|Jueves, octubre 23, 2014

Actitud y Aptitud Pedagógica  

Dr. Álvaro Monterrosa Castro, M.D

Nelson Cottiz Pereira

Es básico y elemental que un excelente pedagogo quiera y ame su trabajo. Cuando ponemos todo nuestro empeño en hacer bien nuestra tarea, estamos colocando un sólido cimiento en la construcción del saber.

Cumplida la anterior condición, se requieren de otros importantes atributos, aptitudes y actitudes que debe tener el maestro, para que su labor sea cada vez más fecunda. El maestro, en todos los niveles, desde el preescolar hasta el universitario, debe ser humilde, debe tratar de ser amigo de sus educandos, debe tener un alto concepto de colaboración y de responsabilidad. Debe tener una alta dosis de predisposición para el cambio, para evolucionar y no debe ser inferior, ni tenerle miedo a afrontar los nuevos paradigmas, aunque éstos se contrapongan con los esquemas tradicionales que él siempre ha manejado. El buen maestro debe armonizar y mejorar a diario tanto desde el punto de vista cualitativo como cuantitativo en sus conocimientos sobre su asignatura, con la puesta en practica de estrategias didácticas novedosas, dinámicas, participativas, que inteligentemente induzcan a sus alumnos a ser entes activos, que opinen, que interpreten, que construyan su conocimiento.

Pero, para que nuestro sistema educativo mejore, se necesita el bienestar del maestro y por consiguiente de su familia. Su salario deber ser digno, que le permita solucionar sus básicas y apremiantes necesidades, para que tenga el suficiente sosiego y tranquilidad espiritual para derramar en el estudiante todo su potencial de habilidades pedagógicas.

El maestro debe buscar su bienestar. Debe ser un vigilante y crítico analítico de las políticas que el estado desarrolle en educación. Debe proponer soluciones y plantear nuevas alternativas tendientes a valorar y hacer respetar sus actividades. Debe incursionar en el engranaje político y administrativo del estado y actuar como un catalizador positivo que genere propuestas que le brinden mejores oportunidades socio- económico – culturales, y de capacitación que le permitan optimizar su trabajo.

El docente debe reconocer sus falencias, colocarse por encima de los errores y animarle el más entusiasta y fervoroso deseo de hacer hoy y mañana las cosas mejor que ayer.

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