En
marzo de 1939 aparece el primer número de los Anales de Endocrinología de
Francia, donde puede uno ver anuncios relacionados con hormonas sexuales o
hipofisiarias, opoterapia que recuerda los consejos de Brown-Sequard pues habla
de “Complejos de las glándulas de energía” para “astenias, deficiencias
físicas y psíquicas”. Toda clase de órganos, endocrinos o no, se
recomiendan en estas terapias. Se ven allí marcas que todavía nos son
familiares. Progynòn, Prolutòn, Testoviròn, este último indicado como
antagonista ginecológico para “mastopatìas e hiperfoliculinismo”. El estrógeno
Progynòn se recomienda en problemas menstruales, pubertad y menopausia. Para la
menopausia también recomiendan el “Gynecalciòn”, sugiriendo que ya desde
esa época estaban pensando en los problemas óseos de la osteoporosis. Hay
drogas para la andropausia, y la casa Byla ofrece toda la gama de hormonas
hipofisiarias, gonadohormona, tirohormona, lactohormona, somatohormona,
ocitohormona, leiohormona y neurohormona, esta última para el manejo de las
“migrañas hipofisiarias”.
En
ese mismo histórico ejemplar, hay un artículo sobre el desarrollo artificial
del aparato genital humano escrito por Moricard, en el que informa que aun con
la ausencia de progesterona se puede inducir una menstruación foliculìnica por
medio de una inyección de benzoato de estradiol. “Desde el punto de vista
terapéutico”, afirma, “ el interés del benzoato de estradiol nos parece
muy importante. En su notable estudio sobre la foliculina, Simmonet (autor de un
libro sobre el tema, que se anuncia en la misma revista), resta importancia a
esta forma de opoterapia. Yo, por el contrario, considero que ella es la base
fundamental de la hormonoterapia ginecológica”.
Russell
Marker, un químico orgánico excéntrico, resolvió el problema del
abastecimiento de progesterona al observar que este esteroide podía
sintetizarse de las plantas, y después de ensayar en las de todo el mundo
encontró que la respuesta estaba en la raíz de la Dioscorea o cabeza negra,
una especie de papa de sabor dulce. No obtuvo respaldo financiero para la
fabricación a gran escala de la progesterona, por lo que renunció
a su cargo de profesor en la Universidad del Estado de Pensilvania y se
mudó a Ciudad de Méjico, donde en un galpón de alfarería estableció un
laboratorio, habiendo manufacturado en dos meses más progesterona (a partir de
los esteroides de la Sapogenina de estas plantas) de la que había visto
anteriormente. Syntex fue el nombre de la empresa que Marker y sus colegas
fundaron, compañía que en 1949 abandonó por disputas financieras, habiendo
destruido todas sus notas y archivos. Sin embargo uno de los jóvenes científicos
que Syntex contrató ese mismo año, Carl Djerassi (quien había trabajado en la
síntesis de cortisona a partir de la diosgenina), trabajó en la síntesis de
una progesterona mejorada para su uso por vía oral y así apareció en 1951 la
noretindrona.
En
la década de los cincuenta se iniciaron también los estudios de la inhibición
hormonal de la ovulación en grandes grupos de población. La reproducción había
jugado un papel fundamental en poblar la tierra, particularmente cuando tantas
vidas se perdían por pestes, guerras y tragedias naturales. Pero la creciente
urbanización y la sociedad post-industrial se asociaron con hacinamiento,
desnutrición y retraso social en los segmentos más vulnerables de la población;
en el inicio del siglo XIX se empezó a generar conciencia sobre la superoblación,
en particular por ensayos como los de Malthus y Edmonds. Planificar la familia,
costumbre que se había intentado tímidamente con métodos artesanales, de
barrera, o naturales, encontró una respuesta farmacéutica (los anticonceptivos
orales) que por lo efectivos y tolerados pronto se popularizó.
En
esta historia participaron personajes como Sanger, McCormick, Marker, Pincus,
Djerassi y Rock. La enfermera Margaret Sanger era una activista de causas
radicales, Catherine McCormick, la heredera de una gran fortuna; Gregory Pincus
era el fundador de la Fundación Worcester de Biología Experimental y un científico
interesado en la fisiología sexual de los conejos, y había podido fertilizar
“In Vitro” óvulos de conejo. Sanger y McCormick le pidieron a Pincus que
desarrollara un anticonceptivo fisiológico, que este consideró era la
progesterona, una hormona que prevenía el embarazo. La consecución de los
progestàgenos fueron los aportes de Marker
y Djerassi. Pincus se asoció luego con el ginecólogo John Rock, quien
usaba la progesterona para bloquear la ovulación, y luego por medio de un fenómeno
de rebote, lograr de esta manera la fertilidad de las mujeres; en realidad Rock
había demostrado que la progesterona podía prevenir los embarazos.
Los
anticonceptivos orales (que tienen además reconocidas ventajas no
contraceptivas y otros usos médicos) salieron al mercado entonces, gracias a
las investigaciones de Rock, Pincus y García con la píldora “Enovid”, que
contenía 10 mg de noretinodrel como progestàgeno y 150 mcg de mestranol como
estrógeno. El amplio uso de “la píldora” se fue asociando con dosis cada
vez mas bajas, que disminuyeron sensiblemente los riesgos trombo-embòlicos
y los efectos indeseables del tipo náuseas y otros. En las sociedades
industriales este tipo de contracepción hormonal se asoció con los nuevos
derechos de la mujer al estudio y al trabajo, y a su progreso personal como
individuo social, sin impedirle su natural instinto a ser madre. En los países
pobres por otro lado, tiende a predominar una cultura machista que asocia
virilidad con fecundidad y regulación de los embarazos con infidelidad
femenina, terminando en aborto con sistemas antihigiénicos por lo demás, la
frecuente ocurrencia de embarazos indeseados. Este, y todos los impresionantes
desarrollos tecnológicos actuales y los que vendrán han generado amplios
debates ético-religiosos y legales que en las centurias pasadas nunca fueron
fuente de controversia.
En
esa década de 1950, los médicos comenzaron a usar también estrógenos para el
tratamiento a largo plazo. El estrógeno también demostró evitar la
aterosclerosis en polluelos y aumentar el colesterol HDL. En ese tiempo se
iniciaron también los estudios de estrógeno en la profilaxis de la enfermedad
cardiovascular. Los estudios promisorios iniciales han
sido contradichos en parte por otros realizados con una mejor metodología,
por lo que se ha venido insistiendo que la terapia de suplencia hormonal, si se
prescribe, debe ser altamente individualizada.
Las
hormonas gonadales y las hipofisiarias se han venido usando en otras
indicaciones como los desarreglos menstruales, la infertilidad, el inicio precoz
o tardío de la pubertad, el control de la neoplasia hormono-dependiente y
prevención de la osteoporosis entre otras cosas.
En
los setenta se añaden otros compuestos concomitantes en la lista de los estrógenos
equinos conjugados, sólo unos pocos de ellos aceptados pero que podrían llegar
a 200. Uno muy importante es el sulfato de delta 8,9 dihidroestrona.
Un
premio Nóbel se concedió en 1997 a tres investigadores en el campo de las
hormonas: Roger Guillemin, Andrew Schally y Rosalyn Yalow. Los dos primeros
investigaron los neuropèptidos hipotalàmicos, siendo Guillemin el descubridor
de la hormona liberadora de la tirotropina (TRH), de la somatostatina u hormona
antagonista de la del crecimiento, y estudioso de las endorfinas, u opiáceos
endógenos; Schally por su parte estudió la TRH trabajando en medio millón de
hipotálamos de cerdo, identificó sus aminoácidos y finalmente la sintetizó.
En cuanto a la somatostatina, encontró que inhibe el crecimiento, evita la
ceguera en los diabéticos y modula la secreción de una serie de péptidos en
el aparato digestivo, entre ellos la insulina. Su aporte más conocido fue tal
vez el aislamiento y síntesis de la gonadorrelina, la hormona liberadora de las
gonadotropinas que ha sido utilizada en tratamientos para la fertilidad y cuyos
análogos son ampliamente usados en el cáncer de próstata, endometriosis y
otras enfermedades. Yalow y Berson por otro lado diseñaron el método del
radioinmunoanàlisis, procedimiento de laboratorio que permite medir partículas
muy pequeñas como las hormonas en sangre.
El
descubrimiento de los moduladores selectivos de receptores estrogènicos
como el tamoxifeno y el raloxifeno,
con efecto estrogènico en algunos tejidos y antiestrogènico en otros, aunado
con el descubrimiento de más de un receptor estrogènico y la capacidad de una misma sustancia para actuar como agonista o antagonista,
parcial o total según el tejido, muestras las potenciales diferencias de acción
entre los estrógenos.
La
suplencia androgènica no se ha usado tan frecuentemente como la estrogènica.
Por supuesto que desde Brown-Sequard se han usado estos preparados con fines de
rejuvenecimiento, recuperación de la potencia, tratamiento de la homosexualidad
masculina, aumento de la libido, prevención de la osteoporosis o utilización
de sus propiedades anabólicas. Los parches de testosterona disponibles, o bien
resultan inconvenientes por su necesidad de aplicarse diariamente sobre el
escroto, o porque producen dermatitis de contacto. La testosterona más barata y
más usada en hipogonadismo masculino es el dipropionato para aplicación
parenteral de depósito, pero tiene el problema de los picos altos iniciales y
los niveles bajos posteriores, lo que además genera preocupación sobre sus
efectos en la próstata.
Otro
gran capítulo de la opoterapia –aunque este se ha dedicado más a la historia
de las hormonas gonadales- es el de las hormonas de la tiroides. El aislamiento
en 1914 de la tiroxina cristalizada por E.C. Kendall de la Clìnica Mayo (y
anteriormente de los laboratorios Parke Davis) estuvo precedida por numerosos
aportes en el conocimiento del bocio endémico, del hipotiroidismo (Gull), del
hipertiroidismo (Basedow, Graves) y de la tiroidina y luego la tiroglobulina
(Baumann, Oswald).
En
1891 un paciente mixedematoso recobró dramáticamente su salud después de que
se le administró extracto de tiroides. Esto hizo pensar a los académicos que
sus investigaciones tenían importancia para su uso en la cama del enfermo,
mientras que los prácticos encontraron aquí una razón más para utilizar
preparados opoterápicos de múltiples glándulas (especie de “teriacas” a
base de órganos); esta costumbre tuvo como líder al doctor Henry Harrower,
quien no sólo prescribía sino que fabricaba productos organoteràpicos. No sólo
ofrecía unos 40 órganos con sus correspondientes dosis e indicaciones, sino
que respaldó dicha terapia con 67 artículos “científicos”, tres libros y
numerosas conferencias. Golpe mortal a la organoterapia se la comenzó a dar
Harvey Cushing en 1921, destacado neurocirujano y endocrinólogo que inició una
campaña contra estas verdaderas “sopas de mondongo”; cuando la literatura
endocrina se volvió explosiva, Harrower intentò mantenerse al dìa con una
teoría, la “homoestimulaciòn”, que tenìa la ventaja de que el terapista
no tenìa que preocuparse por sobre-tratar a los pacientes, que adicionalmente
veìan a ser todos, pues según èl, todas las enfermedades tienen algún
componente de disfunción endocrina.
Algunos
laboratorios que existieron en Colombia en los 40 fueron famosos por su
opoterapia, entre ellos Labrapia (cuyos productos se denominaban órgano-cerebral,
órgano-hepático, etc.) y Hormona, casa mejicana que se estableció en Colombia
con inversiones locales de la familia Lleras, y que tuvo a Carlos Lleras
Restrepo como presidente de su Junta y patrocinó por años un recordado premio
científico llamado “Federico Lleras Acosta”. Llama la atención que en el
PLM de 1944 que se ha re-editado en la conmemoración de los 60 años de su
primera publicación, entre los numerosos productos que anuncia este laboratorio
en Méjico pude contar no menos de 44 opoterápicos, la mayoría de “glándulas
sin conducto” y que incluían extractos no sólo gonadales sino de próstata,
mama, epífisis, placenta, timo, paratiroides,
y una curiosa hormona antitiroidea llamada “Tirofen”. Para los “trastornos
neurovegetativos de la mujer con hipertiroidismo” tienen el “Poliglandìn
femenino antitiroideo” que contiene extracto de glándulas frescas (ovario,
mama, timo, suprarrenal) más foliculina y más “hormona antitiroidea”.
Semejante menjurje opoterápico se
recomienda dar “entre una y tres grageas tres veces al día, junto con una
dieta lacto-vegetariana”. Laboratorios Hormona en Colombia fue posteriormente
adquirido por la casa Ayerst, que luego se fusionó con Wyeth, de la misma
corporación AHP de Nueva York.
Lo
de Kendall fue la obtención de una cantidad demasiada pequeña de cristales,
por lo que en los siguientes años debió él intentar una serie de experimentos
adicionales – la mayoría fracasados- para conseguir suficiente hormona que le
permitiera estudiar su actividad fisiológica, lo que consiguió al encontrar
que debía utilizar un tanque de níquel y no de hierro galvanizado o que no debía
recolectar glándulas tiroides en otoño e invierno para sus extracciones, pues
su contenido de yodo varía con las estaciones; con estos y otros trucos logró
en el curso de varios años obtener 33 gramos de tiroxina.
El
costo resultaba demasiado alto y su uso en terapéutica era difícil. Recordemos
que en las épocas de Gull se recomendaba a los hipotiroideos almorzar y comer
tiroides completo de buey, que como es obvio, tenía un sabor horrible. Después
vendrían los extractos de tiroides y el tiroides desecado USP, y el de la casa
Armour (una compañía de procesamiento de carnes que se metió en la opoterapia
para poder darle un uso a las vísceras) llegó a tener mucho prestigio.
La síntesis de la tiroxina se debe a Harrington, quien logró solventar un problema al parecer insoluble de reducción del doble enlace del compuesto, pues los métodos utilizados removían los átomos de yodo. Tal vez por tratarse de ser un químico poco experimentado, intentó un método “como hacer un disparo en la oscuridad” que le funcionó, ante el asombro de profesores más doctos que él, que consideraron poco ortodoxa su metodología.
La
tiroxina –más que la triyodotironina- se considera la terapia de suplencia
tiroidea ideal, pues el mismo organismo metaboliza T4 a T3 (la hormona activa) sólo
en las cantidades que se necesiten. En cuanto a las tioureas ( o drogas
antitiroideas), estas fueron descubiertas por “serendipity” por Ritcher y
Clisby en 1942, cuando al hacer unas pruebas del gusto en las ratas, encontraron
que les producía bocio.
Otros
aportes importantes en farmacología endocrina han sido las drogas para la
osteoporosis. La expectativa de vida continúa su tendencia ascendente al paso
de los años, y cada vez hay más
mujeres con problemas asociados al climaterio, siendo
la osteoporosis uno de los más reconocidos. El 95% de los casos de
osteopenia o de fracturas osteoporòticas se presenta después de la menopausia
y en general en la senilidad. Esto ha hecho tan populares los suplementos de
calcio con vitamina D, y otros medicamentos como el flùor (más usado en
Europa) o la calcitonina, más importante para el manejo de la enfermedad de
Paget. Últimamente han aparecido los bisosfonatos del tipo alendronato y
risendronato, y próximamente se podrá utilizar uno que –administrado en
infusión endovenosa- mantendrá sus efectos por un año.
La historia de los corticoides y del descubrimiento de la insulina se tratan en capítulos aparte. Esta hormona hipoglucemiante se produce hoy por métodos de DNA recombinante, los que también han servido para producir otras hormonas peptìdicas como la somatotrofina u hormona del crecimiento humana. En el campo de la fertilidad se han utilizado los factores liberadores de hormonas gonadales o los estimulantes de la liberación de LH como el clomifeno. El descubrimiento de que la hiperprolactinemia causada por microtumores hipofisiarios generaba infertilidad, llevó al perfeccionamiento de las drogas dopaminèrgicas del tipo de la bromoergocriptina. De los órganos endocrinos que contenían cantidades negligibles de hormonas, se pasó a potentes preparados de unos pocos microgramos, pero que resultan altamente efectivos y potencialmente tóxicos cuando se utilizan en dosis altas.