REVISTA DE ENFERMERÍA
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NUESTRO DEPARTAMENTO |
UNIDAD DE
ARRITMIAS Y ESTIMULACIÓN CARDÍACA.
INTERVENCIÓN DE ENFERMERÍA
Patricia Isabel Molina Ondotegui*
*Enfermera servicio de
electrofisiología
Fundación Santa Fe de Bogotá
arritmias@fsfb.org.co
S
e dice que la electrofisiología nace a partir del siglo XX cuando Willem Einthoven, catedrático de fisiología de la Universidad de Leinden, presentó su electrocardiógrafo de cuerda (1901).(1) Sin embargo, los estudios de la irritabilidad de los tejidos animales se remonta a la rana renoscópica de Galvani y tras la construcción en 1811 del primer galvanómetro, un instrumento capaz de detectar y medir la corriente, y su perfeccionamiento por Leopoldo Nobili (1784 –1835), fue posible probar la existencia de corriente eléctrica en los músculos de las ranas, aunque sólo tras los experimentos de Carlo Matteucci, Kolliker y Muller, se establece la existencia de dicha corriente.(2) Es de esta forma como el hombre, en busca del conocimiento, ha encontrado la manera de diagnosticar las anormalidades del impulso eléctrico ofreciendo la posibilidad de diversos tratamientos para las múltiples alteraciones eléctricas.
Figura
1. Willem Einthoven
Según Hoffman y Rossen los mecanismos de las arritmias pueden clasificarse en tres categorías:3,4
• Anormalidades en la formación del impulso, como en el ritmo de escape nodal en donde el impulso se origina en el nodo AV. (Figura 2)
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Figuras 2, 3, 4. Anormalidades en la formación y conducción del impulso.
• Anormalidades en la conducción del impulso, como en los bloqueos intracardíacos. (Figura 3)
• Combinación de los dos anteriores: la parasistolia que, aunque difícil de diagnosticar, se presenta cuando un marcapaso opera de forma simultánea e independiente con el ritmo de base, habitualmente sinusal. (Figura 4)
En resumen un mecanismo puede originar una arritmia y otro ser el responsable de su perpetuación.
Para obtener la causa de la arritmia es necesario una cuidadosa anamnesis y examen físico que permita la selección adecuada de los métodos diagnósticos y de exploración. La valoración de los pacientes con arritmias comienza en la consulta de electrofisiología y con estudios tan sencillos y no invasivos como el electrocardiograma (ECG) que ayuda en la identificación del ritmo de base del paciente, trastornos de la conducción y tipo de arritmia.
La electrocardiografía ambulatoria continua (Holter) o la intermitente (monitor de eventos). Con el Holter se obtiene la presencia o no de arritmias en un lapso de tiempo, entre 24 a 48 horas, o la presencia de fenómenos paroxísticos arrítmicos o la concordancia entre los síntomas del paciente y las modificaciones del ritmo, con la desventaja de los malos registros por técnica inadecuada o la periodicidad de la arritmia. El monitor de eventos, externo o implantado, resuelve esta última limitante especialmente cuando el fenómeno arrítmico es muy esporádico, gracias a que es llevado por el paciente por períodos prolongados de tiempo.(3,5)
El electrocardiograma de señal promediada es en la actualidad el método más común para determinar el riesgo de desarrollar arritmias ventriculares graves o muerte súbita. Para pacientes con sospecha de síncope vasodepresor o vasovagal, está indicada la prueba de mesa basculante la cual evalúa los mecanismos fisiológicos que intervienen en el control de la frecuencia y tensión arterial. De este mismo examen hace parte el masaje de seno carotídeo, con el cual se diagnostica la hipersensibilidad del seno carotídeo.
El estudio electrofisiológico (EEF) encabeza la lista de los métodos invasivos. Encamina la evaluación del mecanismo de las arritmias, pronóstico y tratamiento. Se realiza con el registro de la actividad cardiaca introduciendo electrocatéteres en las venas o arterias siendo la vena femoral la más utilizada. Mide los intervalos de conducción a través de la estimulación auricular y ventricular para evaluar la función de cada una de estas cavidades. Requiere anestesia local y sedación.(5)
El tratamiento de las diferentes arritmias va desde las maniobras vagales, pasando por la farmacoterapia hasta el implante de un marcapaso o cardiodesfibrilador, o la ablación con radiofrecuencia cuando se identifica un foco ectópico.