LA DIASPORA MEDICA Académico Francisco Kerdel Vegas
En su incorporación como Miembro Honorario de Academia Nacional de Medicina de Colombia Ex-Director Ejecutivo de FEPAFEM, Ex-Embajador de Venezuela ante la UNESCO El éxodo de médicos hacia otros países es tan viejo como
el mundo, y ese flujo y reflujo de los conocimientos de un país a otro que en
otros tiempos sólo se lograba con la movilización física de los facultativos, han
contribuido a difundir los conocimientos y a hacer de la medicina un arte y
ciencia universales. Como todo en la vida, el problema está en las magnitudes
de esas migraciones, pues como en muchas otras circunstancias se trata de la
"dosis" y, cuando excede un cierto número, cualquier compensación
posible a esta pérdida de un recurso humano tan valioso pierde sentido. Las
cifras consultadas establecen, que para el año de 1972 se encontraban fuera de
su país de origen más de 140.000 médicos, o sea un 6% de todos los médicos del
mundo. Es muy probable que esa cifra se haya incrementado considerablemente. En
1974 los médicos graduados en el extranjero eran ya la quinta parte de todos
los médicos de EUA. Formarse como médico es un proceso prolongado, costoso y
exigente por la dedicación y esfuerzos sostenidos que demanda por parte de
quienes aspiran a ejercer esa especie de sacerdocio, y arte, combinado con
ciencia y tecnología avanzadas. Se renuncia por vida a horarios fijos de
trabajo, días de asueto, noches de pausado e ininterrumpido sueño. Ponemos
nuestros conocimientos al servicio de la humanidad y buscamos siempre encontrar
los mecanismos sociales adecuados para que se reflejen en beneficio de todos,
sin la discriminación de los medios de fortuna de cada cual. Por la cuidadosa y exigente selección a que somos
sometidos para acceder a la escuela de medicina, dentro de una competitividad
cada año más difícil; por la complejidad y el alto costo de esa formación; por
su larga duración -superior a cualquier otra profesión liberal- y por las
exigencias en tiempo y esfuerzos de esa prolongada formación profesional que
obliga a atender enfermos en hospitales, a guardias diurnas y nocturnas que
como hemos dicho, no reconocen fines de semana, días feriados o los horarios
que rigen la vida de los demás seres humanos. El producto final, el médico, es
un ser humano "marcado" por su profesión por el resto de sus días,
disciplinado, adaptado a una metodología rigurosa en su trabajo, y tal vez más
sensibilizado a la vastedad de los conflictos sociales, por su contacto diario
con ellos, y que como es bien sabido son causa de muchos de los problemas de
salud que confronta la sociedad actual y que constituyen parte importante de
nuestro trabajo diario. Por la naturaleza misma de ese trabajo, especialmente en
el medio hospitalario, acosado siempre por las necesidades omnipresentes de
gente humilde, pobre, abandonada a su suerte de ignorancia y miseria, el médico
está en contacto diario con las injusticias económicas, culturales y sociales
que acosan en nuestro medio a la gran mayoría de nuestros conciudadanos. Por lo
tanto, quiéralo o no, está más permanentemente sensibilizado a esas
necesidades, que otros profesionales -quienes, por la naturaleza misma de su
trabajo, pueden pasar por alto y hasta olvidar (aunque sae temporalmente), esas
situaciones de conocida inequidad-. No es secreto alguno saber que una parte
importante de esas enfermedades y sufrimientos derivan de las condiciones
económicas de gran privación en que vive esa población, y nada es más frustante
para el médico que saber que en la mayor parte de los casos la solución real a
dicha problemática se escapa de sus manos. Por ello no tiene nada de
extraordinario observar la vocación política de nuestra profesión en los países
en vías de desarrollo de todo el mundo, muy significativa y frecuente en
nuestra América Latina. Es natural el que, enterados por la naturaleza de
nuestro trabajo de las injusticias sociales
en que vivimos inmersos, intentemos participar activamente en las formas
y maneras de resolverlas. El costo de formar un médico -al salir de la escuela de
medicina, vale decir sin tener todavía una especialización- varía
considerablemente y ha sido estimado recientemente en los Estados Unidos que
llega a la astronómica suma de US$800.000; y desde luego no sólo varía con cada
país, e incluso con las diferentes universidades y ciudades de un determinado
país, sino que aumenta cada año; pero para los fines de este trabajo es
suficiente recordar esta elevada cifra la cual quiere decir que para los
Estados Unidos un médico recién graduado tiene ese "valor de
mercado". Cada médico latinoamericano que deja su país y se radica
en los Estados Unidos para trabajar allí ejerciendo la medicina, podría
contabilizarse como una pérdida estimada de US$ 800.000 para el país
"donante" y una ganancia del mismo orden para el país
"recipiente". Es lo que los anglosajones han bautizado con el nombre
de "brain-drain", o sea drenaje de cerebros, pérdida de materia gris
capacitada que podría contribuir al desarrollo y mejoramiento de nuestras
sociedades y que estamos entregando como recurso humano ya formado a países con
menores necesidades que los nuestros. Un sencillo ejercicio de simples
matemáticas, multiplicando el número de médicos fuera de su país de origen por
el costo de su formación, demostrará muy a las claras que el balance nos es
sumamente desfavorable, aún cuando le sustrajéramos las ayudas materiales que
de aquellos países podemos recibir por diversos conceptos. He estado directamente involucrado en diversos esquemas
de formación de recursos humanos en el exterior y tal vez por ello me he podido
enterar no sólo del aspecto positivo que tienen, sino también de las
posibilidades que merced a ellos se establecen para tentar a muchos de estos
profesionales jóvenes de nuestros países a permanecer en el extranjero, una vez
conocido el medio, aprendida la lengua extranjera y en la capacidad de comparar
sus posibles logros potenciales en el país de origen y él de residencia y adopción. Existen dos reacciones antagónicas de la opinión pública
frente a este fenómeno, por una parte por quienes ven en ello un efecto
irreparable y negativo, tanto desde el punto de vista material como del moral,
y por la otra, por quienes aceptamos esa realidad y tratamos de buscar los
aspectos positivos que son poco observables a primera vista, y tratar de
sacarles partido de alguna manera. Se dice contínuamente que el mundo se está globalizando y
se entiende por ello una universalización de criterios, valores y actitudes
frente a los más diversos problemas, y es verdad en cierta forma que no nos
escapamos a está tendencia, aún en los países más pobres, cuando de las élites
se trata. Para los médicos esto no es nada nuevo: las ciencias en general y la
medicina en particular, siempre han progresado al unísono, y ningún
descubrimiento o innovación importante permanecerá oculto y aprovechado tan
sólo por un determinado país por mucho tiempo. El problema no es el de la
adecuada difusión de la información -siempre ha existido y ahora es casi
instantánea-, sino del elevado costo que ha alcanzado su utilización, debido a
las complejas tecnologías en uso en la medicina curativa y preventiva de
nuestros días. Aquellos colegas motivados por la investigación y la docencia
van a sentirse siempre tentados a trabajar en medios afluentes, donde les
proporcionen los medios de trabajo adecuados para poder progresar en su trabajo
de búsqueda de explicaciones y curiosidad frente a los fenómenos complejos del
mundo natural. Se trata muchas veces de difíciles decisiones en que
están en juego valores morales y materiales, y donde lamentablemente muchas
veces es necesario renunciar a ventajas determinadas para obtener otras, que en
nuestro juicio cuentan más en ese complejo juego de opciones que nos tenemos
que plantear en ciertos momentos de la vida. Muchas veces nos hacemos la
ilusión de que son decisiones temporales, reversibles, que durarán un tiempo
limitado, y como la experiencia nos enseña a la saciedad, esa ilusión es poco
probable, ya que "no hay nada más permanente que una decisión
temporal". Sea cual fuere la razón que motiva a un médico que ha
nacido, se ha educado en su país de origen y sale de ese medio a especializarse
en el exterior y resuelve luego quedarse allí, escapa por completo a la
naturaleza de estos comentarios. Estamos en presencia de un fenómeno real, que
obedece a muchas causas, pero sin duda, las más evidentes -al menos en Colombia
y Venezuela en la actualidad- son fundamentalmente de naturaleza económica. Aparte
de aceptar estas realidades la profesión médica per se puede hacer muy poco
para cambiar estos desequilibrios crónicos, con sus episodios agudos, que
agravan periódicamente esta situación. Aceptada esta realidad,
con todas sus consecuencias negativas, ¿de qué manera podemos
aprovecharnos de esa materia gris médica residente en el extranjero, exiliada
en países donde tienen evidentemente más oportunidades de desarrollar sus
aptitudes y creatividad? No podía dejar pasar esta oportunidad que ustedes tan
gentilmente me han brindado para manifestarles algunas ideas que he venido
madurando progresivamente, y que con toda humildad y respeto someto a la
consideración de los distinguidos colegas académicos aquí presentes, con la
esperanza de que se estudien, se debatan ampliamente y den lugar luego a
posibles acciones concretas. Quiero hablarles esta tarde de una experiencia
recientemente vivida por mí en la Delegación de Venezuela ante la UNESCO, donde
me ha tocado establecer e impulsar un programa denominado "Talento
Venezolano en el Exterior" con el acrónimo de TALVEN, mediante el cual
invitamos por un lapso mínimo de una semana a distinguidos profesionales
venezolanos a visitarnos y se les organiza un programa intensivo "hecho a
la medida", para que puedan difundir sus conocimientos, experiencias e
ideario, tanto a sus colegas, como a los estudiantes y personas interesadas en
general. Colombia es un país que por más de una década se ha ocupado de este
problema y tiene "censados" a miles de científicos e ingenieros
colombianos residenciados en el extranjero, mediante el Programa CALDAS,
lanzado por COLCIENCIAS. TALVEN se inicia apenas hace tres años y pone a
funcionar un banco de datos que ya llega a los mil expertos, de los cuales
hemos invitado a visitar a Venezuela -con gran éxito- a 132 de ellos, y pensé
que sería interesante para la Academia Nacional de Medicina de Colombia conocer
esta experiencia, ya que las soluciones que propone pueden aplicarse con
especial propiedad a la profesión médica. Algunas observaciones derivadas de la experiencia
adquirida con el programa TALVEN: . Por parte de los "expertos", una gran disposición
y entusiasmo a participar en el mismo. Lo atribuimos no solamente a esa
sensación de gratitud y solidaridad con el sitio de nuestro origen, es decir,
que nos educó al inicio de nuestra vida profesional, donde tenemos enraizados
los vínculos determinantes de la familia, donde hemos tomado el contacto
inicial con la lengua y la cultura materna, sino también con algo que ya mencionábamos
al iniciar esta disertación, que es el valor de lo que significa el
reconocimiento, que en este caso no viene
de nuestros pares, sino del país de donde provenimos. Este
reconocimiento a aquello que somos, a cómo somo percibidos por la sociedad (en
la que nos toca actuar - en este caso en el extranjero-, que nos ha distinguido
con sucesivas promociones y donde hemos quizá alcanzado un nivel destacado),
sino -y ello produce gran estímulo y motivación- por el país donde nacimos, nos
criamos y nos educamos. Este reconocimiento que es lo primero que pone en
evidencia el programa TALVEN, es avalado por el organismo internacional de la
educación, la ciencia y la cultura, la UNESCO, y por lo tanto adquiere un significado internacional de gran valor
para quienes son así distinguidos. Hasta ahora todos los expertos potenciales
se han mostrado no sólo dispuestos a colaborar sino que han manifestado gran
entusiasmo para cumplir con todos los objetivos del programa. . Por parte del país de origen, una gran avidez por los
conocimientos de los expertos, o lo que podríamos calificar de "hambre y
sed de conocimientos" por parte de los interesados en Venezuela, es decir
de los colegas, estudiantes y público en general por los conocimientos y
experiencia del "experto" residente en el extranjero. Ese interés por
beneficiarse de la experticia de un compatriota que ha tenido oportunidades y
vivencias disímiles. La tesis fundamental que deseo presentarles y someter a
su consideración es la convivencia -no vacilaría en llamarla necesidad- de
utilizar ese talento médico residente en el extranjero, en las formas
expeditas, inteligentes y económicas, que ahora nos permiten las actuales
tecnologías de la comunicación electrónica. Por una parte ya estos médicos colombianos -al menos en
los EUA- están agrupados y llevan a cabo actividades educativas y científicas
en estrecha colaboración, lo que hace fácil contactarlos y proponerles nuevas
actividades de transferencia de conocimientos y experiencias con sus colegas de
Colombia (Red Caldas). La telemedicina, con todas sus vastas y prometedoras
posibilidades, indiscutiblemente constituye la herramienta especialmente bien
adaptada a ese uso de movilizar conocimientos y experticias médicas de un lugar
a otro, no importa cuan distantes estén, y podría representar el instrumento
adecuado para utilizar idóneamente ese talento emigrado al exterior. Me pregunto igualmente si ese experimento docente que
propongo, con la participación activa de los médicos que trabajan en la
enseñanza y en la investigación en países avanzados, podría ser lanzado por
instituciones como las Academias Nacionales de Medicina. El prestigio que por su trayectoria, formación y
antecedentes tienen en nuestros países las Academias Nacionales de Medicina son
la mejor garantía de que si un proyecto de esta naturaleza es
"adoptado" formal y entusiastamente por nuestras ilustres
corporaciones, podrían vincular en forma exitosa, coherente y continua, los
conocimientos y experticias científicas y tecnológicas de nuestros colegas
residenciados más allá de nuestras fronteras, con los equivalentes de los
médicos que viven y ejercen su profesión dentro de nuestros territorios
geográficos, pues sin duda también los tenemos, y de esta polinización cruzada
saldrían ideas innovadoras y creativas. Así podremos contribuir de manera
pragmática a demostrar una vez más el paradigma de la difusión de los
conocimientos científicos y muy especialmente los médicos, que no reconocen
frontera alguna, cuando se trata de extender sus beneficios a cualquier ser
humano, sin distingo de razas, credos o posición económica, y ahora -con toda
posibilidad- sin importar donde se encuentren tanto el médico como el paciente. Al adoptar, promover, e impulsar la telemedicina,
haciendo posible la vinculación efectiva de los médicos residenciados dentro y
fuera de cada país, las Academias Nacionales de Medicina no habrán hecho otra
cosa que adaptarse al signo de los tiempos y demostrar fehacientemente que
siguen teniendo la importancia y la vigencia que les atribuyeron sus fundadores
hace ya casi un siglo. En forma muy sincera, con toda la ingenuidad que mi edad
me permite, les puedo decir estimados colegas y amigos, que mi
"pasantía" como Representante de Venezuela en la UNESCO durante casi
un lustro, me ha confirmado lo que ya sabía desde hace mucho tiempo, que es
necesario soñar, y que el progreso continuo en que se mueve el mundo pertenece
a los optimistas, porque como dijo David Landes, ¿qué otro consuelo les queda a
los pesimistas que saber que algunas veces han tenido la razón? Los optimistas
evidentemente nos equivocamos muchas veces, pero este mundo en que hoy en día
vivimos, muy superior y mucho más justo que aquel que conocieron nuestros
predecesores, es el resultado de las ideas y acciones de soñadores optimistas,
que siempre han sido los hombres y mujeres que han cambiado la faz del mundo. Nada me complacería más que tener el compromiso colectivo
de todos ustedes, colegas académicos, de estudiar esta proposición que les hago
en una ocasión tan especial como esta, para determinar si este es el camino
apropiado, y así tratar de incorporar a más de tres mil médicos colombianos, de
manera efectiva a la docencia, a la investigación y a un mecanismo virtual de
consulta y diálogo con sus colegas residenciados en vuestro territorio,. Conociendo, como conozco, las actividades, dinamismo y
logros concretos de vuestro Presidente, no abrigo dudas de que si tal fuese la
voluntad colectiva de vuestra institución encontrará las formas y maneras, y
sobre todo los medios, para convertir este sueño en realidad. Colombia una vez más podrá señalar un camino y dar un
ejemplo a nuestra comunidad de naciones hermanas.
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Gaillard, Anne Marie: Fuite des cervaux, retours et diasporas. Futuribles,
Número 228, Febrero 1998. 2. Kerdel Vegas, Francisco. Diáspora
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Requena, Jaime: Becas a perpetuidad en Oxbridge. IESALC/UNESCO, Carcas, 1999
(en prensa). 4. Landes, David S: The Wealth and Poverty of
Nations. New York, 1998. 5. Mayorga, Román: Cerrando
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