|Sábado, septiembre 20, 2014

Las Prácticas Evaluativas para el Momento Actual  

Dr. Álvaro Monterrosa Castro, M.D

Margarita Frias Utria
Enith Banco Agamez

Todavía son muchas las fallas, injusticias y desaciertos que a diario se cometen en la Educación, siendo principalmente en lo referente a la práctica evaluativa, a pesar de la existencia de los lineamientos ya trazados y presentes en la Ley General de Educación (Ley 115 de 1994), sus decretos reglamentarios y la resolución 2343, donde se adopta una evaluación por procesos. Este hecho se presenta ya que los docentes no han recibido una preparación suficiente para el adecuado y correcto manejo de esta modalidad evaluativa.

Las fallas se hacen evidentes cuando consideramos los siguientes aspectos:

• ¿Qué se evalúa? Se notará que únicamente se siguen evaluando contenidos conceptuales, conocimientos, muchas veces manejados al antojo del docente, teniendo en cuenta sólo los temas y sutemas de clase. Parece ser el único propósito de nuestro quehacer pedagógico.

• ¿Cómo se evalúa? En este sentido se ha avanzado un poco más, ya que a los cuestionarios, se le ha sumado la observación, la dirección, la participación del alumno y la intervención del grupo.

• ¿Con qué criterios? Usualmente sin tener en cuenta criterios preestablecidos. Generalmente sólo interesa la cuantificación del conocimiento.

• ¿Para qué se evalúa? Sigue siendo el mismo, el propósito es determinar si el estudiante puede ser promovido o no a un curso superior.

• ¿Por qué se evalúa? Por que es requisito establecido por el Ministerio de Educación.

• ¿En qué momento se evalúa? No obstante sabiendo que la evaluación debe ser permanente, se descuida este aspecto y se establecen ciertos períodos para evaluar, en forma de parciales y finales.

• ¿En qué condiciones físicas, psicológicas y académicas se encuentra el evaluado? Casi nunca hay interés en conocer las condiciones en que se encuentra el alumno. No interesan los aspectos físicos o psicológicos. Parece ser que lo único que debe tenerse en cuenta es la parte académica, como si todos los estudiantes tuviesen la misma oportunidad para asimilar los conocimientos.

• ¿Dónde se realiza la evaluación? En el salón de clases con el estudiante sujeto a un tiempo especifico. Los resultados de las evaluaciones suelen ser acosadas por la necesidad de las entregas de notas. Los apresuramientos generan evaluaciones no reales.

• ¿Con qué instrumentos? Con cuestionarios, con test, con preguntas estimuladoras de la memorización. Muy pocas preguntas de análisis y reflexión.

Durante mucho tiempo se ha manejado la evaluación sin que se conozcan a fondo las concepciones evaluativas. Se podría afirmar que de manera empírica se viene practicando la evaluación como un sistema de medición, expresada mediante calificación numérica. Como lo plantea Guillermo Torres Zambrano, son muchas las tendencias en las evaluaciones, pero en cuanto a la evaluación del aprendizaje no son manejadas por el docente, pero se han ido modificando con el paso del tiempo, hasta llegar al actual sistema de emisión de juicios valorativos.

Según la concepción pedagógica establecida por la ley 115, la evaluación debe ser un proceso continuo, global y globalizante, donde hay que tener en cuenta todos los aspectos del estudiante en lo volitivo, afectivo, cognitivo y psicomotor, como también lo referente al docente en cuanto a sus prácticas y metodologías pedagógicas, como también a los estamentos administrativos que deben crear los ambientes propicios para una adecuada actividad educativa y deben utilizar los resultados de las evaluaciones para encaminar correctamente el proceso, elevando y buscando la excelencia en la calidad del servicio educativo.

El paradigma pedagógico establecido por la ley 115 nos orienta hacia una evaluación por procesos, que permite renovar las practicas evaluativas como elemento dentro del proceso educativo. Es fundamental establecer logros que orienten el avance del conocimiento de los estudiantes en todas sus dimensiones, ya sean corporales, comunicativas, cognitivas, volitivas y estéticas. Uno de los autores que más ilustra este respecto es Carlos Cajamarca, quien plantea unas etapas para la consecución de logros.

Estas etapas son: (1) Conceptualización. (2) Comprensión dada por traducción, interpretación y extrapolación. (3) Anális is. (4) Síntesis. (5) Generalización. (6) Aplicación. (7) Valoración. (8) Decisión. (9) Verificación.

Se deben renovar las prácticas evaluativas, para cumplir lo establecido en la Ley 115. Se hace necesario aplicar un seguimiento continuo que facilite la dinamización de la toma de decis iones en procura de mejorar el proceso educativo. Por ende se requiere recurrir a una serie de elementos:

• Participación activa del estudiante en dinámicas de grupo: exposiciones, mesas redondas, etc., donde se haga posible la observación detallada y el anális is de la expresión oral, la cual será criterio fundamental para evaluar.

• Un criterio fundamental será estimular a diario la expresión escrita, por lo tanto se deberán establecer exigencias en la presentación de trabajos escritos como cartas, ensayos, resúmenes sobre comprensión de texto, elaboración de composiciones, etc., con el fin de afianzar el manejo de los códigos escritos.

Deben crearse espacios donde el alumno pueda auto evaluarse y pueda también evaluar al docente, contribuyendo al mejoramiento del desempeño pedagógico. Se hace necesario la presencia conceptual de los maestros, promover e incentivar el deseo de un cambio urgente en el quehacer del docente.

La evaluación se debe mirar como un proceso de medición, valoración y apreciación de nuestros estudiantes. Como sabemos, en la evaluación con base en procesos, se debe alcanzar los objetivos que sean trazados para lograr un comportamiento observable en todas las dimensiones del desarrollo humano. La evaluación deberá ser permanente, donde se establezca una mejor comunicación entre los estudiantes y el maestro. Donde el ideal es que los estudiantes conozcan desde los principios cuales son los criterios que se tomarán para la realización de la evaluación, donde el profesor además de ser una guía, sea un buen orientador de todos estos procesos. Teniendo claridad del por qué evaluar, para qué, con qué criterios y cómo evaluar.

Conviene aclarar que cuando se orientan las clases con énfasis en los procesos, permite al educador, sino conocer ampliamente, sí detectar en que condiciones físicas, psicológicas y académicas están nuestros alumnos, para facilitar una mejor práctica evaluativa, no olvidando que de acuerdo al estado de animo dependerá el resultado. Aquí conviene destacar que es básica la actitud que debe asumir el maestro ante estas situaciones, lo cual hace necesario un adecuado replanteamiento en las estrategias metodológicas a seguir, ya que en definitiva no es una situación ajena a su quehacer educativo.

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