|Saturday, November 29, 2014

La Conquista Española, Historia del Trauma Institucional en Colombia  

FEDERACIÓN MÉDICA COLOMBIANA

Capítulo XIV

Fernando Guzmán Mora, MD

Introducción

La historia de la conquista española es una historia de violencia, infamia y trauma, la cual golpeó y destruyó gran parte de los cimientos de las culturas indígenas.

Aunque nuestros indios de hace 500 años, no vivían en estado de permanente paz, tuvieron que enfrentar no solamente la avalancha material y espiritual que llego de Europa a destruirlos, sino una terrible combinación de armas desconocidas para ellos, que hicieron verdaderos estragos en su composición militar y bélica: El caballo y las armas de fuego.

¿Por qué eran los españoles tan violentos? ¿Por qué se formaron estos híbridos de Soldado-Monstruo? ¿Qué nos ligó de la península ibérica con tanta furia y odio?.

Quizás tengamos que darle a las palabras de Miguel de Cervantes un lugar preponderante cuando debamos juzgar lo que vino en los primeros años del proceso, cuando el connotado escritor decía: “La Indias son el refugio de la canalla”.

Los españoles constituyen una curiosa mezcla de razas y pueblos:

Los Fenicios, del Medio Oriente, llegan a sus costas hacia el 1100 AC y fundan las ciudades de Cádiz y Málaga, entre otras.

Los Celtas arriban entre los años 900 y 800 AC, y se repliegan progresivamente hacia el norte, en el país Vasco.

Los Griegos fundan Hemeroscopium y Manake por los años 700 AC y Ampurias y Rosas en la mitad de los años 600 AC.

En 237 AC llegan los Cartagineses y fundan Alicante y Cartagena (Cartago Nova). Y en 218 AC, con el desembarco de Escipión, toman posesión de la península los Romanos.

En 409 de nuestra era, la España de entonces es invadida por Suevos, Alanos y Vándalos. Luego viene la supremacía de los Visigodos, quienes a su vez son derrotados por las huestes Musulmanas de Yabal Tarik, en la batalla de Guadalete. Conviven en forma pacífica una multitud de Arabes, Cristianos y Judíos por espacio de varios siglos.

Los bárbaros visigodos, convertidos desde hacia siglos al cristianismo, comienzan la resistencia contra los musulmanes y logran liberarla de su dominio en forma definitiva en 1492, justo antes del descubrimiento de América.

En la España de fines del siglo XV tenían efecto eventos históricos de una trascendencia inusitada: La expulsión de los moros por parte de los Reves Católicos y el descubrimiento de América por su Almirante, Cristóbal Colón, sumado a las herencias múltiples en Europa, llegan a convertir a los Ibéricos en la potencia militar más sofisticada del mundo. Un descendiente de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, Carlos V hijo de Felipe el Hermoso y de Juana la Loca, esta última hija de los Reyes Católicos, hereda tal cantidad de tierras y estados, que llega a decirse que en su Imperio “Jamás se pone el sol”.

Los conflictos entre los conquistadores Portugueses y Españoles obligan al Papa Alejandro VI a promulgar el tratado de Tordecillas, por el cual se delimitan sus áreas de influencia en la recientemente descubierta América. Este Papa Alejandro VI, un Borgia, estremece al mundo europeo con sus escándalos familiares y coloca al Vaticano en el lugar más bajo de opinión popular. En su misma época tienen lugar los intentos de anexión de su hijo, César Borgia, a quien Nicolás Maquiavelo intenta inmortalizar en su libro “El Príncipe”.

La reacción al boato de la Iglesia y a su predilección evidente por los bienes terrenales, es causa del movimiento religioso y político de mayor trascendencia en la Historia Moderna: La Reforma Protestante, encabezada por el monje alemán Martín Lutero, quien expone sus tesis en la Iglesia del Castillo de Wittenberg en 1517. A Lutero lo acompañan en su rebelión hombres de la talla de Zwinglio, Melanchton y Calvino. Cinco años después de la exposición de Lutero, estallan las famosas Guerras Campesinas en Alemania.

La Reforma lleva a extremos el ánimo de los católicos y el fervor protestante, los cuales no se han detenido aun en nuestros días (Léase: Guerras de Religión en Irlanda del Norte). Y ponen de manifiesto las pasiones más bajas del poder en episodios de psicopatía social tan sangrienta y deplorable como lo que se observa en la Noche de San Bartolomé en 1572 en Francia; en el asesinato de Miguel Servet por parte de Calvino; y, obviamente, en el Tribunal de la Inquisición, la peor vergüenza histórica que la Iglesia Católica haya sufrido.

Prácticamente toda Europa se mancha con la sangre de Protestantes y Católicos y ningún país se ve libre de la influencia de los combatientes. Solamente Felipe II enfrenta durante su vida Ocho Guerras de Religión en el continente.

Desde el punto de vista económico, los pensadores mercantilistas primitivos identificaron riqueza con dinero. Para ellos, lo más importante era exportar, con el objeto de vender la mayor cantidad de mercancías en el exterior. Para los pensadores económicos del momento, lo único que puede enriquecer al Estado es el Comercio Exterior.

Por lo anterior, recomendaban enfáticamente en vender más de lo que se compraba, con el objeto de introducir más metal precioso y dinero en la nación.

Los mercantilistas avanzados, aunque identifican riqueza con dinero, ya no plantean únicamente su acumulación sino su circulación, con el objeto de aumentar aun más las reservas de Capital. Estos creen, más que en el balance monetario en el balance comercial.

Ambas escuelas defienden la intervención del Estado en la vida económica del país, con el objeto de asegurar un balance positivo monetario y comercial.

Fueron los primeros en descubrir el efecto de la cantidad de dinero sobre el nivel de precios. Trataron, además, de entender las relaciones entre ahorro, inversión, empleo y renta nacional.

Tratados con desprecio por los pensadores contemporáneos, fueron en realidad los precursores de la economía moderna.

El objetivo esencial era acumular oro, riqueza y ganancias. El oro llega a Europa en enormes cantidades y se vuelve el objeto final de la economía de la nobleza. La cantidad de metales preciosos acumulados en Europa se multiplica ocho veces.

Nace la teoría del Crishedonismo (La felicidad esta en el oro). Asimismo, tiene origen la política Bullionista (Bullion=lingote), esencialmente de protección y defensa monetaria. Se colocan todo tipo de trabas y penas, incluyendo la pena de muerte a quien promueva la exportación de metales preciosos.

Se establece el trabajo obligatorio para huérfanos y mendigos, se fijan salarios bajos y se castiga la pereza y la vagancia.

Se consideran trabajos productivos la industria y el comercio. Se consideran improductivas todas las carreras liberales, en especial la literatura y la medicina.

Se fomenta el aumento de la población, con el objeto de aumentar la mano de obra y disminuir así los salarios.

El colonialismo tiene un solo objetivo: Enriquecer al conquistador. Se prohibe por lo tanto la industria colonial y se deja al país conquistado únicamente como proveedor de materia prima. Se aplastan las civilizaciones indígenas v aborígenes de América, Asia y África.

El proteccionismo del Estado se centraba en los productos manufacturados de exportación, a los que favorecía ampliamente. Asimismo, eximía de impuestos a las materias primas importadas. En cambio, gravaba enormemente la exportación de materias primas y la importación de productos manufacturados.

Por otro lado, con el fin de estimular la creación de capitales nacionales, se expropiaron grandes posesiones de tierra y medios de producción, que se concentraron en manos de unos pocos empresarios.

Las circunstancias nacidas en 1492 con la expulsión de los árabes y judíos, sumada al Descubrimiento de América, provocaron funestas consecuencias económicas en España: Cien mil comerciantes y manufactureros de origen árabe dejaron la península en los siguientes cien años. Miles de campesinos entraron en quiebra y los campos fueron abandonados, originando enormes latifundios. Por otro lado, el enriquecimiento de la nobleza con los metales expoliados al Nuevo Mundo, aplastaron a la naciente burguesía española, que pudo haber sido mucho más poderosa que la flamenca o la misma francesa. Además, la entrada de esos metales preciosos a la península ibérica, fortaleció las finanzas bancarias de países diferentes a España, los cuales pudieron entonces traficar con el Oriente, desarrollando la economía mercantil y el naciente capitalismo de esas naciones.

La vida se encareció en España. La usura proliferó como nunca. La economía española se vino al suelo.

El Descubrimiento

Los primeros marinos que acompañaron a Colón en sus viajes eran, en esencia, delincuentes, presidiarios, aventureros y sociópatas de toda índole, con las honrosas excepciones de un puñado de botánicos, religiosos y científicos, entre ellos un médico y un cirujano. De hecho, Colón no era muy pulcro en sus actuaciones.

Los españoles de aquella época, que vivían en ciudades amuralladas de un desaseo y hedor patéticos, poco tenían de refinados: El baño publico era mixto y poco utilizado; comían con las manos; coexistían con vacas y ovejas en las casas y vivían infestados de pulgas y Piojos en todo el cuerpo.

El objetivo esencial de los conquistadores no era exactamente filantrópico. Los aventureros, comerciantes y fracasados que inicialmente vinieron a las Indias Occidentales traían en mente una idea clara: Poder y riqueza. Y en esto se centraba su actividad.

Desde su punto de vista económico lo encontraban justificado por varias razones.

La conquista de los territorios se llevó a cabo mediante el sistema de “Capitulaciones”, es decir, el conquistador conseguía los recursos para venir al Nuevo Mundo, tomaba posesión de las tierras a nombre de los Reyes españoles y la Corona les proveía de títulos y poderes políticos en el territorio conquistado.

Donde llegaban “fundaban” pueblos en los mismos sitios en donde habían funcionado por siglos y milenios las culturas indígenas.

Y el argumento de la “cristianización” aborigen no era para la mayoría sino el pretexto para reducir a los indios a la servidumbre de las Encomiendas, que producían beneficios económicos importantes a quienes se convertían, de la noche a la mañana, de basura peninsular en clase alta americana por obra y gracia del despojo americano.

Hasta 1540 habían llegado a América unos 19.000 españoles embarcados oficialmente; la mayoría pobres y analfabetas.

En América vivían entre 50 y 100 millones de indígenas antes de la llegada de los españoles. Las enfermedades que ellos importaron dieron cuenta del 90% del número total. La primera epidemia de viruela tuvo lugar en 1519.

El solo Valle de Puben, habitado por cien mil personas, se vio reducido a diez mil indígenas en el transcurso de unos pocos años.

Los españoles masacraron a los indígenas. Se recuerdan, entre otros, el episodio genocida de 10.000 hombres a manos de los fiombres de Pizarro. No solo los atravesaban con sus lanzas, sino que competían por partirlos por la mitad de un solo tajo. Hay que anotar que el mismo Cristóbal Colón asesinó y ordenó cortar las narices y orejas de varios indios.

No solamente la violencia, sino nuevas enfermedades nos aportó el continente europeo. Tribus enteras fueron barridas por las nuevas bacterias y virus de los bárbaros españoles. Con los españoles llegaron el sarampión, la tosferina, las paperas, la difteria, el tifo, el cólera, la blenorragia y la lepra.

Esa comunidad primitiva indígena, con su comunidad de bienes, igualdad de derechos y obligaciones, y su elemental forma de democracia, dió entonces paso al esclavismo conquistador que acabó con culturas milenarias.

Con el argumento de “evangelizar” estas tierras, los conquistadores sembraron la desolación por doquier. Pero, a diferencia de los colonizadores anglosajones en Norteamérica, que venían escapando de la presión religiosa y buscaban tierra para quedarse, los españoles no pensaron inicialmente en radicarse definitivamente en medio de los nuevos bárbaros. Su sueño fue siempre volver a la madre patria cargados de riquezas. Por eso, mientras los conquistadores anglosajones destruyeron las culturas indígenas por completo, por considerarlas competidoras en la nueva tierra, los españoles doblegaron a los indios, los diezmaron, los humillaron y los aplastaron, pero no los destruyeron: Los dejaron sobrevivir como cultura marginal para poder explotarlos. Y esta es la causa de nuestros problemas sociales actuales: La creación de dos historias paralelas, la de los descendientes de los conquistadores y la de los descendientes de los indígenas.

Y los mismos intelectuales de la península justificaban el abuso, como lo prueba un escrito del letrado Don Juan de Castellanos:

“…Con perfecto derecho ejercen los españoles su dominio sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales, en prudencia,, ingenio y todo genero de virtudes y humanos sentimientos, son tan inferiores a los españoles como los niños a loa adultos, las mujeres a los varones, los crueles e inhumanos a los extremadamente mansos, los exageradamente intemperantes a los continentes y moderados, finalmente estoy por decir, los monos a los hombres…”

Todo esto se vio respaldado por medidas como la provisión de Carlos y el 26 de julio de 1529, cuando convierte en hidalgos a todos los que habían acompañado a Pharro en el Perú.

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