí comenzó a declinar, lo empezaron a abandonar sus partidarios a quienes las autoridades les ofrecieron perdonar sus crímenes si asesinaban al guipuzcoano y se encontró con la resistencia organizada, armada y firme de las tropas reales; asesinó Lope a su hija mestiza, de nombre Elvira, a puñaladas, para que luego no la llamaran la hija del traidor y fue muerto por sus propios compañeros de dos tiros de arcabuz el 27 de octubre de 1561, diez meses después del alzamiento, fue decapitado, descuartizado y sus restos fritos en aceite y su cabeza colocada en una jaula; después de su muerte, las autoridades españolas le iniciaron un juicio y lo condenaron por rebelde. Así terminó esta revuelta que ya causaba pánico en toda la América hispana y donde las autoridades preparaban a sus ejércitos para combatir al nuevo ángel exterminador. Muchas leyendas se han tejido alrededor de este Aguirre, una de ellas cuenta que en un sitio del Amazonas, el llamado salto de Aguirre, escribió en una piedra algunos signos misteriosos ante los cuales es preciso persignarse y orar cuando se le cruza en el camino. Brasil, 1695. Destruido el quilombo Palmarés, que se había convertido en República, durante 65 años. La historia de Zumbi Dos Palmares el “Espartaco negro del Brasil”.
En el hoy Estado petrolero de Alagoas, nordeste del Brasil, delimitado por el océano Atlántico y los Estados de Bahía, Pernambuco y Sergipe, debajo, en el mapa, de la ciudad de Recife y arriba de la ciudad de Salvador de Bahía, se desarrolló la primera república independiente de Portugal en América. Unos negros cimarrones, fugados de sus amos azucareros y parásitos, lograron dominar, por más de un siglo, un territorio de 7.500 kilómetros cuadrados, con doscientos kilómetros de costa, que abarcaban desde Sao Francisco hasta el cabo de Santo Agostinho, con nueve ríos bañando su territorio, adornado con las mesetas de Garnhuns y Barriga de Serra y las colinas de Cafuchi, Jucara, Pesqueira y Comonati, cubierto de palmeras que le dio su nombre de “Quilombo de Palmarés”, donde se desarrollaron las ciudades de Macaco, su capital, con 1.500 casas y unos 8.000 habitantes, Amaro con 5.000 almas en mil casas y otras menores como Sucupira, Tabocas, Zumbi, Osenga (donde después hubo otro quilombo que se llamó el limonero), Acotirene, Danbrapanga, Alto Magano, Curiva, Sabalanga y Andalaquituche; fueron el centro de una rebelión de esclavos que fijó en la historia brasilera, el día 20 de noviembre, como el de la conciencia negra. Quilombo, palabra de origen angolés proveniente de la expresión Kimbundu, o Mocambo, que significa aldea de esclavos evadidos, fueron las palabras con las que se designaban en Brasil los refugios de los cimarrones negros, que se regaron por centenares por toda su geografía y en todos los Estados, como producto de la reproducción de los cerca de 50 millones de esclavos que fueron llevados desde Africa a la nación que los portugueses formaron beneficiados por el tratado de Tordesillas. La mayor y más duradera herencia que nos dejaron los Quilombos fue la Capoeira, hoy convertida en baile y deporte nacional en la república del Brasil, después de ser perseguida y castigada por considerársele criminal; la Capoeira era un arte marcial, una lucha que, para poder ser practicada por los esclavos debió disfrazarse de baile acompañada por el sonido de un instrumento musical llamado berimbau, proveniente de Angola, que consiste en una vara de palo, un alambre y una calabaza, con un canasto de semillas; tomó su nombre de los círculos de pasto que en la selva abrían los cimarrones para poder practicarla y que llamaban clareia, a la que después denominaron capoeira; nació entre los esclavos que veían la necesidad de defenderse de la invasión holandesa al Brasil y comenzó por el Estado de Pernambuco
Capoeira o La Danza de Guerra por Johann Moritz Rugendas, 1835 Los primeros cimarrones se refugiaron en Palmarés en 1590 y su destrucción total sólo fue alcanzada en 1716, 126 años en total de independencia, teniendo su esplendor de 1630 a 1695, cuando allí llegaron a vivir cerca de 30.000 descendientes de la civilización Congo-Angola y otras del Africa Subsahariana, formando el quilombo más grande de toda la historia brasileña; sembraban maíz, plátano, fríjoles, mandioca, habas y azúcar y de la palma extractaban aceite, cubrían los techos de sus viviendas y hacían esteras, sombreros, cestas y escobas; criaban cerdos y gallinas, productos que les dejaban un remante que comercializaban en los pueblos cercanos sin que a sus habitantes blancos o mestizos les incomodara su presencia; en todo este tiempo sus habitantes resistieron 66 expediciones militares de holandeses y portugueses y, a su vez, atacaron al vecindario en 31 ocasiones, lo que lo muestra como un territorio en guerra permanente contra los colonos blancos a quienes dolía la libertad de unos individuos considerados poco más que como una simple mercancía. Durante 30 años, de 1624 a 1654, los holandeses invadieron el nordeste brasileño, tomando como capital a Bahía, utilizando para ello el poderío de la Compañía de Indias Occidentales, ocupando, seis años después, todo el Estado de Pernambuco, hasta cuando fueron expulsados por los portugueses que le ofrecieron la libertad a los negros si contribuían al desalojo de los invasores de los países bajos, lucha en la que lograron el apoyo de Henrique Díaz, un negro que ellos hicieron comandante, le dieron la categoría de hidalgo y luego usaron para perseguir a sus hermanos de raza que vivían en Palmarés; los holandeses fueron los primeros en atacar el quilombo sin lograr su conquista En 1662 los portugueses atacaron y lograron capturar a un niño que le vendieron al padre Antonio Melo y a quien éste bautizó como Francisco, le enseñó a leer y a escribir y algunos dicen que hasta hablar en portugués y latín, el cual, al crecer, se escapó en compañía de 40 esclavos más y regresó a Palmarés donde asumió el nombre de Zumbi dos Palmares, que quiere decir “Guerrero de los Palmares”, a quien la historia llamó el “Espartaco negro del Brasil” y que pronto se mostró como un gran combatiente, líder de la capoeira y con gran influencia entre sus hermanos. En 1677 se produjo el primer ataque exitoso contra Palmarés; Fernao Carrilho atacó a la población de Amaro, dejando muchísimos muertos, hiriendo al jefe Ganga Zumba y haciéndose a un botín de 200 prisioneros, por lo que Ganga Zumba decidió negociar con los portugueses quienes se comprometieron a respetar la libertad de los cimarrones del Palmarés a cambio de que abandonaran sus tierras, apetecidas por los blancos, y se retiraran al interior a un sitio denominado Cacaú y devolvieran a todos los esclavos fugados no nacidos en el Palmarés; acuerdo que fue firmado en Recife el 5 de noviembre de 1678 por el nuevo coronel portugués Ganga Zumba y el Gobernador de Pernambuco Pedro Almeida. Los palmerianos se sintieron traicionados y rechazaron el acuerdo, ahora encabezados por un sobrino de Ganga Zumba, el ya mencionado Zumbi dos Palmares, que avanzó con sus tropas hasta Cacaú y la destruyó por representar un gran peligro para su raza que iba a ser desplazada de las valiosas tierras costeras del quilombo; tomada posesión de Palmarés, Zumbi estableció una dictadura militar, con servicio militar y entrenamiento obligatorio y permanente, multiplicó las defensas, estableció el espionaje en los contornos, reforzó las fortificaciones, desplazó hacia el interior a sitios más seguros a poblaciones enteras, consiguió armas y municiones y decretó la pena de muerte para los desertores y los traidores y se aprestó a defenderse de los portugueses, lográndolo con éxito por 17 años en que la autoridad de Zumbi nadie discutió; Zumbi, para su resolución de desconocer el tratado de Recife, alegó que no aceptaría que unos negros vivieran en libertad mientras otros permanecían esclavos. Pasaban los años y la fama de invencible de Zumbi era ya legendaria, hasta cuando el estado portugués, financiado por los señores del azúcar decidió acabar con el problema y para ello recurrieron a la ferocidad reconocida de los bandeirantes; llamaron en Sao Paulo al peor de todos, un mestizo de nombre Domingo Jorge Velho, de quien el Obispo de Pernambuco dijo que era uno de los hombres más salvajes con que se había encontrado en la vida; en el primer ataque, Velho perdió el 40% de su tropa luchando contra Zumbi y los palmarianos y recurrió al gobierno colonial para conseguir refuerzos que le fueron suministrados con largueza, convirtiendo la guerra contra el quilombo en una guerra contra los negros; Velho reunió una tropa de 9.000 hombres armados con las mejores armas de la época y seis meses después, el viernes 5 de febrero de 1694, avanzó contra Macaco, abriéndose paso a cañonazos, derribando las empalizadas que defendían el quilombo, matando a todo el que se encontraba fuera hombre, mujer o niño pues ordenó no hacer prisioneros, pero sin contar que las mujeres en muchos casos mataban a sus propios hijos para que no fueran reducidos a la esclavitud; Zumbi logró fugarse herido y se escondió en lo profundo del bosque, hasta cuando uno de los suyos, Antonio Soares, en el camino de Penedo a Recife, fue capturado, torturado y perdonado su vida si ayudaba a capturar o matar a Zumbi; Soares cumplió su nueva palabra, traicionó a Zumbi y le rebeló a los paulistas donde andaba su jefe, fue hasta la cueva donde Zumbi lo recibió confiado y protegido por sólo seis hombres de guardia y cuando Soarez lo tuvo cerca le enterró un puñal en su estómago y le dio muerte el 20 de noviembre de 1695. El cuerpo de Zumbi fue llevado hasta Recife y decapitado; su cabeza se colocó en una jaula en la plaza principal para escarmiento de los esclavos que anhelaban su libertad, la que en Brasil debió esperar hasta 1888. Zumbi dos Palmares se convirtió así en uno de los iconos revolucionarios más importantes de América. Paraguay, 1754, por lo que significaron para el mundo el común y los jesuitas[4]. Las reducciones del Paraguay han hecho soñar al mundo, dicen que ellas fueron la inspiración para que Tomás Moro escribiera “La Utopía”, también Voltaire y Rousseau hablaron con admiración de ellas, pero lo cierto es que allí se levantó un imperio teocrático que cubrió el sur de Bolivia, buena parte del Paraguay, el norte de Argentina y ciertos sectores del Brasil, donde habitaban más de cien mil indígenas en treinta reducciones, que estaban haciendo mella en el poder de los soberanos de la península Ibérica, provocando que los miraran con desconfianza en muchos sectores y fueron la causa última para que desde más de una nación se fuera incubando la expulsión de los hijos de San Ignacio.
Amamos muy mucho el pueblo Las reducciones, que no eran otra cosa que reunir a los indígenas dispersos en pueblos con una estructura social y productiva, no fueron un invento de los Jesuitas ni comenzaron en el Paraguay; ellas nacieron en Guatemala en 1532 cuando Vasco de Quiroga estableció los pueblos-hospitales; incluso en la frontera colombo-venezolana formaron los jesuitas siete reducciones a orillas del Orinoco, aprovechando que en 1610 el rey Felipe III concedió a la Compañía de Jesús el derecho de cambiar el sistema de las encomiendas que únicamente beneficiaba a los colonos blancos españoles y que en el Río de La Plata había introducido Domingo Martínez de Irala, con lo cual formaron un emporio de riqueza en que no es exagerado afirmar que ellas se convirtieron en el primer país industrial de América, donde pastaban más de un millón de cabezas de ganado y sus explotaciones agrícolas se exportaban a cinco países vecinos. ¿Por qué en el Paraguay se formaron estas reducciones tan extendidas y tan exitosas desde el punto de vista social y económico y no en otras partes de América?, es probable que la explicación esté en que los guaraníes se sometieron fácilmente a los jesuitas por ser el único pueblo de América que creía en un solo Dios. El Paraguay fue constante víctima de las incursiones de los bandeirantes[5] portugueses, provenientes del imperio expansionista lusitano, que atacaban las reducciones Jesuíticas desde 1611 y casi sin interrupción durante cien años; las ciudades debían ser refundadas y los indios trasladados, pero en general, los también llamados Mamelucos o paulistas, obtenían unos buenos botines, porque capturaban indígenas que vendían como esclavos, además, de que movían la frontera a favor del Brasil; fueron famosas las “bandeiras” de Antonio Tabares Raposo en 1636 y la de Andrés Fernández en 1638, por el éxito que alcanzaron; problema que sólo vino a resolverse cuando los Jesuitas, muchos de ellos que habían combatido en Italia, entrenaron a los indígenas en técnica y táctica militar y, además, les suministraron armas de fuego, con lo que los Guaraníes se sacudieron las incursiones que les llegaban del oriente en la célebre batalla de la vuelta de Mbororé sobre el río Uruguay el 6 de abril de 1641. La guerra de las siete reducciones se presentó entre 1754 y 1756, cuando se presentó un gran levantamiento del pueblo guaraní que protestaba por la entrega de las siete reducciones ubicadas en el costado oriental del río Uruguay, con todas sus estancias y pertenencias (yerbales y ganados), sitio que los indígenas consideraban su patria de origen; entrega ésta producto del “Tratado de Madrid” firmado el 13 de enero de 1750 por el Rey de España Fernando VI y en febrero del mismo año por don Juan V de Portugal, que tiene como origen el matrimonio entre María Bárbara de Braganza, hija de Juan V, con el Rey español, en la cual España cedía a las pretensiones de los invasores de acceder a las orillas del río Uruguay en su proceso expansionista, a cambio de entregar la colonia Sacramento. Las siete reducciones eran: San Angelo, San Nicolás, San Juan, San Luis, San Lorenzo, San Borja y San Miguel, un área total de unos 500.000 kilómetros cuadrados, donde vivían 29.191 indígenas guaraníes y donde pastaban la mayor parte de los ganados de otras reducciones; no era el primer abandono de las misiones, ya en 1631 debieron salir del Guayrá y en 1638 de la región del Tape. Sacramento era lo que hoy se denomina la República Oriental del Uruguay, en los límites de la imprecisa zona fronteriza demarcada por la línea de Tordesillas[6], que atravesaba las misiones de norte a sur, lugar que no tenía explotaciones mineras de ninguna clase pero si era rica en ganados y de la cual salió el gaucho que hoy conocemos; sitio de tránsito de contrabandistas que había sido devuelto a los portugueses mediante un tratado en 1681, recuperado en 1705 por los españoles encabezados por el gobernador de Buenos Aires Valdez de Inclán apoyado fuertemente por un ejército puesto a su disposición por los jesuitas de 4.000 guaraníes; regresado a Portugal por el tratado de Utrech[7] de 1715, producto de la guerra de sucesión española; y nuevamente recuperado por Bruno Mauricio de Zavala en 1724 para el soberano español, hasta cuando el ya mencionado tratado de Madrid ordenó a los indígenas el abandono definitivo de sus tierras ancestrales. La posición de los jesuitas fue bien ambigua, en un comienzo llegaron órdenes precisas de Roma para que los padres convencieran a los indígenas de abandonar pacíficamente la región, pero desde el púlpito inflamaron su vocación de propietarios y el rechazo a los bandeirantes; comenzaron solicitando más del año fijado para el abandono de los territorios y el Padre Cardiel llegó a afirmar que las órdenes del llamado “Papa Negro”, el superior de la orden, no implicaba obligación alguna, molestando a las autoridades que vieron en esta actitud una insubordinación y una actitud cómplice con los guaraníes; el Padre Bernardo Nusdorffer dijo: “Nosotros ya no gobernamos, ahora gobiernan ellos y nosotros obedecemos” Después de esto Sebastiao José de Carvalho e Melo, Marqués de Pombal, les juró odio eterno a los jesuitas, los acusó del atentado al rey de Portugal en 1758 y, un año después, los hizo expulsar de Portugal y les confiscó sus bienes. Los guaraníes, por su parte, dieron la impresión de no obedecer a los sacerdotes y enfrentaron resueltamente a los ejércitos de España y Portugal, llevando la peor parte; creyeron ellos que podían repetir exitosamente su actitud cuando debieron combatir con sus ejércitos al levantamiento comunero del Oidor José Antequera en 1717, quien había comenzado decretando la expulsión de los jesuitas del Paraguay, pero que fue vencido por Zabala con 340 españoles y 6.000 guaraníes; no fue así y ese fue el comienzo del fin porque Carlos III expulsó a los ignacianos de sus dominios, las reducciones se marchitaron y cuarenta años después prácticamente no existían. Perú, 1780, la más gloriosa de las revueltas, encabezada por Tupac Amarú II, precursor en América de la libertad de los esclavos.
Por la libertad de mi pueblo he renunciado a todo… No veré florecer a mis hijos. Micaela Bastidas José Gabriel Condorcanqui, cacique de Tungasuca, en la provincia de Tinta (ubicada al sudeste de El Cuzco), se declaró heredero del imperio Inca al morir su hermano mayor y quedó como heredero del curacazgo de Surinama, Tungasuca y Pampamarca y asumió el mando con el nombre de Tupac Amarú II, puesto que descendía por la rama materna de Tupac Amarú I; hijo de Miguel de Condorcanqui y de Rosa Noguera, había nacido en Surinama el 19 de marzo de 1738, fue educado en el colegio de curacas San Francisco de Borja regentado por los Jesuitas en El Cuzco, contrajo matrimonio con Micaela Bastidas Puyucawa el 25 de mayo de 1760, tenía cocales en Carabaya, chacras en Tinta, vetas de minas y 350 mulas por lo que era llamado “El Curaca Arriero”. El primer Amarú había sido decapitado en 1579 por orden del Virrey del Perú Francisco de Toledo, a pesar de las órdenes en contra dictadas por Felipe II. Este José Gabriel había sido un buen vasallo que aspiraba a ser ungido Marqués de Oropeza sin conseguirlo; en 1776 presentó a las autoridades una solicitud para eximir a los indígenas del trabajo en las minas, que no tuvo consideración alguna en Lima, vivía en Tinta, cerca de El Cuzco, en donde el Corregidor Antonio Juan de Arriaga hacía de las suyas en contra de los naturales del país, hasta cuando a la salida de una cena, en la localidad de Yanaoca el día 4 de noviembre de 1780, Condorcanqui lo atacó, apresó, llevó a Tinta y lo hizo ahorcar seis días después, le tomó el dinero de la Caja Municipal y 75 fusiles y se declaró en rebeldía; los “Quipus” volvieron a servir de escritura y con ellos le avisaron de la revolución a sus congéneres. Tupac pedía el fin de la Mita y del trabajo en las minas, el establecimiento de una Audiencia en El Cuzco, el fin de los abusos de los Corregidores, la disminución de los tributos y equidad en el repartimiento mercantil. Si bien su lucha fue inicialmente reivindicativa, pronto se convirtió en una guerra racial que desató el odio contra todo lo español. El bando de proclamación de Tupac Amarú, comenzaba: Don José I, por la gracia de Dios, Inca, Rey del Perú, Santafé, Quito, Chile, Buenos Aires y continente, de los mares del sur, Duque de la Superlativa, señor de los Césares y Amazonas, con dominio en el gran Paitití, comisionado y distribuidor de la piedad divina, por el erario sin par… Mando que ninguna de las pensiones se obedezca en cosa alguna, ni a los Ministros europeos intrusos, y sólo se deberá todo respeto al sacerdocio. Armó un ejército de 40.000 indígenas y se dirigió a El Cuzco, prevalido de la imagen que tenía entre los indígenas que lo consideraban investido de la divinidad de los antiguos incas; avanzó destruyendo los obrajes de Pomacanchi y kikijana. La administración colonial se puso alerta, de Lima salieron 3.000 hombres, el Virrey de Buenos Aires envió un poderoso contingente de 12.000 soldados, los clérigos de El Cuzco, al mando del Obispo Moscoso, se parapetaron para vender cara sus vidas, el Virrey Agustín de Jáuregui y el Visitador Juan Antonio de Areche se aprestaron para la defensa, organizaron el ataque y la disciplina militar española terminó imponiéndose. En su primera acción de guerra, Tupac, el 14 de noviembre, tomó a Kikijana y dos días después, el 16 de noviembre de 1780, Tupac, firmando como Señor de Tungasuca, expidió el bando declarando el fin de la esclavitud y la libertad de los esclavos, convirtiéndose así en el precursor mundial de esta justa causa; el 18 de noviembre derrotó a los españoles en Sangarara Tupac avanzó hacia el sur y pisó terrenos del virreinato de Buenos Aires, puso sitio a El Cuzco y luego se retiró hacia Tungasuca en la esperanza de poder negociar la paz y acabar con los excesos de los Corregidores. El 18 de marzo de 1781 se hizo coronar Rey del Perú con el nombre de José I, hasta cuando el 6 de abril Tupac fue traicionado por el indígena Francisco Santacruz en el pueblo de Bangui y entregado a las autoridades españolas en Tatanico; por su parte, su esposa Micaela, fue delatada por Ventura Landaeta y capturada junto a sus hijos Hipólito y Fernando, se les dictó sentencia el 15 de mayo por el Visitador Areche, quien en el primer día hizo ahorcar a 77 indígenas y tres días después en El Cuzco fue ejecutada toda la familia. Tupac fue condenado a la desmembración con cuatro caballos, pero como así no pudieron matarlo, lo decapitaron y desmembraron su cuerpo para repartirlo en varias poblaciones. Básicamente Tupac fracasó por: a) El movimiento indígena se focalizó en un sector relativamente pequeño. b) La concentración familiar de los cargos de mando. c) Las rivalidades existentes entre la nobleza indígena. d) Las rivalidades étnicas. e) El mal manejo militar del movimiento. Como consecuencia de esta rebelión, que mantuvo en vilo a toda la sociedad peruana durante seis meses, el Rey Carlos III prohibió la publicación y divulgación del libro “Comentarios Reales” del Inca Garcilazo de la Vega y eliminó la cátedra de quechua en la universidad de San Marcos. La sentencia y el suplicio de Tupac Amarú no pudieron ser peores, en las noticias de Lima correspondientes al 19 de mayo de 1781, se dice: Para el rebelde están preparadas en él coronas de hierro, con puntas muy agudas, que se le han de poner en la cabeza, en representación de los once dictados o títulos de que se denominó emperador. Igualmente un collar de hierro, con dos plantines muy pesados y rodeado de puntas muy agudas, que manifiestan la orden del gran Paitití, de quien se tituló maestre. Por la parte del cerebro se le introducirán tres puntas de hierro ardiendo, que le saldrán por la boca, en demostración de los tres bandos que mandó publicar, declarando al rey católico por un usurpador de sus dominios… En la Nueva Granada tuvo un gran eco el levantamiento de Tupac Amarú; en Silos se desconoció al monarca español y se le reconoció a Tupac el reino de Ingas; en Pore fue proclamado Capitán y Gobernador Javier de Mendoza, quien juró e hizo jurar obediencia al nuevo rey indígena y, como cosa curiosa, nombró como Capitanas de su ejército a muchísimas mujeres que recorrieron el llano quitando a los Tenientes del rey y reemplazándolos con su propia gente. En Chile el Gobernador Ambrosio de Benavides logró un pacto de paz con los araucanos, pero poco después el Coronel Ambrosio O’Higgins, padre del libertador de Chile, y futuro virrey del Perú, avisaba de un conato de golpe del cacique Chicaguala. En Quito se detuvo a Miguel Tovar y Ugarte, quien enviaba cartas al Perú escondidas en suelas de zapato; Tovar fue detenido y condenado a diez años de presidio en Chagres donde falleció. Su medio hermano Diego Cristóbal Tupac Amarú continuó con la lucha que se extendió por el actual territorio boliviano y el norte argentino. Siete años después, en 1788, se reinició la revuelta apaciguada luego de ser ejecutados numerosos blancos, algunos funcionarios y destruida multitud de propiedad españolas. Bibliografía
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