REVISTA DE ENFERMERÍA 

EDITORIAL

 

 

ESTRÉS Y CALIDAD DE VIDA

Desde el momento en que el trabajo del hombre se vuelve sedentario, aparecen nuevas formas de reacción frente al cúmulo de tensiones físicas y mentales. Las distancias se reducen, el espacio es cada vez más estrecho, los niveles de exigencia laboral y social se incrementan, así el hombre tiene que continuar el camino de su vida laboral y personal, conservando la armonía en su vida y rindiendo frente a compromisos adquiridos con otros (pareja, familia, jefes).

Todas aquellas situaciones que nos colocan en riesgo nos producen reacciones psicofisiológicas las cuales han sido conocidas como estrés. Existen niveles de estrés o de tensión que de alguna forma todos logramos manejar y usar como motor para el logro de nuestros objetivos.

Pero, existen situaciones críticas que sobrepasan nuestros mecanismos normales de responder a situaciones difíciles, en ese momento pasamos del estrés fisiológico al disestrés.

Ejemplos de situaciones críticas o estresantes son el divorcio o la separación de una pareja conyugal, la pérdida de un ser querido, los cambios laborales, las pérdidas económicas, los cambios de residencia o de ciudad, asumir papeles de mayor responsabilidad, las enfermedades propias o de algún familiar.

Una pregunta habitual que nos hacemos es cómo lograr mantenernos en niveles de estrés fisiológicos (euestrés) y evitar la llegada del estrés patológico (disestrés).

Para esto es necesario comprender que es inevitable la presencia de situaciones difíciles y además que tengamos días o semanas en que estamos más frágiles y en respuesta a ello debemos reforzar las  situaciones de descanso y aprender nuevas formas de relajarnos. Siendo el trabajador del área de la salud uno de los que más riesgo corre para acumular altos niveles de estrés (disestrés), con mayor razón debemos cuidar nuestra salud física y mental.

De forma usual las personas realizan ciertas rutinas de trabajo y de descanso para poder relajar el cuerpo y sentirse mejor anímicamente, logrando la vitalidad necesaria para el día siguiente. Veamos algunas recomendaciones básicas para evitar llegar al exceso de estrés (disestrés):

Comer de forma ordenada: a las mismas horas y de manera balanceada permite un equilibrio biológico y metabólico que se refleja en un buen funcionamiento orgánico.

  • Dormir suficiente: es importante dormir de noche y para quienes hacen turnos nocturnos es indispensable recuperar el sueño en las primeras doce horas. Se espera que en promedio en el adulto sano duerma de seis a ocho horas diarias. Pero, estos patrones o ritmos de sueño son individuales y hay quienes logran recuperarse con cinco horas y otros que necesitan dormir diez horas.

  • Realizar una rutina de ejercicio: la idea del ejercicio físico es lograr por medio del movimiento un equilibrio de los grados de tensión y relajación del cuerpo.

  • Hablar con alguien de confianza: cuando compartimos nuestras experiencias (positivas y negativas) con alguien sentimos que aliviamos la tensión que nos provocan en especial las situaciones de difícil manejo.

  • Realizar algo diferente: romper la rutina es una forma efectiva en que la persona logra distraer la mente de las preocupaciones y temores. Para que al retomarlas después podamos verlas desde un ángulo diferente  y encontrar soluciones distintas.

  • Hacer algo por los demás: lo gratificante de la experiencia de compartir hace que nos podamos sentir contentos con nosotros mismos lo que genera bienestar.

  • Use el sentido del humor: la risa es una forma de relajarse, de manera que en una situación de tensión acudir a una película humorística o a una comedia, hace que podamos sentirnos menos tensos.

  • Planear el manejo del tiempo: el día tiene sólo veinticuatro horas y en ellas debemos cumplir con todos nuestros papeles: empleados, estudiantes, madres o padres, amigos, hijos, etc.; además de dormir y descansar. Una buena distribución del tiempo es una de las claves para el bienestar personal.

  • Evitar automedicarse: tomar medicamentos auto formulados en personal del área de la salud es muy fácil por la accesibilidad a los mismos; sin embargo, es necesario que todo tipo de medicamento sea supervisado por el médico especialista correspondiente, para evitar abusos, adicciones y manejar adecuadamente las caciones que puedan surgir.

  • Aprender a identificar cuando se está cansado: se trata simplemente de reconocer los signos propios de cansancio físico y mental. Es aprender a escuchar el cuerpo y a entenderse uno mismo; uno para evitar errores de mala práctica y dos para evitar llegar a extremos en que la persona requiera incapacidad por exceso de estrés.

  • Consultar cuando esté enfermo: esto se relaciona con la automedicación pero más que todo porque hay una tendencia a minimizar los síntomas y a hacer caso omiso de las señales físicas, llegando a consultar tardíamente.

Tanto las situaciones estresantes como las reacciones de estrés son inherentes a la naturaleza humana y al estilo de vida propio de la modernidad, una forma realista y saludable de emplear el estrés es usarlo como motor que impulsa a la actividad y combinarlo con situaciones de relajación y descanso, evitando llegar a momentos en que el manejo de los problemas desborde nuestra capacidad de resolverlos.

Ahora bien, es necesario para lograr ese balance descrito (estrés-relajación) tener en cuenta que nos movemos por intereses y motivos que son individuales y propios de cada persona. Pero tras de esas motivaciones naturales hay una serie de creencias y valores que nos "obligan" a escoger entre las prioridades de la vida. Recordemos aquí que valoramos algo cuando nos esforzamos por conseguirlo y cuando adquiere máxima prioridad para su logro. De manera frecuente, solemos confundirnos y creer que es necesario llenarnos de tecnología, consumiendo todos los productos y servicios que están a disposición en el mercado. No compramos cosas para nuestro bienestar sino consumimos irracionalmente. No usamos los valores para asumir compromisos económicos sino nos desbordamos siendo víctimas pasivas del mercantilismo.

Veamos esto en un ejemplo. Una persona que valora tener carro último modelo y ello le implica una carga de trabajo y esfuerzo tal que no descanse ni tenga momentos de afectividad con su familia y su círculo social, es posible que logre actualizar el carro pero a un costo físico, mental, social y emocional muy alto.

Visto de otra forma podría tener un carro de un modelo más antiguo y disfrutar de mayor descanso y de mayor proximidad a su familia. Igual sucede con el resto de cosas que nos ofrecen y queremos tener. Las cosas nos que nos ofrecen y queremos tener. Las cosas nos brindan comodidad no felicidad. Los objetos materiales dan comodidad, más no sólo de ellas depende la calidad de vida. Los objetos pueden ser signo de prosperidad más no de madurez ni de crecimiento personal. De hecho cualquiera de nosotros vive mejor que cualquiera de los príncipes de la edad media, por lo menos desde el punto de vista material. Ningún señor feudal tenía línea telefónica ni servicio de acueducto. ¡Qué decir del internet! No creo que convenga confundir llenarse de objetos para tener el máximo de bienestar o para sentir una vida con calidad. La comodidad es buena pero no es lo único. ¿Qué se espera que signifique entonces tener una vida con calidad? Cuando hablamos de calidad de vida hablamos de buscar un equilibrio entre diversas áreas de la vida. De otra manera es buscar la realización de un proyecto propio de vida. Las áreas de la vida que se pueden tener en cuenta son la salud física y mental, el desarrollo intelectual, la espiritualidad, la recreación, la afectividad (vida de pareja, amistades y compañeros), la vida comunitaria y cívica. Combinarlas y ejecutarlas es un arte y requiere maestría. Por esto hablé arriba del manejo del tiempo, clave en el logro de nuestro bienestar.

A mi manera de ver este asunto, de cómo vivir mejor, una forma recomendable de lograrlo es tener objetivos claros en cada una de estas áreas y moverse a través de valores coherentes con nuestra forma de ser. La sumatoria de estos objetivos forma el plan o proyecto de vida sobre el cual nos movemos. Sino hay un plan de vida nos pasa como a Alicia en el País de las Maravillas: sino sabe para donde va cualquier rumbo es bueno. Para alguien será muy importante enfilar sus energías a tener gran cantidad de objetos y para otra persona predominarán los logros de orden intelectual, (prepararse, aprender, escribir). Lo importante es que haya una buena comunicación al interior de nosotros mismos para tener claro qué queremos (objetivos) y cuál es el camino escogido para andar. Sin olvidar que provenimos de una biografía única e inevitable (el pasado ya pasó) y que el presente es lo único que tenemos para trabajar por un futuro mejor. De manera, que esto se convierte en el impulso que nos lleva a levantarnos y trabajar en el día a día con armonía y satisfacción. De forma que con ésta mira las ansiedades propias de la vida laboral y personal se logran hacer llevaderas, evitamos acumular estrés y tensión y edificamos una vida con calidad.

Ana Millán Camargo, M.D.
Jefe de la Sección de Psiquiatría
Fundación Santa Fe de Bogotá
amillan@ cable.net.co

 

 

 
 

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