|Viernes, octubre 31, 2014

La Planificación Familiar y La Investigación  

Fernando Sánchez Torres, M.D

Aportaciones originales

La planificación familiar está muy ligada a la ginecobstetricia. De ahí que los ginecobstetras hayan sido los más comprometidos no solo en llevarla a la práctica sino también en liderar su validez como derecho de las parejas.

Traspuesta la segunda mitad del siglo el análisis de los datos censales permitió poner de presente que Colombia estaba aumentando su población de una manera explosiva. En efecto, hasta el año de 1938 la población tendió a crecer moderadamente, con tasas menores del 2 por 100 anual. Pero en el intervalo 1938-1951 esa tasa de crecimiento se disparó. De 8 millones 700 mil habitantes se pasó a 11 millones 500 mil. En el periodo 1951-1964 la población creció al 3.3% anual, duplicándose en solo 21 años154 No obstante esa peligrosa realidad, el país no había reflexionado sobre sus implicaciones. Los diferentes gobiernos, silo hicieron, carecieron del suficiente carácter para adoptar medidas encaminadas a frenar esa explosión demográfica. Sin duda, el temor de hacerlo radicaba en la posición beligerante e inconsecuente de la Iglesia católica, compartida por los movimientos políticos de extrema izquierda, claro está que por intereses diferentes.

En los años cincuenta un grupo de médicos obstetras, preocupados por las frecuentes consultas y demandas de ayuda relacionadas con la planificación familiar, se dirigieron al arzobispo de Bogotá, Monseñor Ismael Perdomo, en solicitud de un pronunciamiento de la Iglesia al respecto. Tan alto jerarca conceptuó que, en general, la planificación familiar estaba prohibida y que algunos métodos, como la esterilización femenina, lo estaban en calidad de pecado mortal. El arzobispo transmitía en esa forma el pensamiento del Papa Pío XII, fundamentado a su vez en el de Pío XI a través de su Encíclica “Casti Connubii”. Percatémonos de lo que ésta preceptuaba en relación con los atentados contra la prole, considerada como el primer bien del matrimonio: “Ningún motivo, sin embargo, aun cuando sea gravísimo, puede hacer que lo que va intrínsecamente contra la naturaleza sea honesto y conforme a la misma naturaleza; y estando destinado el acto conyugal, por su misma naturaleza, a la generación de los hijos, los que en el ejercicio del mismo lo destituyen adrede de su naturaleza y virtud, obran contra la naturaleza y cometen una acción torpe e intrínsecamente deshonesta”. Y más adelante: “Por lo que se refiere a las causas que los mueven a defender el mal uso del matrimonio, frecuentemente suelen aducirse algunas fingidas o exageradas, por no hablar de las que son vergonzosas. Sin embargo, la Iglesia, Madre piadosa, entiende muy bien y se da perfecta cuenta de cuanto suele aducirse sobre la salud y peligro de la vida de la madre. ¿Y quién ponderará estas cosas sin compadecerse?. ¿Quién no se admirará extraordinariamente al contemplar a una madre entregándose a una muerte casi segura, con fortaleza heroica, para conservar la vida del fruto de sus entrañas? Solamente uno, Dios, inmensamente rico y misericordioso, pagará sus sufrimientos, soportados para cumplir como es debido el oficio de la naturaleza, y dará, ciertamente, medida, no sólo apretada, sino colmada”155.

Fiel a esta posición rígida de la Iglesia, el doctor Rafael Peralta Cayón presentó en 1958 a la Sociedad Colombiana de Obstetricia y Ginecología una proposición que en lo pertinente decía: “La Sociedad Colombiana de Obstetricia y Ginecología informa y recuerda a las clínicas y hospitales, que la esterilización con intervenciones tubáricas o similares, está condenada por la Iglesia Católica, a fin de que sea rigurosamente controlada y cumplida esta disposición’156. Dicha proposición fue aprobada por unanimidad, aclamación que pone de presente el criterio que imperaba entre los especialistas que conformaban la Sociedad. A tal extremo llegaba el acatamiento del doctor Peralta Cayón a lo mandado por la Iglesia, que desaconsejó, como profesor jefe del servicio de maternidad del Instituto Materno Infantil, la ejecución de la esterilización tubaria a una paciente a quien se le practicaba la undécima operación cesárea. Así lo registra en su libro Aborto. Cesáreas previas y se sirve de este caso para sustentar la tesis de que el antecedente de cesárea no era indicación válida para la esterilización tubaria157. Contrasta la actitud asumida por la Sociedad Colombiana de Obstetricia y Ginecología con la expuesta por Alvaro Medina Cervantes, en su tesis de grado presentada en 1948 a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional y que fuera declarada “Meritoria”. En ella el autor considera lícita la “salpingotomía profiláctica”, como también la inseminación artificial matrimonial. “Los médicos –dice- deben atenerse a su conciencia”158.

El descubrimiento y comercialización de “la píldora”, esteroide anticoncepcional puesto al mercado con el nombre de “Enovid” en 1960, hizo posible llevar a la práctica una planificación familiar segura sin que desencadenara por parte de la Iglesia una reacción tan radical y vehemente como la derivada de la esterilización tubaria. Pese a que tampoco se autorizaba su prescripción y utilización, las mujeres, haciendo uso de su autonomía, comenzaron a emplear la píldora cuando su médico se la prescribía.

En Colombia muchos han sido los ginecobstetras que, en circunstancias adversas, han desempeñado papel destacado en el proceso de divulgación y consolidación de la planificación familiar. Entre ellos sobresale Fernando Tamayo Ogliastri, médico egresado de la Universidad Nacional en 1947 y especializado en ginecobstetricia en los Estados Unidos. Favorecido con el éxito en su ejercicio particular, desafiando los prejuicios de muchos sectores, inició abiertamente entre nosotros, desde su consulta privada, el empleo de distintos métodos anticonceptivos, en especial el dispositivo intrauterino. Consciente de la necesidad de un servicio de planificación familiar para la población en general, dio, en 1965, los primeros pasos para la fundación de la Asociación Pro Bienestar de la Familia Colombiana, motivando a distinguidos representantes de la banca, la industria, la medicina y el derecho159. En 1966 el Ministerio de Justicia le concedió personería jurídica como entidad sin ánimo de lucro160 Al finalizar ese año se abrió en Bogotá la primera clínica de planificación Familiar en Colombia con la sigla Profamilia”161.

Pero entre los antecedentes de la planificación familiar entre nosotros hay algo más. Al atrevimiento personal del doctor Tamayo hay que sumar el papel desempeñado por el doctor Hernán Mendoza Hoyos desde la División de Estudios de Población de la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina. En efecto, por iniciativa suya se iniciaron investigaciones sobre epidemiología del aborto, planificación familiar y educación sexual, como respuesta a la preocupación del cuerpo médico por el impacto que el aborto provocado ocasionaba sobre los índices de mortalidad materna y los presupuestos hospitalarios. Así fue como se organizaron en algunas facultades de medicina 10 programas pilotos en los Centros de Salud Universitarios. En 1969, durante el gobierno del doctor Carlos Lleras Restrepo, en una determinación sin precedentes, el Ministerio de Salud, a cargo del doctor Antonio Ordoñez Plaja, incluyó actividades de planificación familiar en sus programas de protección materna e infantil”162.

A su vez, la iniciativa de Hernán Mendoza Hoyos tiene un antecedente importante: la reunión de la Asamblea Panamericana de Población, convocada por la Universidad de Columbia y el Population Council, inaugurada en Cali, Valle, el 11 de agosto de 1965 bajo la presidencia del doctor Alberto Lleras Camargo, en ese momento sin ninguna representación oficial. La asamblea aprobó una declaración trascendental, pues se reconoció la gravedad del problema demográfico y se instó a los países miembros a estudiar soluciones163.

Volviendo a Profamilia, no obstante el cúmulo de dificultades con que hubo de tropezar, el tesón y la mística de Fernando ‘Tamayo, secundado por Gonzalo Echeverry Parra y luego por Miguel Urnas Fargas, hicieron posible que perseverara y llegara a ser una institución modelo, de amplia cobertura nacional. Se considera que en 1991 a su cargo estaba proveer cerca del 65% de la planificación familiar en el pais164. Por su ímproba labor el doctor Tamayo ha sido galardonado con el Premio Hugh Moore (1979) y con la Cruz de Boyacá en la categoría de Gran Oficial, otorgada por el Gobierno Nacional (1990).

Un testimonio fehaciente de la importancia que ha tenido el establecimiento de la planificación familiar en Colombia lo suministra el siguiente cuadro que tomamos del libro Contra viento y marea, escrito por Gonzalo Echeverry 165:

Cambios ocurridos en algunos indicadores
demográficos de Colombia entre 1964 y 1990

Cambios ocurridos en algunos indicadores de Colombia
Al registrar como positivos para el país los resultados derivados de la planificación familiar, lo hacemos con el convencimiento que nos asiste de que el crecimiento demográfico debe ajustarse a las posibilidades y recursos para el desarrollo y bienestar social. Nos identificamos con el doctor John Rock, uno de los padres de “la píldora”, cuando afirmaba que la superpoblación es al cuerpo social, sea éste familia o nación, lo que el peso excesivo es al cuerpo físico: una constante amenaza para la integridad del cuerpo166.

Aparte de Profamilia, dos instituciones más hicieron acto de presencia en el escenario de la planificación familiar en la década de los 70: la Corporación Centro Regional de Población (CCRP) y la Asociación Colombiana para el Estudio de Población (ACEP), ambas con sede en Bogotá, auspiciadas por entidades privadas nacionales y extranjeras. Más que a la prestación de servicios, sus objetivos han sido la investigación clínica y epidemiológica, y la difusión de noticias sobre fecundidad.

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