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REVISTA DE MEDICINA
La segunda parte trata sobre la evolución histórica del concepto de demencia, en los milenios que van del 200 a.C. al 2000 d.C. Comenzando con las definiciones etimológicas los autores van cubriendo, como lo hicieron en la primera, época por época, de la más antigua a la más moderna, ese concepto misterioso y casi metafísico que separa lo normal de lo anormal en la mente humana. Por lo vasto del temario aquí se valen de tablas cronológicas que destacan los “highlights” de cada época estudiada. Sin entrar a discutir a fondo el problema “mente-cuerpo” (como lo hiciera filosóficamente Mario Bunge hace 30 años y lo intenta científicamente Rodolfo Llinás en nuestros días) nuevamente la neuropatología entra a desempeñar un factor crucial y en especial la patología infecciosa, tema preferido del primero y segundo autores y motivo de varias de sus importantes publicaciones. Ello los lleva también a los albores de la psiquiatría científica decimonónica, con Pinel y Esquirol en Francia, hasta el siglo XX con Berkley, Kraepelin y, por supuesto, Sigmund Freud. Pero nuevamente la neuropatología los lleva a estudiar en detalle las importantes contribuciones de Binswanger y Alzheimer sobre las demencias seniles, de tan grave significancia epidemiológica en el mundo de hoy, por las prolongaciones etarias que nos han legado la medicina preventiva y curativa y, paradójicamente, hasta la misma neurociencia.
Aquí como en la tercera parte (manejo de las enfermedades del sistema nervioso) hacen un homenaje de reconocimiento a la “Historia de la Psiquiatría en Colombia” de Humberto Roselli, quizás la obra más importante sobre nuestra historia médica escrita en el siglo XX. Vuelven a apelar a las tablas cronológicas sobre la evolución de los conceptos de las diversas entidades nosológicas y su tratamiento, realzando también las más importantes contribuciones que en el campo neuroquirúrgico se han hecho entre nosotros.
Aquí, como en los capítulos anteriores, brillan también las contribuciones históricas del último de los autores, neurólogo de Harvard, profesor y académico. Al final, como se desprende del resumen de las tres partes, concluyen con un mensaje de esperanza, sobre lo que puede y podrá hacer la neurociencia en el manejo de enfermedades por milenios consideradas como sobrenaturales o intratables. Cumplen al tiempo una de las máximas preferidas de Sir William Osler cuando se dirigía a sus estudiantes: “Familiarízate con lo que otros han hecho y nunca dejes de dar crédito a los precursores”.
Este es un libro que por su proyección panorámica, por el afecto con que ha sido escrito, por su comprensión y dedicación a científicos y a pacientes, deberá permanecer por mucho tiempo en las bibliotecas de sus lectores, sean ellos o no médicos. Como dijo el Presidente Honorario de la Sociedad Española de Neurología al prologar “Misión a Cuba”, la obra intensa de Gustavo Román sobre la epidemia que cambió el derrotero de la isla : “Se trata, por todo ello, de un libro sabio, humano y muy ameno. El editor debe sentirse feliz ofreciendo tal logro”.
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