REVISTA DE MEDICINA

 

 

 

TRABAJO DE INVESTIGACIÓN

 

LA RABIA:

CRÓNICA DE UNA EXPERIENCIA

 

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Cuando tomé la decisión de escribir el presente articulo para ser presentado a consideración de la Academia Nacional de Medicina de Colombia, deseaba rendir un homenaje a la memoria de un grupo de profesionales y científicos visionarios que dedicaron sus vidas a la salud publica, especialmente en la búsqueda de las soluciones que se requerían para hacer frente a esta terrible enfermedad. El Dr. Hernando Groot y el Dr. Jorge Boshell (1) en su historia de la virología en el Instituto Nacional de Salud, haciendo referencia al Laboratorio Sampér Martínez comentan:

 

Laboratorio Samper Martínez

 

“Al reunirse Bernardo Samper Sordo con Jorge Martínez Santamaría en 1917, para establecer, sin ayuda alguna distinta a sus propios recursos un laboratorio de salud que denominó Laboratorio de Higiene, uno de sus objetivos fundamentales fue la producción de la vacuna contra la rabia. Samper le daba prioridad a esta actividad, pues, de tal biológico se carecía en Colombia y estaba, además, impresionado, sin duda por la angustia que se vivió en su casa en 1903, cuando su hermana y una empleada doméstica fueron mordidas por un gato, en apariencia rabioso, y fue necesario llevarlas a los Estados Unidos ante la imposibilidad de conseguir en Bogota el tratamiento adecuado. Especial atención le prestaron a la preparación de este biológico Cesar Uribe Piedrahita entre 1926 y 1930, luego Pedro José Almánzar, naturalmente Bernardo Samper cuando regresó al laboratorio en los años 30 y posteriormente Alfredo Lleras Pizarro”.

 

Hasta entonces, la vacuna era producida por el método clásico de Pasteur. En 1955, trabajando en el Instituto Bacteriológico de Chile, los doctores Fuenzalida y Palacios informaron sobre el desarrollo de una vacuna antirrábica preparada en Cerebro de Ratón Lactante (CRL). Una de las principales ventajas de la nueva vacuna es que 1% del tejido nervioso contiene concentraciones mas altas de antigeno, obteniéndose una vacuna mucho más inmunogénica que cualquiera de las usadas anteriormente. Debido a que la producción de esta vacuna es relativamente fácil y económica, ha sido la más comúnmente usada en América latina para la inmunoprofilaxis antirrábica a partir de 1960.

 

Utilizando la técnica de Fuenzalida y Palacios, en 1966, el Laboratorio de Producción de Vacuna Antirrábica del Instituto Nacional de Salud inicio los estudios preliminares para lograr la implantación y la estandarización de la técnica de producción de la vacuna CRL, inoculando ratones lactantes de uno a cuatro días de nacidos y usando como inactivante la luz ultravioleta. Se logro la producción del primer lote de vacuna antirrábica CRL para uso humano en 1967.

 

La producción en el INS, alcanzó, de 1982 a 1986 cifras de 6, 300,000 dosis de vacuna canina y 1, 200,000 dosis de vacuna humana, cantidades suficientes para cubrir las necesidades del país y exportar a Venezuela, Bolivia, Honduras, Nicaragua, República Dominicana, Argentina y Chile.” Mi primer recuerdo y encuentro con la rabia se remonta a finales de la década de los 40´s en la ciudad de Cali. Un perrito de nuestra familia mordió a mi papá, mi mamá, cuatro hermanos y a un apreciable número de vecinos, muchachos especialmente.¿Que se hacia en ese entonces? ¿O al menos que hizo mi papá? Sacrificar el animal, cortarle la cabeza, empacarla con aserrín y hielo, enviarla a Bogota al Laboratorio Samper Martínez e ir a la Unidad Sanitaria, contar lo sucedido, y esperar noticias de Bogotá. Cuando llegaba el Telegrama con el resultado del Diagnóstico del Laboratorio y las ordenes de vacunación de las personas mordidas, era necesario presentarse a la Unidad Sanitaria. Recuerdo que una enfermera era la encargada de aplicarnos diariamente las 21 inyecciones, alrededor del ombligo. Esto se hacia en nuestra casa todos los días, allí se reunían las personas que necesitaban de las vacunas y allí se presentaba la enfermera a realizar su trabajo. No se la razón por la cual éramos atendidos en el domicilio, si era por facilidades o si era el procedimiento habitual.

 

Mi segundo encuentro con esta zoonosis fue en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Caldas. Unas pocas horas en la cátedra de enfermedades infecciosas, y unas pocas horas de practica en los laboratorios. Se hacía mucho énfasis en la toma y envío de las muestras para diagnóstico al laboratorio, ya que era una enfermedad muy frecuente en Colombia. Nunca recibimos tratamiento pre exposición, a pesar de que realizábamos muchos exámenes clínicos de animales con síntomas compatibles con la rabia y que practicábamos muchas autopsias de cadáveres de animales que llegaban de diferentes regiones vecinas a Manizales.

 

Mi tercer encuentro, que marcó mi vida profesional, sucedió nuevamente en la ciudad de Cali, cuando me vinculé como médico veterinario de la Secretaria Municipal de Salud Pública, a principios del año de 1965. Una de las funciones más importantes era la responsabilidad del control de la rabia en la ciudad de Cali.

 

 

 

 

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