Tuve el privilegio de discutir con él estas notas durante algunos años al final de su vida y, a través de esas reuniones, recibir copia de los originales de sus trabajos publicados, que guardo con afecto y devoción.
Por esa misma época de residencia en el Hospital de San José, nuestro aprendizaje quirúrgico se vio enriquecido por las enseñanzas humanas, técnicas y científicas del profesor Antonio Ramírez Sánchez.
En su artículo presentado en la Convención Nacional de Gastroenterología en Ibagué en 1968 sobre el drenaje transhepático del colédoco, decía como conclusión: “Después de emplear el drenaje transhepático encontramos que este método tiene ciertas ventajas sobre el tubo en T... En las plastias o reconstrucciones de vías biliares o en la anastomosis biliodigestivas se puede dejar como soporte de la plastia... además puede intercambiarse”.
La reconstrucción de la vía biliar era tema apasionante que se manejaba con pulcritud científica y técnica y tal vez desde entonces nuestra afición por ese campo de la cirugía, en el cual hemos desarrollado alguna experiencia.
Otra de las grandes contribuciones de los profesores Negret y Ramírez en conjunto con el profesor Francisco Cavanzo, patólogo, fue la descripción de esa zona que parecía, para el profesor Anzola y su grupo, ser embriológicamente diferente de la musculatura duodenal y que una década después era claramente definida como independiente: el confluente bilio-pancreático, asiento de toda la explicación fisiopatológica de la obstrucción biliar como causa etiológica de la pancreatitis, lo cual justificaba ampliamente la práctica de la esfinterotomía quirúrgica en su momento y de la endoscopia actual.
La atresia de la vía biliar impide, por ejemplo, que la bilis llegue al intestino ocasionando graves problemas hepáticos; la atresia es un proceso inflamatorio progresivo que empieza casi inmediatamente después del nacimiento y que afecta la vía biliar extrahepática estrechándola o desapareciéndola de forma tal que impide que la bilis, importante factor de digestión para los lípidos, pueda llegar al duodeno causando un enorme deterioro de las células hepáticas hasta producir cirrosis.
La atresia de la vía biliar era una condición fatal hasta antes del trabajo pionero del profesor Morio Kasai en el Hospital Universitario de Tohuku en Sendai, Japón, entre los años 1950 y 1960 para desarrollar la operación que lleva su nombre, en un intento por permitir a pequeños canalículos biliares intrahepáticos la entrega de bilis al intestino, técnica que fue posteriormente modificada por el profesor Keijiro Suruga en el Hospital de la Universidad de Juntendo en Tokio, a finales de los años sesenta.
En el año de 1972 a raíz del V Congreso Latinoamericano de Cirugía Pediátrica y I Colombiano,celebrado en Bogotá, tuvimos el honor de conocer al profesor Suruga y posteriormente, de viajar a su servicio en dos ocasiones: en 1973 como estudiante de medicina y en 1978 como parte de nuestro entrenamiento en cirugía general.
La cirugía hepatobiliar ha tenido su más grande avance con el advenimiento del trasplante hepático. La experimentación animal tuvo lugar entre 1950 y 1960 pero el trasplante hepático en humanos sólo vino a hacerse, aunque sin éxito, en 1963. Thomas Starzi en 1967 realizó el primer trasplante exitoso de hígado.
Tempranamente en los años 70’s Starzi vivió en Lima, refugiado de problemas sentimentales, y allí realizó el primer trasplante hepático en América Latina, ayudado por su amigo el cirujano y también Almirante Raúl Romero Torres. El profesor Starzi plasmó en su libro “The Puzzle People” una de las más interesantes aproximaciones a lo que está haciendo la cirugía de trasplante en el siglo XXI, además de sus memorias.
Posteriormente Sir Roy Calne, en Inglaterra, describió la Ciclosporina, de lejos el mayor advenimiento terapéutico que coadyuvó al desarrollo masivo de los trasplantes en el mundo. Sir Roy Calne realizó en 1968 el primer trasplante hepático en Europa, tan sólo unos meses después del primero realizado por Strazi.
Además de haber desarrollado uno de los centros de trasplante más exitosos en Cambridge, de haber realizado el primer trasplante de corazón, pulmón e hígado, varios múltiples y el de intestino delgado, Sir Roy Calne es un pintor de extraordinarias cualidades.
En 1984 viajamos al Reino Unido para capacitarnos en trasplante hepático en la Universidad de Birmingham, en el Hospital Queen Elizabeth con el profesor McMaster, impulsados por esa actitud visionaria que suele desplegar el profesor José Félix Patiño.
Birmingham es el centro activo de trasplante mayor en Europa y uno de los más experimentados en cirugía hepatobiliar. Las enseñanzas del profesor McMaster en ambos campos han sido invaluables en el desarrollo de nuestras propias experiencias. No solamente nos ha acompañado en cuatro oportunidades en el país, sino que todos los miembros de nuestro equipo multidisciplinario han sido entrenados en lo que hasta hace unas semanas fuera su capital, pues tempranamente, pienso yo, optó por el retiro a la edad de 60 años. Paul McMaster procedía del grupo de Calne en Cambridge, cuando abrió el programa de hígado en Brimingham en 1984; dos años después hacíamos parte del primer grupo de extranjeros en capacitarse con él y ciertamente yo tuve el placer de ser el primer latinoamericano de ese grupo. Fuimos parte de los primeros 200 trasplantes en el Queen Elizabeth Hospital; hoy en día se han realizado más de 2500 trasplantes de hígado.
A nuestro regreso y bajo la dirección del profesor José Félix Patiño como Jefe del Departamento de Cirugía del Hospital Universitario de la Fundación Santa Fe de Bogotá, el 2 de junio de 1989 realizamos el primer trasplante de hígado en la historia de Bogotá y posteriormente el primer trasplante hepático en la historia de Latinoamérica en un niño de 6 kilogramos y 6 meses de edad además de ser la primera reducción anatómica del órgano.
El privilegio de trabajar desde entonces al lado del profesor Patiño ha sido inmenso; gracias a su impulso se desarrolló el primer servicio de cirugía hepatobiliar multidisciplinario que como tal haya existido y en el cual se han producido algunas importantes contribuciones para la cirugía hepatobiliar en nuestro medio.
En 1990 practicamos la primera litotricia ultrasónica a través de una fístula artificialmente creada desde la vesícula enferma con colelitiasis, de la cual se extrajeron innumerables cálculos y residuos para posteriormente hacer una esclerosis química con alcohol después de haber obturado el cístico con un espiral metálico, en un paciente de altísimo riesgo quirúrgico.
En 1991 iniciamos el análisis de casos de colecistectomías practicadas en pacientes asintomáticos, cuyo informe preliminar fue presentado en diciembre de 1993 a la Sociedad Argentina de Gastroenterología, en la Conferencia Marcelo Roger, máximo honor que dicha sociedad otorga y que le fue adjudicado ese año al profesor Patiño, a quien tuve el honor de representar.
Marcelo Roger había nacido en Santiago, Argentina en 1896, primero fue agrónomo y después médico, desarrolló enormemente la gastroscopia e ideó la colangiografía laparoscópica. Se le considera el padre de la gastroenterología Argentina; murió el 16 de abril de 1981. Su libro sobre la patología de las vías biliares es todo un compendio sobre el tema.
Muchos colombianos ilustres, como el profesor y académico Jorge Segura Vargas, pasaron por su servicio. El trabajo definitivo sobre la colelitiasis asintomática, fue publicado finalmente en 1998 y en él recomendábamos la colecistectomía laparoscópica para pacientes asintomáticos, como lo hacemos ahora cuando presentan riesgos elevados.
Durante nuestro paso por el Reino Unido habíamos manejado pacientes con estenosis benigna de la vía biliar a través de una técnica poco conocida en nuestro medio, que consistía en resecar la estenosis hasta donde hubiese canales biliares viables y expeditos y practicar una hepático-yeyunostomía en Y de Roux con asa subcutánea marcada con clips metálicos y adosada a la pared abdominal, para ser utilizada en futuras intervenciones no operatorias en la prevención o manejo de la re-estenosis. La técnica fue ideada por Chen.
Recordar la experiencia japonesa en el manejo de la atresia de la vía biliar, los grandes aportes quirúrgicos de Kasai y Suruga previamente comentados, la racionalidad de la técnica, la utilización por Chen de esos mismos recursos y sobre todo lo inteligente de su diseño evitando la más horrible de las pesadillas en las lesiones iatrogénicas de la vía biliar, cual es la reoperación y sus consecuencias, fue muy entusiasmante. Para 1984, Chen había publicado sus 22 años de experiencia en el diagnóstico y tratamiento de la litiasis intrahepática, tan común en la China, con la cual y desde 1973, 12 pacientes habían sido manejados con la misma técnica.
Con el apoyo del profesor Patiño y desde nuestra vinculación a su departamento, comenzamos la práctica de esa técnica para el manejo de pacientes remitidos a nosotros con estrecheces benignas de la vía biliar. En 1991 informamos los primeros 20 casos en el Word Journal of Surgery. 9 años después publicamos en el Word Journal of Surgery el análisis de 65 casos intervenidos desde 1988 y hasta 1999 y seguidos por un período mayor de 5 años. Hoy día ese grupo está compuesto por 75 pacientes. Sólo 6 re-estenosis se han presentado en la serie global y ninguna de ellas ha requerido reoperación: todas se han manejado con intervencionismo radiológico a través del asa de Chen. Ninguna de las intervenciones han tenido tubos de soporte transanastomóticos.
La operación de Chen fue descrita muchos años antes que Barker la publicara en inglés o que Hutson hiciera lo propio. Quizás fuimos los primeros en darle tal nombre en una publicación internacional en el primero de los dos artículos mencionados, en el cual el profesor Leslie Blumgart fue el comentarista invitado, quien en su momento escribió: “es muy difícil denominar este procedimiento como de Chen. Otros muy notables como Russell, Gibson y Barker informaron la técnica antes que Chen lo hiciera en una publicación”. La publicación de Russell fue en el año de 1986, la de Gibson en 1987 y la de Barker en 1984. Chen había hecho la de él en 1984 pero citando 22 años de experiencia que incluye la de 1973 con los dos casos manejados con esta técnica. Injusticias de la medicina. Al enviarle una copia de nuestro artículo inicial nos agradeció el haberle reconocido su aporte.
16 años han pasado desde que entramos al Departamento Quirúrgico del profesor José Félix Patiño en el Hospital Universitario de la Fundación Santa Fe de Bogotá. Muchas otras innumerables cosas ha producido él en su prolífica vida; tan sólo he querido mencionar algunas de las que tienen que ver con el desarrollo de la cirugía hepatobiliar.
No hemos descuidado un sólo instante la preparación del talento humano, que recoja lo sembrado por tantos otros que nos antecedieron y por nosotros mismos. Guardamos la esperanza de que ellos también vengan a enriquecer este mosaico de maestros que han enaltecido la cirugía colombiana y desarrollado, entre otras, la cirugía hepatobiliar.