Acogiendo la feliz iniciativa de los colegas Ernesto Andrade Valderrama y Enrique Osorio Fonseca, un grupo de médicos no solamente de Bogotá sino de otras regiones, se reunieron el 19 de agosto de 1981 en el Club Médicoo para fundar la Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina.
Andrade Valderrama Ernesto; Bozon Erix; Carrillo Julio; Escobar Triana Jaime;
Forero Caballero Hernando; López López Armando; Lozano Guillermo;
Maldonado Romero Darío; Méndez Odilio; Mendoza-Vega Juan; Mora Rubio José;
Muñoz Laurentino; Núñez Olarte Enrique; Ordóñez Plaja Antonio
Osorio Fonseca Enrique; Pedraza Héctor; Paredes Manrique Raúl;
Pantoja César Augusto; Quevedo Emilio; Roselli Humberto;
Salazar Ricardo; Serpa Flórez Roberto; Sánchez Torres Fernando;
Socarrás José Francisco; Solano Pablo; Villamil Alvaro;
Presidente
Humberto Roselli Quijano
Vicepresidente
Ernesto Andrade Valderrama
Secretario
Enrique Osorio Fonseca
Tesorero
Emilio Quevedo Villegas
Apreciados colegas:
Creo que un viejo anhelo de muchos entre ustedes cristaliza hoy en esta reunión, de donde puede salir una sociedad encargada de aunar y coordinar los esfuerzos que en forma dispersa y a veces muy desconocida se vienen haciendo a nivel nacional y el interés que en las generaciones jóvenes se ha venido despertando por el conocimiento y divulgación de la historia de la Medicina.
Es indudable que en épocas pasadas fue objeto de interés y recuerdo que nuestra Facultad Nacional de Medicina tuvo la cátedra, y tuve la suerte de pertenecer a la última generación que la cursó escuchando a los catedráticos a cuyo cargo estuvo: Drs Francisco de Paula Barrera y Rafael Martínez Briceño. Vino después, pasada la Segunda Guerra Mundial, el ímpetu avasallador de la medicina técnica que desalojó poco a poco el humanismo de nuestra Medicina, estropeó, digámoslo así, nuestro perfil latino, y ese gran sujeto de la Medicina que es el hombre paulatinamente se convirtió en su objeto; y esta y otras disciplinas quedaron rezagadas y sólo esporádicamente brillantes exponentes de nuestra Medicina nos han dado cuanta de sus producciones, fruto de pacientes investigaciones, pero faltando realmente la entidad encargada de divulgarlos, y alrededor de ellos establecer la crítica y debates que relieven su importancia y estimulen su continuación. Sólo quiero mencionar algunos de los ya desaparecidos; entre ellos, primero, los que recopilaron todas las informaciones que sobre nuestra Medicina dejaron los cronistas de la Conquista y la Colonia y sus obras son básicas para toda investigación: Pedro María Ibáñez, Manuel Uribe Ángel, Emilio Robledo y Andrés Soriano Lleras. Otros que sacaron tiempo, dentro del trajín de su intensa actividad profesional para escribir y publicar sobre diversos aspectos de nuestra historia médica: Rafael Ucrós, Luis López de Mesa, Juan N. Corpas, Gil J. Gil, Jorge Bejarano, Jaime Jaramillo Arango y el más prolífico de todos, Alfonso Bonilla Naar. Perdonadme, seguramente se me escapan muchos nombres, pero de todos hacemos hoy cálida remembranza y rendimos un emocionado y sincero homenaje. También entre los que no escribieron, pero que demostraron gran interés por su divulgación, debo recordar a Rafael Casas Morales, quien desde el Decanato de la Facultad Nacional hizo posible la publicación de obras como la clásica de Pedro María Ibáñez entre otras, y dejó las bases para la creación de un Museo de Historia Médica cuyo rescate es una de nuestras primeras tareas.
Pero hoy, ¿qué es lo que ha sucedido? Después de observar en todo el orbe como el cientifísmo aislado no puede trascender en un avance importante y claro para la salud, se ha vuelto de nuevo los ojos hacia las ciencias afines y complementarias de la Medicina -ciencia social por excelencia-, como la antropología, la política y la economía, demostrando cómo el médico de hoy no puede entender su profesión sin comprender a fondo el medio que le rodea y la enfermedad como un problema social, y entonces al historia es fundamental; y no sólo para el recuerdo de nombres y fechas, sino en forma muy especial para estudiar los cambios sociales con el modo de enfermar y así entender al paciente de hoy y la manera de prevenir y tratar sus dolencias. Así la historia no es sino el prólogo del futuro y el faro para andar sin tropiezos hacia el mañana.
¿Cuáles serían los objetivos de nuestra sociedad? Básicamente propender porque en reuniones, foros, seminarios, se discutan todos los aspectos de nuestra Medicina, con el enfoque integral mencionado en forma abierta y sin restricciones de ningún tipo, aspecto que consideramos trascendental para mantener con vida la Sociedad.
Coordinar, buscando los patrocinios adecuados, la publicación del material que sobre la historia existe en el país, y la edición de un boletín que en forma periódica informe sobre las actividades y discusiones que se lleven a cabo.
A nivel de las escuelas de Medicina, debemos hacer conocer de todo el país, la labor que en cátedras, centros de estudios, conferencias, vienen realizando muy distinguidos profesionales como las que sabemos se realizan en Bogotá, Medellín, Manizales y Bucaramanga -hecho este que nos ha servido también de indicativo fiel de la necesidad de crear esta organización-, y solicitar a las directivas se oficialicen estos programas dentro de la modificación hoy imperante de los programas a la luz de las orientaciones arriba mencionadas.
Entrar en contacto con las sociedades afines de otros países, especialmente las hispano-parlantes, algunas de las cuales nos llevan envidiable ventaja.
ESTRATEGIAS:
Hoy debe acordarse el nombramiento de una Junta Directiva en la cual deben quedar representados los principales centros del país, ojalá aquellos en donde se viene laborando en forma callada y constante sobre estos temas. Puede quedar en Bogotá la Secretaría Ejecutiva que se encargue de la coordinación de todos los programas.
Hay que acordar el establecimiento de una cuota que permita iniciar prontamente todo este trabajo, y el nombramiento de una Comisión que a plazo fijo presente un proyecto de estatutos.
Finalmente, dedeo hacer un reconocimiento a los Laboratorios Undra a quienes debemos en el pasado el interés por nuestra Historia, publicando y divulgando trabajos de gran importancia y que hoy han querido hacerse presentes como anfitriones de esta histórica reunión. Con ellos contamos para los planes del futuro. También a la Revista de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, felizmente reiniciando una nueva etapa bajo la dirección de Gerardo Aristizábal quien nos ofrece sus páginas para la publicación de trabajos. Gracias también a su Decano aquí presente.
Y para terminar, me atrevería a solicitar dos cosas: Que sea escogido para la primera Presidencia de la Sociedad el médico que en concepto de ustedes, más se haya vinculado por sus publicaciones y dedicación a los temas de historia; y otra, con nombre propio, que hoy mismo y como primer acto de la Sociedad se acuerde proclamar al Dr Guillermo Hernández de Alba, no médico pero insigne historiador a quien tanto debemos sobre el conocimiento de nuestro pasado como el primer miembro honorario.