ACADEMIA DE  MEDICINA

Editorial

Colegaje: Hermandad, Cofradia o Encubrimiento

Académico Zoilo Cuéllar-Montoya

(“La ternura administrada con firmeza, la condescendencia con autoridad,

es uno de los deberes primordiales del ejercicio médico”.

Sir Thomas Percival, 1803)

Por provenir el desafiante título de esta Conferencia de un selecto grupo de colegas de Cali

he resuelto aceptar esta invitación y medírmele a la difícil tarea de desenredar ante ustedes, a quienes admiro y aprecio, estos tres términos, ya de por sí sarcásticos y que, al solo enunciarse, podrían ser tomados por los zafios como un insulto o una provocación. Pero estamos en 2006 y ya los médicos colombianos parecemos estar inmunes a todos los calificativos con que se trata de disminuírnos o desprofesionalizarnos. Por acción de las burocracias económicas que rigen hoy en Colombia y el mundo ya no somos médicos sino “proveedores o dispensadores de salud” y no tenemos pacientes sino “clientes o usuarios”. Por eso resulta  inocuo el que se nos trate de agrupar como hermanos, cofrades o encubridores, bien sea en grupos, asociaciones o tendencias individuales o, como en el Alcalde de Zalamea, “todos a una, Señor”. La pregunta, disimulada en la encuesta del título, se sigue basando en el interrogante del siglo de oro: ¿Quién mató al Comendador? Y la tarea, inmerecidamente colocada en la fuente ovejúnica boca de este servidor de ustedes, es tratar de responder: ¿Por qué lo hacemos?

 

Por eso agradezco que se me haya designado para hablar hoy sin tener otro mérito que una larga vida profesional dedicada a la reflexión, ya sea historiando o escribiendo sobre diversos temas, dirigiendo revistas o publicaciones o estudiando derecho penal junto a ética médica y bioética para poder dirimir los complejos casos que nos llegan al Tribunal Nacional como último recurso de apelación. Ya que además, en mis 10 años como Presidente de la Sociedad Colombiana de

Historia de la Medicina, he tenido buenos filones para entresacar ejemplos y ver si un día podrían aplicarse a la orientación o al comportamiento de las nuevas generaciones. Creo que con ello puedo contribuir con mi grano de arena a los objetivos de este Seminario. Para efectos de las hermandades o cofradías, tendríamos que dividir la historia médica del mundo en varias etapas:

 

a. Una, que va de los chinos, los asirios y los egipcios, los griegos y los romanos hasta la Edad Media, en que los médicos, o eran sacerdotes y formaban gremios opulentos destinados a cuidar y a pronosticar las aflicciones de las seudo-divinidades reinantes y sus cortes, o eran esclavos al servicio de los más pudientes, arriesgando la mutilación o la ejecución por sus desaciertos. Como protección contra éstas nacen quizás los primeros intentos de cofradización o de hermandad que, por puro blindaje ante la agresión, llevan como componente intrínseco cierto encubrimiento. En Asiria y Babilonia (1) el ejercicio de la medicina fue confiado a una casta de profesionales, según algunos sellos de médicos que se han conservado. El cirujano, generalmente un esclavo, era considerado como perteneciente a una casta inferior a la del médico y dependiente de él. Todos sabemos que el código de Hammurabi, escrito en cuneiforme hace 4000 años, establece el primer y más severo código deontológico (hoy se llamaría de sanciones a la “mala práctica”), que hace pagar los errores del médico con severos  castigos. Pero ya desde entonces establece la diferencia de clases en el mismo gremio, no solo por jerarquía1 sino también2 en términos salariales.

 


 

* Magistrado del Tribunal Nacional de Ética Médica. Conferencia pronunciada en el Simposio de Ética Médica y Bioética, Centro Médico Ibanaco, Cali, Septiembre 1, 2006.

 

 

 

 

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