
LACTANCIA MATERNA EN EL PREMATURO
"Y
entonces, niño lindo, quiero darte lo que tengo en el alma...
Lleva contigo, en esta hora, con mucha fuerza y calor, aquello en
lo que me transformo para ti...
En el arco iris de amor,
Roberto Shinyashiki
Es variable el apoyo que ha recibido la utilización de la leche materna exclusiva, en la alimentación de niños prematuros o de bajo peso al nacer. En los últimos años se han generado múltiples debates, por lo que se aceptan sus beneficios frente a las leches de fórmula, entre ellos: la composición de aminoácidos, el contenido de ácidos grasos esenciales, la mejor disponibilidad de sus minerales traza, la menor carga renal de solutos y otros factores no nutritivos como sus características inmunológicas y antialérgicas, la tolerancia gastrointestinal (Lucas A. 1991) y especialmente su efecto protector frente a la enterocolitis necrotizante (Lucas, A. Y Cole, T. J. 1990).
El beneficio social y emocional de la lactancia como contacto inicial del niño y su familia, conforman otra de las grandes ventajas de su utilización. Estudios recientes han demostrado un coeficiente intelectual superior en 0.8 puntos en los niños pretérmino alimentados con leche materna, frente a los que nunca la recibieron. (Lucas A. Y col. 1992).
Se ha reconocido en la "leche pretérmino" una composición diferente, comparada con la leche de madres con niños a término durante los 30 - 40 días después del parto, (Atkinson y cols. 1978), esta diferencia radica en una mayor concentración de nitrógeno total, nitrógeno protéico, Sodio, Cloro, Magnesio, Hierro, Cobre, Zinc y mayor contenido de Inmunoglobulina A. (Lemons, JA. Y cols. 1982).
Las desventajas de la utilización de la leche materna en niños prematuros o de bajo peso están relacionadas básicamente con deficiencias teóricas de nutrientes como: Hidratos de carbono, Sodio, Calcio, Fósforo, Proteína, Triglicéridos de cadena media y Vitaminas.
Dentro de las propuestas para resolver estas dificultades cuantitativas de la leche humana, se ha propuesto la fortificación de la leche materna con Proteína, Calcio, Fósforo (Schanler R. 1991), y la suplementación de Hierro, Vitaminas A, D, E, K, Acido Fólico y Vitamina C. A pesar de estos los requerimientos de los prematuros alimentados con leche materna siguen siendo controversiales.
El niño debe recibir leche materna en las siguientes 48 horas de la extracción, por sonda orogástrica o nasogástrica, vaso, cuchara (Lawrence, R. 1989). Existen otros aspectos de la leche materna y su utilización en niños prematuros y de bajo peso al nacer, que ha sido necesario esclarecer. La evaluación de la diferentes formas de obtener la leche materna para los niños hospitalizados, ha permitido establecer que la mejor es la leche fresca de la propia madre del niño, obtenida por extracción manual o bombas, separando la leche inicial de la leche final obtenida 20 minutos después de la iniciada su extracción. Las razones que justifican este manejo son los estudios que han demostrado que en la leche obtenida de un mismo seno, al final de la mamada o después del amamantamiento, el contenido de energía y lípidos es 1.5 a 3 veces mayor que el de la leche obtenida en el mismo seno al iniciarlo (Woodward, D. Y cols. 1989). Estas leches deben ser recolectadas en recipientes plásticos diferentes, con estricta técnicas aséptica, almacenarse y refrigerarse protegidas de la luz.
Algunos autores sugieren que la leche administrada al niño prematuro y de bajo peso debe ser la leche del final, preferiblemente.
Para lograr una Lactancia Materna exitosa, en el niño prematuro es necesario estimular precozmente la Succión no Nutritiva, una vez iniciada la alimentación con sonda nasogástrica u orogástrica. Se ha demostrado que la Succión no nutritiva (SNN) o repetitiva actividad de la boca en presencia del pezón de la madre dentro de la boca del niño (Wolf, P. 1968), cumple un papel fisiológico importante en lactantes con menos de 1500 gramos. La SNN acelera la maduración del reflejo de succión, facilita la transición a la alimentación enteral total, reduce el tiempo de tránsito intestinal y produce aumento de peso más rápido, con lo cual se acorta el tiempo de hospitalizacón. (Bernbaum. J. 1983)
La utilización de vaso o cuchara para alimentar niños hospitalizados es una práctica difundida ampliamente con el fin de disminuir la parición del problema "confusión de pezón o patrón" frecuente en niños con períodos prolongados de hospitalización y alimentados con chupo, con lo que aumentan las dificultades en el entrenamiento inicial para amamantar (Osorno, J. 1992).
Son fundamentales para el éxito de la lactancia en prematuros, la motivación, educación y apoyo a la madre y su familia durante la hospitalización del niño, con el fin de que se mantenga la producción de leche mediante extracción manual cada 3 horas y para que asista al hospital e inicie el acercamiento al niño antes de iniciar el amamantamiento, en las unidades de recién nacidos.
La evaluación precisa y oportuna de la vía oral para determinar cuando iniciar el amamantamiento se puede realizar cuantitativa y cualitativamente. Dos criterios han sido propuestos recientemente para realizar la evaluación cuantitativa si la vía oral es exitosa, en niños prematuros hospitalizados, independiente de la edad gestacional, peso y volumen ofrecido:
La forma cualitativa de evaluar la actividad oral, incluye la observación del estado de alerta del niño, las respuestas táctiles, el control motor, la actividad oral motora, el control fisiológico y la coordinación de la succión/deglución/respiración. Una forma sencilla de realizar la evaluación de esta actividad, es introduciendo el dedo índice del examinador en la boca del niño, previamente protegido con un guante de látex (Marmet, CH. 1984).
Con el niño en estado de alerta, se observa inicialmente la posición, simetría y tonicidad de sus labios, la lengua no debe ser visible, se estimula el reflejo de búsqueda, tocando los bordes laterales, superior e inferior de los labios e introduciendo el dedo suavemente para colocar la pulpa del dedo en la línea divisoria entre el paladar duro y el paladar blando, con movimientos suaves del dedo hacia delante y hacia atrás, se espera que el niño inicie la succión para determinar la presencia o ausencia de signos de succión normal en las diferentes estructuras de la boca: labios, lengua, maxilar inferior y paladar (Glass, R. P. Y Wolf, L. S. 1994).
Aunque se reconoce el papel que juega la madurez en el desarrollo de la actividad oral motora, Meier y otros autores, consideran que la coordinación succión/respiración en prematuros sanos, puede aparecer tempranamente y es observable a partir de las 32 33 semanas de gestación (Glass, R. Y Wolf, L. 1994). Es esta una de las razones por las cuales se hace necesario el entrenamiento precoz de la madre y el niño, en las técnicas de amamantamiento de prematuros, antes del egreso del niño de las unidades de recién nacidos. (Chantal, L. Y cols. 1995).