REVISTA ACADEMIA DE MEDICINA

 

 

 

Ucrós Cuellar (26), al referirse al bocio en Colombia dice ".... El Papa Paulo III, en 1534, dio una bula a los misioneros de Bolivia y Perú para que trataran a los cretinos como seres humanos y a quienes se debía evangelizar...". 

 

En 1969, Eduardo Pretell, al hablar del bocio en el Perú, igualmente hace referencia a la situación de la deficiencia mental andina y a la bula papal al indicar que ".. La existencia del bocio endémico durante la dominación inca fue descrita por Lastres ... la enfermedad fue claramente definida durante el periodo colonial ..., cuando la bula papal emitida por Pablo III ordenó a los misioneros que consideraran a los nativos bociosos y a los cretinos como seres con una alma y dignos de ser convertidos al cristianismo...". 

 

Estos criterios y el contenido de la bula papal han sido objeto de muchas discusiones y controversias, dejando en claro el escenario en el cual se desarrollaban las actividades y relaciones existentes entre conquistadores y conquistados, la expresión de sus derechos y oportunidades y el profundo abismo que existía entre las clases de esa época. Fierro Benítez (17), concluye diciendo: "Se trata de una auténtica leyenda negra". 

 

A mediados del siglo XVIII, Cosme Bueno (27), al referirse a varios aspectos de algunas provincias de Bolivia y Perú, manifiesta: "Especialmente en el distrito de los curatos de Moxotoro y Huanipaya, los más de los que allí habitan son considerados como contrahechos, gibados, tartamudos, de ojos torcidos y con unos disformes tumores en la garganta, que aquí llaman cotos; y otras semejantes deformidades en el cuerpo y sus correspondientes en al Ê ánimo". 

 

En 1771, el Padre José Sánchez Salvador (28), al tratar de Salta y Jujuy en el norte argentino, dice: "se ven muchas personas con papadas disformes, que acáÊ llaman cotos, que las vuelven estúpidas, y como se explica en estos países, opas (tonto, mudo, idiota)". Antonio de Alcedo y Bejarano (29), a finales del siglo XVIII, al describir el bocio, anota: "tumor grande que nace en la garganta y es enfermedad endémica en algunos pueblos. Y así en todos los pueblos que hay en las orillas del río Gualí en el Reino de Nueva Granada, son comunìsimos". 

 

Rodrigo Fierro, en sus trabajos investigativos, descubre una figura de madera policromada, que data de finales del siglo XVIII, parte de un "nacimiento" tallado en madera y que, como curiosidad, presenta un bocio claramente visible y que, justamente ha recibido el nombre de "coto".

 

Por otro lado, múltiples referencias hablan de los aspectos curativos para este mal andino. José María Troya (30) relata algunos consejos con la utilización de varias alternativas primitivas para la cura del mal. En su obra "Vocabulario de Medicina Doméstica" habla de la utilización de un "emplasto de sapos verdes recién sacrificados" que sería una cura radical para la enfermedad. 

 

Asimismo hace evidente que "la utilización de la saliva, colocada mediante frotación en el coto, es una medicina efectiva para disolver los cotos y lobanillos". Esta práctica se la conocía no solamente en el Ecuador sino también en varias áreas del Perú, de acuerdo a los escritos de Valdizán (31). Adicionalmente, desde tiempos muy antiguos se conocía el beneficio que para la prevención y curación del coto tenían algunas variedades de sal "gema" o de "minas". Este elemento se hallaba muy extendido en algunas áreas interandinas, particularmente en las provincias de Imbabura, Carchi y Pichincha. Hasta el momento, es conocido el uso de la sal de Tomabela, Mira, Salinas de Ibarra, Salinas de Bolívar, hecho confirmado por los análisis realizados y que demuestran su alto contenido de yodo. De acuerdo a los escritos de Oviedo y Valdés en 1535, de Cieza de León en 1534, de Paz Ponce de León en 1582 así como de otros escritores de la época, el consumo de sal, especialmente de los yacimientos de Mira, Salinas, Tomabela y Zamora, ayudó en forma efectiva a controlar el mal en muchas poblaciones del altiplano.

 

El periodo colonial trae como una de sus consecuencias, un cambio en el panorama geopolítico del bocio en América. Es indudable que la conquista española ejerce un impacto de enorme magnitud en las comunidades nativas: destruye los sistemas existentes e impone los suyos propios. Anula la voluntad y autonomía de los imperios y construye un nuevo sistema colonial, ajustado a sus apetencias y necesidades. Crea nuevas castas y subyuga a las estructuras nativas. 

 

En fin, se pierde la autenticidad de los pueblos y se la sustituye por culturas foráneas, desconocidas para las comunidades y a las cuales, por propia culpa del destino serán sometidas. Y estos cambios dan sus frutos. Según Luis León, la existencia del bocio en la península Ibérica, haría suponer que los conquistadores fueron los portadores de esta enfermedad y que, al radicarse en el altiplano contribuyeron de alguna manera en el desarrollo y prevalencia de esta patología. 

 

Se ha manifestado que, con la ausencia de medidas de control y con la desaparición de ciertas costumbres nativas, la enfermedad tomó cuerpo y gravedad. Evidencia de esta situación es que, solamente al final del período colonial se encuentran referencias sobre la endemia. Francisco de Caldas (32) fue el primero en referir la presencia de "cotosos" en algunas zonas del centro del Ecuador. Importante observación fue la descripción de un gran número de habitantes que presentaban, además del bocio, alteraciones del lenguaje y del comportamiento neurológico. Reseña la frecuencia de "insensatos, estúpidos y mudos", atribuyendo esta situación al uso de aguas de bebida provenientes de las laderas volcánicas y ya reitera el concepto de que, la utilización de sal de Salinas de Imbabura contribuye a la prevención de la enfermedad. 

 

Caldas, gran conocedor de muchas áreas americanas, hace la siguiente observación: "Los hombres que viven en las faldas del Corazón, tienen coto, y abundan allí los insensatos, los estúpidos y los mudos". Igualmente señala, al referirse a zonas colombianas: el coto, la más terrible de las enfermedades que, atacando la garganta, ataca también al cerebro y las potencias, cuyos efectos destructores llegan hasta los productos de la generación, que hace que el padre no se reproduce sino en un estúpido o un insensato; esta espantosa enfermedad se ha propagado maravillosamente en el Reino".

 

Posteriormente, en 1802, Alejandro von Humboldt (33), hace importantes aportes sobre el conocimiento del bocio en la región andina del Ecuador. En las postrimerías del siglo XVIII, se hace sentir en América los primeros vientos de libertad. Y ya en 1810 se escucha el primer grito de independencia.

 

Liberados del yugo colonial, los países americanos trazan sus propias rutas y proponen y elaboran líneas de comportamiento político, social y económico, tratando de darles un intenso sabor nacional. La época republicana trae a todos los pueblos americanos nuevas perspectivas y esperanzas. Sin embargo, muchas de las características que por herencia nos ha tocado, aún tienen sus huellas hasta nuestros días. Es posible que, la permanencia por largo tiempo del sistema colonial, con circunstancias a las cuales se vieron sometidas las comunidades nativas, haya determinado lo que hemos dado en llamar "secuestro genético", posiblemente uno de ellos, la deficiencia mental, producto de la deficiencia crónica de yodo, es la herencia ancestral que, aún se halla presente en este nuevo milenio, y que nos llegan con menor o mayor expresión hasta la actualidad. 

 

De acuerdo al trabajo de Luis León, la iniciación del período republicano trajo muchas contribuciones al conocimiento del bocio en el país. Boussingault en 1831 (34), narra que "en los alrededores de Quito comienzan ya a verse cotos, justamente donde la sal de Mira se la sustituye con la de Punta de Santa Helena", atribuyendo este particular a la pobreza de yodo en la sal proveniente de la costa y reiterando el criterio sobre la riqueza yódica de la primera. Acuña una frase que traduce su gran preocupación sobre el tema: " Una de las cuestiones más graves y cuya discusión y consideración ofrece más interés en aquellas comarcas, es la extirpación del coto; es preciso haber visto de cerca el horrible aspecto de las personas que padecen este achaque para formarse una idea de la importancia de la cuestión...".

 

Boussingault realizó interesantes observaciones en Colombia y Ecuador. En una de ellas expresa: "Conozco pocos lugares cuya altura exceda de los dos mil metros de elevación sobre el nivel del mar en que deja de haber individuos afligidos por esta enfermedad (el bocio). Al viajar en la Nueva Granada, sorprende por cierto, el encontrar tanto número de cotos o paperas de que padezcan los habitantes de muchas provincias. 

 

El que las recorre admiteÊ la hermosura y variedad de las producciones de la naturaleza, y sufre sin embargo, considerando al hombre atacado de una enfermedad repugnante (el coto), a la cual acompaña muchas veces y como consecuencia inmediata la imbecilidad. 

 

Cuando se considera el número considerable de  individuos atacados de coto e imbecilidad, sorprende que el gobierno no haya dirigido la atención de los observadores de esta cuestión que en la Nueva Granada es de la mayor importancia bajo el aspecto político, puesto que el coto no solamente desfigura al hombre, sino que ejerce sobre sus facultades efectos todavía más graves". 

 

Herndon (35), al referirse a los Andes peruanos observa: "he visto mucha gente, particularmente mujeres, con bocio. Las gentes de las clases sociales más bajas, lo presentan, más frecuentemente que las de las clases sociales más altas". 

 

José de Ulloa (36) en 1857, igualmente refiriéndose al Perú, señala: "Apenas habrá" en el cuadro de la patología del hombre una enfermedad popular que cause más estragos y que más influencia tenga en el porvenir de las generaciones, atacando de un modo constante casi la masa entera de poblaciones considerables, ella la conduce progresivamente de la degradación física hasta el más espantoso embrutecimiento..". 

 

Otro investigador, James Orton en 1867 (37), hace referencia a la gran frecuencia del bocio en los Andes ecuatorianos y expresa que este es "un signo de debilidad constitucional porque los niños de padres bociosos son comúnmente sordomudos y las generaciones sucesivas, idiotas". 

 

En dicha época ya se plantea la posibilidad hereditaria en la aparición de alteraciones neurológicas y mentales y su relación con el bocio endémico. Estos datos, que hablan de la endemia en la zona central interandina, se ven incrementados con la descripción que hace Teodoro Wolf en 1879, sobre la presencia de bocio en los valles de Malacatos y Piscobamba en la provincia de Loja (38) y quien expresa: "los habitantes están muy expuestos a la enfermedad del coto".

 

 

 

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