REVISTA DE INFERTILIDAD 

 

EL DUELO DESPUÉS DE UN ABORTO

Por otra parte, es interesante analizar el proceso de duelo por aborto, ya sea aborto natural e inducido, esta situación es de gran importancia y trascendencia en la mujer, desde lo psicológico, por todo lo que implica la recuperación de la pérdida de la fantasía del bebé.

El aborto natural es una experiencia bastante dolorosa para la mujer, porque se ve enfrentada a una situación en donde experimenta una gran sensación de impotencia, pro no poder evitar el sangrado, esto hace difícil el proceso de duelo, propicia un gran sentimiento de culpa por no haber podido hacer nada para evitarlo, además va acompañado de depresión y sentimientos de minusvalía.

Por otra parte, las mujeres que se someten a abortos inducidos, durante este proceso de duelo estas mujeres experimentan grandes sentimientos de cólera don todas las personas que tuvieron que ver con la decisión del aborto, directa o indirectamente incluyéndose a sí misma. El sentimiento de culpa, la tristeza por la destrucción del bebé son aspectos que durante una terapia se irá resingnificando para que el doliente pueda sobrellevar la pérdida.

Durante ese proceso de duelo uno de los pasos más importantes, es el perdón de sí mismo, es posiblemente el paso más difícil de dar, porque la autoestima está en el piso, es difícil para el doliente ver sus capacidades para resolver el gran dolor que experimenta. Este perdón muchas veces se logra por medio de la creación de una relación con el bebé, que pueda hablarle, expresarle todo lo que siente y pedirle perdón por haberlo matado son haber nacido.

 

EL DUELO EN LA MENOPAUSIA

Durante todo el ciclo vital, el ser humano se ve enfrentado a todo tipo de duelo, por ejemplo, por la pérdida de algún órgano del cuerpo, que tiene un significado psicológicamente importante.

Para muchas personas, es difícil comprender que los hombres y las mujeres de edad avanzada todavía sientan necesidades en sus relaciones de tipo sexual. Esta idea errónea viene causada por la negación del envejecimiento de las personas cuando éstas son jóvenes.

Según la Doctora María Alicia Naranjo, comúnmente el climaterio y la menopausia se han tomado como procesos sinónimos y realmente no lo son. La menopausia es en términos generales el cese definitivo de la menstruación y constituye el signo más llamativo del climaterio el cual engloba los cambios que rodean a este proceso.

Para la mujer, la menopausia no constituye un proceso fisiológico único, sino que va acompañado de implicaciones de tipo psicológico y cultural.

El proceso climatérico se realiza siguiendo un orden inverso al que se observó durante la adolescencia, es decir, el organismo desciende ordenadamente los escalones que ha ascendido, atravesando las mismas etapas pero al contrario.

De este modo el aparato reproductor luego de madurar hasta llegar a la etapa de procreación se va deteriorando en cuanto a sus funciones. A pesar de que la menopausia (fecha de la última regla) está representado por un tiempo determinado en la mujer, el climaterio abarca muchos años más y es un fenómeno de progresión paularina. Es así como este proceso no se desarrolla en todos los órganos simultáneamente. En el sistema endocrino llama la atención que la actividad del ovario declina, en general antes que la de otros órganos. Esta es la causa de climaterio femenino.

Durante este período de la vida se dan tres etapas:

Premenopausia
Menopausia propiamente dicha y
Postmenopausia.

Durante la etapa de Premenopausia (40 a 50 años) la menstruación aún existe, por lo tanto, este hecho hace que la mujer no renuncie del todo a la maternidad, adquiriendo la menstruación un significado importante, pues la mujer renuncia a nuevos hijos pero aún desea la prueba de que existe biológicamente.

Con relación a la sexualidad, durante el climaterio hay una disminución de la capacidad sexual cual está determinada por causas psicológicas (Benson 1979). Se pueden presentar cuadros depresivos, inseguridad y accesos de cólera entre otros.

La menopausia indica un período crítico. Y cualquiera que sea la influencia que pueda ejercer el cambio de la actividad hormonal sobre el cuadro psicosomático nos muestra que existe gran influencia de las reacciones psicológicas sobre la declinación orgánica.

Para Helene Deustsch (1971) la declinación fisiológica se siente como la proximidad de la muerte; la vida comienza a perder sentido, y un estado de aflicción caracteriza el contenido de la vida psíquica de la mujer. Por otro parte, aparecen ideas hipocondríacas que la mayoría de las veces tienen una relación con los órganos genitales; el útero que antes era una fuerte de vida, ahora e los temores hipocondríacos se constituye en el principal órgano causante de problemas.

A pesar de que existen manifestaciones comunes en el climaterio, éstas dependen mucho de cada mujer.

En general, el climaterio constituye un duelo para la mujer, ya que implica, por una parte pérdida de la juventud y por otra, la pérdida de la capacidad reproductiva, pues en esta fase la mujer pierde todo lo que ha recibido durante la pubertad.

Teniendo en cuenta que el proceso biológico se percibe anteriormente antes que los cambios orgánicos, dicha señal interna, combinada con la percepción de los primeros signos de vejez, hace que la mujer vuelque todo el interés hacia sí misma, se crea una lucha por la conservación de la feminidad, y además muchas mujeres dirigen su actividad a quedar embarazadas y así a re-experimentar la maternidad.

Lo anterior, explica el significado psicológico tan preponderante que tiene el útero (matriz) para la mujer.

A continuación vamos a analizar como la extirpación del útero implica para la mujer un proceso de duelo por su pérdida.

 

HISTERECTOMIA Y PROCESO DE DUELO

Una vez las patologías que se ve con más frecuencia a nivel del tracto genital femenino son los miomas uterinos. Dichos miomas, son tumores benignos, es decir no producen la muerte. Sin embargo, producen cierta sintomatología que debe ser controlada, como sangrado uterino anormal que puede producir anemia; otro síntoma es la pesantez pélvica que puede afectar en algún grado la columna vertebral; el tercer síntoma de importancia corresponde a las manifestaciones de desplazamiento y compresión de los órganos vecinos.

Por todos estos síntomas en muchos casos el tratamiento requiere la extirpación total del útero (histerectomía). Pero si en lo posible la mujer es joven se trata de evitar dicha cirugía, sobre todo en aquellos casos en los que la mujer desea tener hijos; por esta razón, las implicaciones psicológicas de dicha intervención van más allá de pensar que se trata de una simple cirugía; desde la infancia, la mujer va percibiendo su feminidad basada en la capacidad de reproducirse y en todos los aspectos que giran en torno a este hecho como son por ejemplo los cambios corporales de la pubertad, el embarazo y el climaterio. Por lo tanto cualquier perturbación en uno de estos niveles acarrea trastornos graves en la imagen corporal que la mujer tiene en sí misma.

De este modo, para Bellak (1980) la enfermedad orgánica suele tener para la persona connotaciones simbólicas que son las que determinan el significado especial que la enfermedad tendrá en ella. Los efectos psíquicos de cualquier enfermedad dependen de la historia anterior del individuo de tal forma que en la mayoría de los casos se puede establecer una relación directa entre la personalidad del paciente y el grado de respuesta emocional, patológica o no, que surge frente a la enfermedad.

Existen cinco tipos de respuesta que puede presentar la mujer ante la pérdida:
Por una parte, existe una reacción "normal" que se caracteriza por angustia o depresión. Esta reacción tiene un límite de tiempo.
En segundo lugar, puede presentarse una reacción de "evaluación" a la enfermedad, la cual se manifiesta en una negación de esta; sin embargo dicha actitud se puede convertir en una depresión acompañada de angustia.
Por otra parte, se tiene la "depresión reactiva", la cual se puede prolongar y manifestarse en formas de hipocondría.
Otra reacción es la de centrar en la enfermedad toda una serie de conflictos psicológicos ya existentes.
Por último, se puede llegar al grado de presentar una invalidez psicológica total, en cuyo estado la mujer crea dependencia patológica de sus seres queridos y limita su vida dejando de realizar sus actividades normales; esto hace que la mujer asuma actitudes de víctima.

De este modo, la magnitud simbólica de la histerectomía tiene una estrecha relación con la vida sexual de la mujer, se ve afectada tanto psíquica como psicológicamente en su esquema corporal, sobre todo cuando dentro de su percepción de sí misma, el útero representa gran parte de su femineidad. Si al hecho se le agrega extirpación de los ovarios, el conflicto se agrava aun más, puesto que la mujer lo vivencia como una castración. Esto implica que sus funciones hormonales (producción de estrógenos y progesterona) crean cambios a nivel físico y corporal.

Por lo tanto, la mujer que ha sido sometida a esta intervención puede presentar sentimientos de minusvalía y depresión.

Muchas veces, la distorsión que puede sufrir la mujer frente a la imagen de su cuerpo, trae como consecuencia de la cirugía, es transmitida a su compañero, porque la pareja se identifica con la pérdida del útero, experimentando juntos sentimientos de minusvalía por la pérdida de la femeneidad esto trae como consecuencia dificultades en el ejercicio de su sexualidad.

Esto se debe a que el útero tiene un significado importante de procreación, pues es donde se alberga al bebé en su primer estadio de desarrollo, y es considerado como fuente de juventud, regulador de salud y bienestar del cuerpo.

Siguiendo este orden de ideas, es de vital importancia que las mujeres que se someten a este tipo de intervenciones estén acompañadas por profesionales de la salud, que comprendan y la guíen en medio de la fantasía que tiene la mujer con respecto a la histerectomía, pues le da el significado de que ya no va a "servir" como mujer, sintiendo que pierde su órgano femenino.

Este sentimiento de pérdida de la feminidad, es la mayoría de las veces es el resultado por una parte de fantasías negativas por parte de la mujer, pero por otro lado, se debe a la falta de información que da el médico sobre la verdadera situación. La mayoría de las veces la mujer no recibe toda la información de lo que va a suceder en la cirugía y menos sobre las consecuencias que va a sufrir.

Por tanto, es importante superar dicha dificultad, por medio de una información real del problema, así también con una actitud de apoyo y comprensión por parte de las personas que o rodean, pues un momento en donde la mujer experimenta una situación de cambio y necesita sentirse escuchada, comprendida y valorada para poder expresar sus sentimientos con libertad y elabore el duelo con éxito.

Jamás se pierde la verdadera esencia de la feminidad, por tanto, no es cierto que la mujer la pierda con la cirugía.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Tapias Angela, El duelo una experiencia cotidiana, Revista Familia y Sociedad Vol 1 Agosto - Julio 1996.
  2. Lorain Alison, Is there a right to life after abortion? En marriege & Family-January, 1990 Pag 7 - 9.
  3. Ellen Curro, HEARTBEAT, Alternatives to abortion international, spring 1988, pp 9 - 11, Los Angeles C.A.
  4. María Alicia Naranjo, Un duelo específicamente femenino, Revista Familia y Sociedad, vol II, Septiembre - Octubre.
  5. Bowlby J. El vínculo afectivo, Buenos Aires: Paidós, 1968.
  6. Tizón Jl., Los grupos de reflexión en atención primaria de salud (I y II).