|Wednesday, November 26, 2014

Laboratorios Alemanes  

Alfredo Jacome Roca, MD
Academia Nacional de Medicina

La historia de Merck y Schering alemanas se narra en otro capítulo. Otros tres gigantes germanos (además de la Hoechst, que por su fusión reciente para constituir la firma Aventis se ha mencionado en otra sección) son la Bayer, la Basf-Knoll y la Boehringer Ingelheim.

Para 1863 se originó en Elberfeld, Alemania, una empresa que hacía mucho énfasis en la investigación química. La Bayer fue fundada por un comerciante en sedas (Friedrick BAYER) y un experto en colorear textiles (Friedrick WESKOTT). Pronto iniciaron un programa exhaustivo de análisis químico que permitió la introducción de productos farmacéuticos novedosos. Sus químicos jugaron papel importantísimo en la investigación de ellos, Hoffmann – que investigando en un análogo de la heroína, un producto Bayer- descubrió la aspirina (tema al que le hemos dedicado capítulo especial) y otro, Carl Duisberg, que aunque no descubrió la fenacetina para la fiebre sí se dio cuenta de sus similitudes con los productos de desecho de los colorantes de anilina en la que la empresa alemana era líder. De esta manera Bayer pudo comercializar grandes cantidades de fenacetina como antipirético para la epidemia de influenza de 1889-1892. En cuanto a la heroína, se lanzó como antitusivo (que lo es, y se sigue usando su pariente la codeína en esta indicación), y para el tratamiento de las adicciones a morfina y a la misma codeína, pero en 1905 se reconoció la alta peligrosidad adictiva de la heroína, obtenida de la amapola.

La Primera Guerra convirtió a Bayer en una fabricante de explosivos (como el TNT) y el tratado de Versalles, que puso fin a esta conflagración mundial, le quitó a la empresa sus propiedades y marcas en el extranjero, incluyendo la aspirina, que fue adquirida por la Sterling Drug de Nueva York, y de allí surgieron otras marcas del popular producto.

La depresión económica en Alemania que siguió a la Primera Guerra hizo que numerosas empresas –lideradas por la química BASF y Duisberg, de la Bayer- se fusionaran para 1925 en una única compañía que se denominó I.G. Farben; los productos farmacéuticos se siguieron expendiendo sin embargo bajo el tradicional sello Bayer.

De los colorantes sintetizados en sus laboratorios, salieron drogas para tratar la malaria y la enfermedad del sueño. También aparecieron las sulfas, que mejoradas, le merecieron el Nóbel a Domagk, a quien el gobierno del Tercer Reich le impidió recibirlo.

IG Farben no pudo excluirse de los problemas bèlicos y al finalizar la Segunda Guerra, algunos de sus ejecutivos resultaron penalizados en Nuremberg. Sin embargo el Tribunal Americano concluyó que la alta gerencia de la empresa no había participado abiertamente en las hostilidades, aunque decidió escindirla en 12 nuevas compañías.

Bayer fue recuperando su participación en el mercado, y fue logrando readquirir las diferentes casas que expendían aspirina. Hoy es una firma enorme, muy fuerte en el ramo químico, mientras que en el sector farmacéutico son lìderes en productos cardiovasculares como calcio antagonistas, antibióticos y otros. Recientemente un producto muy importante que la empresa había comercializado para el manejo de la hiperlipidemia, fue retirado del mercado.

BASF es otro gigante químico, cuyos productos farmacéuticos han sido comercializados por la casa Knoll, y ha desarrollado importantes sustancias en el campo cardiovascular, obesidad y analgesia. Recientemente sus operaciones fueron vendidas a Abbott.

Otra empresa alemana establecida en una familia con tradición en la industria química fue la fundada en Ingelheim en 1885 por Albert BOEHRINGER. La empresa se inició con un puñado de empleados que fabricaban inicialmente sales de ácido tartàrico (que junto con el bicarbonato, citrato y otras sales se denominaban “droga blanca”) y que eran adquiridas por farmacias y por los que coloreaban telas; posteriormente empezaron a usar bacterias para producir ácido láctico en cantidades comerciales.

Lo siguiente fue fabricar píldoras y extraer alcaloides de las plantas, tales como morfina y codeína. Continuaron investigando, por lo que más adelante pudieron ampliar la línea con productos cardiovasculares y respiratorios. En la segunda mitad del siglo, Ernst (hijo el fundador) logró incursionar en los mercados internacionales. Después vino la ingeniería genética, para fabricar proteínas activas en terapéutica. Después lograron la producción de interferones (omega y gamma) y la superòxido dismutasa de manganeso. Hoy en día esta compañía es propietaria de plantas de altísima tecnología, que es capaz de producir drogas biotecnológicas del tipo interleucinas. Su línea de inhaladores es de las más completas.

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