ACADEMIA DE  MEDICINA

Artículo Científico

 

 

Conviene, también, tomar nota acerca de otros acontecimientos que sirvieron para ambientar mejor el remezón que se avecinaba. Promediando el siglo veinte,  el escritor y humanista francés Georges Duhamel llamó la atención sobre la pretensión de los tribunales de justicia de intervenir en los asuntos del enfermo y del médico, y se preguntaba por qué el cuerpo médico no asumía una actitud de protesta5. Es probable que Duha mel ignorara que desde 1905 en los Estados Uni dos de Norteamérica –con el sonado caso Pratt versus Davis6– venía abriéndose paso la figura del “consentimiento informado”, que encontró perfecto acomodo en la nueva ética médica, gracias al consagrado principio de autonomía, y dio inicio a la judicialización del ejercicio profesional. Adicionalmente, en 1954 el teólogo Joseph Fletcher había analizado en su libro “Morals and Medicine” algunos conflictos de carácter ético, como el aborto y la eutanasia, asignándole al paciente derechos negados hasta entonces.

 

Como hechos prácticos, que incidieron también en el desarrollo de la Bioética Médica, debo adicionar los siguientes: el descubrimiento y empleo de la píldora anticonceptiva en los inicios de los sesenta8; lo sucedido a la joven Karen Ann Quinlan en 1975, cuyo caso llegó a decisión de la Suprema Corte de New Jersey, para que fallara sobre el manejo ético-médico de los  pacientes en “estado vegetativo” y, en general, en los estados terminales; finalmente, el nacimiento de Louise Brown en 1978, producto de la fertilización extracorpórea9, y que fue interpretado por los sectores religiosos como una intromisión abusiva de los científicos en el proceso de la reproducción humana. Explicable que se ahondara la preocupación de los teólogos católicos, a tal punto que se originara en Ciudad del Vaticano un documento contentivo de los puntos de vista de la Congregación para la Defensa de la Doctrina de la Fe sobre la intervención o manipulación de la vida del ser humano en sus fases iniciales. En dicho documento se advierte que “ningún biólogo o médico puede pretenderrazonablemente decidir el origen y destino de los hombres, en nombre de su competencia científica”10. Sin duda, esta admonición se compaginaba con el propósito de fondo de la Bioética: hermanar las ciencias y las humanidades.

 

Es innegable que, en virtud de la interdisciplinaridad que desde un principio caracterizó a la Bioética, la Iglesia católica asumió un papel preponderante en el desarrollo y orientación de la nueva disciplina moral, tal como había ocurrido con la ética médica hipocrática. Por eso, Christian Byk, asesor legal del ministro de Justicia de Francia, pudo afirmar que los pioneros de la Bioética formaban un pequeño grupo de “teólogos moralistas que durante los debates del Concilio Vaticano II, antes y después, desearon implantar una ética de la acción que tomara en cuenta los problemas que percibían en sus lugares de trabajo, es decir, en los hospitales y alrededor de la actividad médica que desarrollaban. 

 

Con o sin razón, diremos que, provocando una ruptura epistemológica, comprueban que la moral tal como les había sido enseñada era insuficiente para dar respuesta a los acontecimientos nuevos”11. En una frase corta el filósofo Stephen Toulmin lo resumió: “La medicina salvó la vida de la ética”12. No obstante que al médico oncólogo norteamericano Van Rensselaer Potter se le asigna la paternidad de la Bioética, su influencia sobre el remezón ético en el campo sanitario fue, en verdad, muy secundario. Pienso que tuvo mucho que ver, sí, en la interdisciplinariedad de la nueva ética médica, pues en su libro ya mencionado expresa que “debemos desarrollar la ciencia de la supervivencia, y debe arrancar con una nueva clase de ética: la bioética. Esa nueva ética puede ser llamada ética interdisciplinaria, es decir, que incluya tanto las ciencias como las Humanidades”13. Potter, en su segundo libro, “Global Bioethics”14, afirma que la Bioética es una suma de esfuerzos. Más tarde, refiriéndose en particular a la Ética Médica dice que ésta, a iferencia de la Bioética, no está encargada de construir puentes para llegar a una Bioética Global “que considere el bienestar humano en el contexto del respeto por la naturaleza”15. Para él la Ética Médica es una especialidad involucrada, claro está, en el porvenir de la humanidad pero sin la responsabilidad y trascendencia que tiene la Bioética. Estoy seguro de que Potter nunca imaginó –pero sí lo vivió– que su Bioética fuera a medicalizarse en la forma como lo hizo, a tal punto que relegó a un segundo plano a la Bioética Ecológica. Por su condición de médico advirtió –como era lógico– el papel tan importante que le correspondía desempeñar a la Medicina en ese anhelo y compromiso suyos de velar por la supervivencia de la humanidad. “Ha llegado –dijo– el momento de reconocer que no podemos ocuparnos de las opciones médicas sin considerar la ciencia ecológica y los vastos problemas de la sociedad sobre una escala global”. Y más adelante: “Un ejemplo de un tema de bioética global son las opciones médicas relacionadas con la fertilidad humana frente alas necesidades ecológicas para limitar el crecimiento exponencial de la población humana”16. Conociendo de cerca el pensamiento de Potter, lo más sustancioso de su Bioética es lo ecológico, no lo médico. Siendo así, ¿quiénes y cuándo le insuflaron vida y personalidad a la Bioética Médica o Sanitaria?

 


5 Duhamel G. La defensa de la persona humana. Ediciones Stadium de Cutura, Buenos Aires, pp. 14-15, 1949.

6 Katyz J. El médico y el paciente: su mundo silencioso, Fondo de Cultura Económica, México p. 119, 1989.

7 Op. cit., Beacon Press, Boston, 1954.

8 Rock J. Control de natalidad. Editorial Seix Barral, S.A., Barcelona, p. 163, 1964.

9 Edwards R.F. y Steptoe P. “Birth after implantation of a human embryo, p. 163. 1964.

10 Instrucciones sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación. Tipografía Políglota Vaticana, p. 9, 1987.

11 “Realidad y sentido de la bioética en el plano mundial”. Boletín del Programa Regional de Bioética para América Latina y el Caribe, Nº

13, p. 4, junio 1997.

12 “The birth of Bioethics”. Special Supplement, Hasting Center Report, 23, N 6, S 4, 1993.

13 Potter, V.R. Bioethics, brigde to the future, Prentice-Hall, Inc., Englewood Cliffs, New Yersey, p. 4, 1971.

14 Op. cit. Michigan State University Press, Michigan, 1988.

15 Potter. V.R. “Bioética Puente, Bioética Global y Bioética Profunda”.Cuadernos del Programa Regional de Bioética, Nº 7, p. 21, 1998.

 

 

 

 

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