|Friday, December 19, 2014

Capítulo V: La ética en la formación del personal de salud  

* Conferencia dictada durante el seminario “Marco conceptual para la formación del profesional de la salud”, organizado por la Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1992.

FERNANDO SANCHEZ TORRES

Preámbulo

Iniciaré y continuaré mi exposición imitando a Baruch de Espinosa, el filósofo de la Etica demostrada según el orden geométrico: definiendo los términos centrales del asunto que debo desarrollar. Utilizar esta forma dialéctica no apareja, por supuesto, la pretensión de construir los conceptos sobre proposiciones axiomáticas, como lo hizo el controvertido pensador holandés. Sólo me mueve a ello querer introducirme en el tema y transitarlo sin temor a ser mal interpretado, sustentando mis ideas en conceptos predefinidos.

Etica y Moral

No es fácil definir lo que en realidad es la “ética”; demostración de ello es la multitud de definiciones existentes. Para mi exposición voy a utilizar una elemental, que, no obstante, considero bien fundamentada. vale señalar que la conceptuación que de la ética me he formado es producto de una posición ecléctica, es decir, que ha sido amasada con lo mejor que a mi juicio han aportado algunos pensadores alinderados en distintos campos. De esa manera hago uso del derecho de autonomía, de tanto significado hoy en el pensamiento ético.

La ética, entendida con carácter general, es una disciplina que se ocupa de la “moral”, de algo que compete a los actos humanos exclusivamente, y que los califica como buenos o malos, a condición de que ellos sean libres, voluntarios, conscientes. Lo anterior equivale a decir que la ética es el conocimiento organizado de la moral. Para Kant, la ética atañe a la bondad de las acciones; aún más, sólo se interesa por las intenciones1. La moral, a su vez, se relaciona con lo que uno debe o no debe hacer; en otras palabras, con el deber. igualmente, se identifica con la costumbre, que es la que, al fin de cuentas, determina cuáles actos son buenos y cuáles son malos. Dado que la costumbre es cambiante, la molar tiende a ser variable, ambigua. Por eso la ética -como dice el filósofo italiano viano- intenta aportar a moral los caracteres de precisión, fijeza y constancia2.

Pero, ¿quién dicta las leyes de moral? ¿quién determina lo que es bueno o malo? Se ha aceptado que la moral puede ser objetiva y subjetiva. La primera la fijan las costumbres a través de normas que dicta la sociedad. Los eticistas norteamericanos T. L. Beauchamps y L. B. y Mc Cullogh3 dicen que la palabra “moral” designa una institución social, compuesta por un conjunto de reglas que generalmente son admitidas por sus miembros. Un ejemplo: en una colonia de nudistas, andar desnudo no es inmoral, pues ese grupo social lo considera una costumbre lícita.

Hay instituciones, como el Estado y la iglesia, que se encarga de dictar normas o leyes de moral. Estas se constituyen en espíritu objetivo de lo moral, o lo que Erich Fromm llama la “conciencia autoritaria”4. Se trata de un conjunto de principios u obligaciones -el “código moral” de la comunidad- que hay que cumplir con carácter prima facie, vale decir, como imperativo categórico5. En el caso de la iglesia, que mencioné a manera de ejemplo, el cumplimiento de las normas que ella dicta sólo compromete a quienes se consideran seguidores o adeptos suyos. En cambio, las leyes de un Estado comprometen a todos sus asociados.

Moral subjetiva

La moral subjetiva, por su parte, es el cumplimiento del deber por acto voluntario, racional, en el que interviene la conciencia.

Por eso los moralistas llaman a la conciencia “la norma subjetiva de moralidad”. La conciencia, afirma A. C. varga, no es ningún ente misterioso; es sencillamente nuestro mismo entendimiento en cuanto se ocupa de juzgar la rectitud o malicia de una acción6.

Aceptando que la moral subjetiva es algo abstracto, para concretarse se debe integrar con la moral objetiva. Asimismo, ésta sola no es suficiente; debe integrarse con aquellas.

Un último concepto importante: la ética -así lo señaló Kant- no es una ciencia que deba contener dentro de sí ni acciones concretas ni ley coactiva alguna. Como filosofía práctica que es, atañe a la bondad intrínseca de las acciones7. No obstante que las leyes jurídicas, o moral objetiva, tienen intención moral, sólo la moral subjetiva, la conciencia, es la que en definitiva les va a dar sentido virtuoso, bondad ética, a las acciones. El mismo Kant decía que quien ejecuta leyes coactivas por ello no es virtuoso8.

Los actos humanos

Como mencioné antes, la moral compete a actos exclusivamente humanos. Pues bien, aquellas acciones libres que el hombre es dueño de hacer de uno u otro modo, constituyen los actos humanos. vale la pena anotar que, a la luz de la ética, no todas las acciones de los hombres son verdaderos actos humanos. Muchos comportamientos no son libres o son producto de fuerzas no sometidas al dominio de la voluntad. Los actos de los niños, de los dementes, de los ancianos con deterioro mental, por no ser producto de un juicio moral, son actos irresponsables y por lo tanto carentes de componente ético. Un ejemplo: que un demente salga desnudo a la calle es un acto inmoral, pero no puede ser sancionado moralmente por venir de un ser humano irreflexivo.

El estudio científico de los actos humanos, en cuanto buenos o malos, constituye la ética teórica o filosófica. Pero, al decir de Aristóteles, “el proceso ético no tiene como finalidad saber qué es la virtud -lo cual no tendría ninguna utilidad- sino llegar a ser virtuoso9. La finalidad de esa ética teórica es, precisamente, servir de guía para alcanzar los dominios del bien. Todo sistema ético -comentaba Abel Naranjo villegas en sus Disertaciones sobre ética – “es un barco que lleva a los pasajeros hasta los muelles de arribo pero no hasta la puerta de la casa. Presentado además el esquema de la ciudad y llevado hasta ésta, cada pasajero tendrá su modo de llegar a su destino”. De tal símil utilizado por el profesor Naranjo villegas puede colegirse que moral objetiva, de la que hablé antes, hará las veces de barco de mapa o guía de la ciudad. Con estas ayudas se supone que el pasajero podrá llegar a su casa- que será el final bueno, feliz siempre y cuando tenga libertad para hacerlo y reflexione correctamente. Su conciencia será, en últimas, la encargada.

De conducirlo hasta el interior de su hogar, o, por el contrario, la de extraviarlo. No olvidemos que el cerebro es el transmisor de conciencia. Con sabia intuición, así lo creían los médicos hipocráticos11.

Expuesto lo anterior, queda claro que el hombre o la mujer vale decir, el ser humano- antes de tomar una resolución la ha sometido al juicio de su conciencia, o de su recta razón, guiándose por las normas de la moral o costumbre. Ese proceso reflexivo, que es íntimo, desemboca en una decisión ética si esta bien intencionada, o antiética se considera mala. Todo lo que se necesita para elegir una cosa en lugar de la otra es una buena razón, la cual, en concepto de Toulmin, depende de un discernimiento claro y coherente13. infortunadamente no todas las personas, incluyendo gentes de universidad, poseen una suficiente capacidad reflexiva como para adelantar juicios éticos correctos. Sin lugar a duda, un problema central de la ética distinguir los argumentos válidos de los inválidos. Este escollo; tienden a subsanarlo los “eticistas”, que son individuos dedicados a estudiar y reflexionar acerca de todo lo atinente a la moral y al proceso ético, a la luz de teorías o tesis filosóficas, religiosas, políticas, sociales, etc. Puesto que el pensamiento moral sólo es posible con mente clara14, esa claridad la pueden propiciar eticistas. Siendo así, enseñar a reflexionar éticamente no sólo es posible sino además necesario.

La nueva ética

Se considera como ética tradicional aquella sustentada “orden natural”. En la actualidad ha sido sustituida por una Etica Más liberal, a tono con los principios que alientan la vida espiritual del mundo libre de Occidente. Lo que caracteriza a esa nueva ética es el principio de libertad moral, y que el médico y filósofo español Diego Gracia Guillén ha descrito así: “Todo ser humano es agente moral autónomo, y como tal debe ser respetado por todos los que mantienen posiciones morales distintas. Lo mismo que el pluralismo religioso y el pluralismo político son derechos humanos, así también debe aceptarse como un derecho el pluralismo moral. Ninguna moral puede imponerse a los seres humanos en contra de los dictados de su propia conciencia. El santuario de la moral individual es insobornable15.

La enseñanza de la ética

Podría pensarse a la luz de dicha autonomía moral que la enseñanza de la ética no tiene oficio alguno, por cuanto el individuo se encuentra en libertad de actuar según su leal saber y entender, es decir, al impulso de su libre albedrío. Analicemos bien este asunto, de suyo importante para el desarrollo de mi exposición. El actuar moral del hombre no es meramente intuitivo; no puede ser intuición pura, sin conceptos. Se necesita que esté precedido de reflexión, así sea elemental, y ésta, a su vez, sustentada en conceptos que contribuyan a darle claridad y coherencia a aquélla. Lo que se busca con la enseñanza de la ética, creo yo, es ejercitar al individuo -bien sea escolar, universitario o ciudadano del común- para que pueda actuar correctamente en su vida de relación. El actuar de manera recta tiene que ver con lo que la comunidad considera bueno. Dado que lo bueno y lo malo están sujetos a interpretaciones, se hace necesario aprender a darles su justo sentido. Para ello la sociedad y sus instituciones han elaborado normas de conducta encaminadas a que las personas actúen en función del bien individual y colectivo. No obstante que el pluralismo moral haya sido elevado ala categoría de derecho y como tal respetado, las leyes de moral aprobadas por la comunidad deben ser cumplidas, a riesgo de ser sancionado quien las contraríe. Pero, como señalé antes, el acatamiento a la moral objetiva no basta para actuar moralmente. Es, la moral subjetiva, la conciencia, la que en definitiva determina la moralidad de la acción. En ese nivel -el de la conciencia, vale decir, el de la inteligencia es donde puede-adquirir vigencia el pluralismo moral, la real autonomía. Ciertamente, el verdadero actuar ético no está sujeto a ley coactiva alguna. Cuando se deja de hacer una mala acción, dice Kant, no por miedo al castigo, sino por repulsión hacia ella, la acción es moral18.

Puesto que la conciencia es susceptible de ejercitación en favor de lo bueno o de lo malo, enseñar lo bueno, es decir, lo ético, no es exabrupto. Al contrario, es un deber de quienes tienen por misión modelar intelectual y moralmente a otros. Dejar que el sujeto haga el aprendizaje solo, por experiencia propia, es correr el riesgo de que se extravíe. “No pocos de los deslices morales de los médicos, anotaba muy acertadamente Florencio Escardó, maestro de la pediatría americana, provienen mucho más de ‘l torpeza que de la inmoralidad17. De esa torpeza, digo, pueden llegar a tener mucha culpa las escuelas médicas.

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