HERALDO MÉDICO
HISTORIA DE LA MEDICIN
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Cirugía Plástica en el Hospital de San José |
Velpeau (1795-1867)
Jorge Ernesto Cantini A. MD.
Jefe del Servicio de Cirugía Plástica Hospital de San José
HISTORIA DE UN SERVICIO
“Los procedimientos quirúrgicos cuyo objetivo es la reconstrucción de mutilaciones o el reparo de defectos, constituyen el más brillante triunfo de la cirugía”.
Los cirujanos plásticos formamos parte de una especialidad cuya historia se remonta a cientos de años atrás, hasta los remotos tiempos de la prehistoria, donde el arte de curar nació como una reacción instintiva contra accidentes que requerían una acción individual e inmediata, o como forma de hacer frente a algo desconocido que había invadido a una persona. Durante mucho tiempo el bisturí de piedra abrió el cráneo de víctimas de lo que se creían posesiones de malos espíritus, mas el propósito de tales trepanaciones no era el de penetrar en la bóveda para ejercer una acción quirúrgica, sino el de permitir la salida al demonio invasor. La Cirugía Plástica se ha ido enriqueciendo gracias a las contribuciones que a esta disciplina han hecho innumerables hombres y mujeres, en diferentes épocas, de manera pública o anónima, unas como producto de la observación directa y natural de una situación, y otras, producto de la experimentación y el estudio juicioso de los fenómenos acaecidos; nos ha legado identidad y la responsabilidad de su continuidad y progreso (1).
La cirugía especializada comienza a aparecer cerca del año 1950 A.C. con los babilonios. En el Código Hammurabi se describe una cirugía correctiva para cataratas. En la India, Sushruta (600 A.C.) describe y realiza operaciones para la reconstrucción nasal y de los lóbulos auriculares, utilizando incluso colgajos cuyos principios se conservan en la técnica indiana, utilizada actualmente. (2).
Celso (25 A.C.-50 D.C.) utilizó el avance de colgajos; Galeno (120-200) dio gran impulso a las técnicas quirúrgicas durante el imperio romano. Pablo de Aegineta (625-690) estableció nexos con las escuelas árabe e hindú, y es considerado uno de los padres de la Cirugía Plástica, describió procedimientos para el tratamiento de fracturas nasales y de mandíbula, e inclusive de las hipospadias (3).
En el Renacimiento se destacan las familias Branca y Vianeo, en Italia, quienes posiblemente establecieron contacto con la medicina árabe, a través de la invasión a Sicilia. Sus trabajos se dirigieron hacia la reconstrucción nasal. En el mismo campo Gaspare Tagliacozzi (1545-1590), publica en 1597 De Curtorum Chirurgia per Insitionem, texto en el que expone sus procedimientos reconstructivos y describe su técnica para la reconstrucción nasal a partir de un colgajo tomado del brazo. Ambrosio Paré (1510-1590) define muy bien los principios quirúrgicos de la cirugía reconstructiva: “unir lo anormalmente separado, separar lo anormalmente unido, eliminar lo sobrante, reponer en su sitio lo que de ahí fue y corregir los errores de natura...”. En sus publicaciones se encuentran técnicas para la realización de suturas y para la corrección del labio hendido (4).
En los siglos XVII y XVIII inicia una de las épocas con mayores avances en rinoplastia, injertos, colgajos, z-plastias y corrección de deformidades congénitas. Es importante resaltar aquí los nombres de Carpue, Von Graefe, Serre, Dieffenbach, Reverdin, Sabbatini, Coper, Velpeau y Le Fort.
El término Cirugía Plástica fue utilizado por primera vez en el año de 1789 por Desault, posteriormente, el 1818, Von Graefe lo volvería a utilizar en su monografía acerca de la rinoplastia, publicada en Berlín en dicho año (5,6). Esta denominación define muy bien los dos principios básicos de la especialidad, que son la forma y la función, y la enmarca dentro de los términos de ciencia y de belleza, de lo funcional y lo estético, términos estos que definen al sujeto.
En Colombia, el Dr. Hernando Castro Romero nos ilustra sobre los primeros pasos de la Cirugía Plástica. El doctor Antonio Vargas Reyes realizó las primeras cirugías de labio y paladar hendidos en el año de 1847, y la primera resección de maxilar superior. El doctor José Vicente Maldonado repitió este procedimiento en Medellín, 18 años más tarde. En el año de 1879, los doctores Juan David Herrera y José Vicente Uribe resecaron por vez primera en Bogotá una mandíbula, por la técnica del Dr. Broca (1842). En esta intervención se realizó la primera transfusión de sangre venosa y viva en el país. Es importante recordar que la primera reconstrucción mandibular de la que se tenga noticia en el Colombia nos la relató don José María Cordovez Moure en sus memorias, sucedió en Barbacoas (Nariño) en 1822, inmediatamente después de la batalla en la que el entonces Capitán Tomás Cipriano de Mosquera, perdió parcialmente el maxilar inferior a causa de una herida por arma de fuego, y tuvo que ser reemplazado el segmento faltante con una pieza de oro. Las suturas de piel y mucosa se realizaron con crin de caballo.
En el siglo XX hay un punto crucial en el desarrollo de la Cirugía plástica, que es la Primera Guerra Mundial. En el campo histórico aparecen nombres como los de Morestin en Francia, Guillies en Inglaterra y Davis y Blair en Estados Unidos, que comienzan a dar forma y a presentar los nuevos conceptos de la cirugía plástica. Se comienzan a unir los trabajos aislados de cirujanos, otorrinolaringólogos, ortopedistas y oftalmólogos, dentro de una nueva disciplina que plantea otras formas de manejo del trauma y las deformidades, en la que se busca la recuperación de la forma y de la función, sin que una prime sobre la otra, dejando de lado la amputación como única solución, mejorando la calidad de vida como objetivo clave del tratamiento. En Europa y en América se dan a conocer los trabajos de Lexer, Ivy, Joseph, Aufricht, Safian, Passot, Noel, Sheeham, Smith, Kilner, Bunnell, Kazanjian, Fomon, McIndoe, Ragnell, Barsky, Dufourmentel, Nélaton, Esser, Veau, Maliniac, Converse, Sanvenero-Rosselli, Litter y otros. Hacia 1930 se inició a nivel mundial la organización integral de servicios de cirugía plástica en los hospitales, que incluían en sus actividades el manejo de heridas, quemaduras, la realización de injertos, colgajos, cirugía de la mano, maxilofacial, reconstructiva y estética. Se estructuró la enseñanza, ya que antes, como sucedía con otras especialidades, era necesario acudir a varios países y diferentes servicios para adquirir el conocimiento necesario, y lo más importante, despegó la investigación en estos campos, de manera integral, para desarrollar nuevas técnicas a partir de los principios aprendidos. Se diseñaron también aparatos y mecanismos que facilitaron los procedimientos y mejoraron su ulterior cicatrización, obteniendo mejores resultados en todos los procedimientos reconstructivos.
Veinticinco años después, una nueva guerra mundial, paradójicamente, aportó a la Cirugía Plástica, como a muchas otras especialidades y disciplinas, innumerables nuevos casos, nuevos desafíos dados en numerosos heridos, mutilados y limitados en sus funciones, listos a recuperar. Después de finalizado el conflicto se afianzó aún mas la especialidad, la figura de Sir Harold Gillies, padre de la Cirugía Plástica moderna logró integrar en su ejercicio profesional los principios adquiridos, sacándola del contexto reconstructivo en el que se venía desenvolviendo a finales del siglo pasado, para aplicarlos en las nuevas necesidades que planteaba el devenir histórico, como en la corrección de pequeños defectos, congénitos o adquiridos, que si bien, no afectaban directamente la salud del individuo si le perturban en la aceptación de su imagen, mejorando la forma, introduciendo a partir de la cirugía reconstructiva, la cirugía estética, dando origen a una nueva generación de cirujanos plásticos, con una visión y un horizonte diferentes. Bien habían caído en su corazón y en su mente las palabras pronunciadas por Sir Wiston Churchill en el Roya College o Physicians de Londres: “Llegarán tan lejos como ustedes se propongan...”.
Los médicos de la Sociedad de Cirugía de Bogotá, quienes fundaron su agrupación el 22 de julio de 1902, no fueron ajenos a estos nuevos conceptos y principios, su educación de postgrado en escuelas francesas, inglesas y americanas los pusieron en contacto con esta realidad y estos principios que trajeron al país a su regreso, se convirtieron en pioneros y líderes de una nueva forma de enseñar y practicar la medicina en Colombia. Nuevos conceptos de asepsia y antisepsia, manejo de heridas y técnica quirúrgica, permitieron afrontar con mayor seguridad los riesgos de la práctica para que los fracasos iniciales poco a poco se convirtieran en éxitos constantes, tal como nos lo cuenta el doctor José María Lombana Barreneche en el año de 1902 (2).
Como muestra del interés por aplicar los nuevos conocimientos y el deseo de un mejor desarrollo de su profesión nacen, entre otros, la Academia Nacional de Medicina, el Club Médico de Bogotá, la Sociedad de Cirugía de Bogotá, el Hospital San José y la Cruz Roja Colombiana. La construcción del Hospital se inició en el año de 1905, bajo la dirección y planos del arquitecto Pietro Cantini; la obra se inauguró el domingo 8 de febrero de 1925 (había recibido ya sus primeros pacientes en mayo de 1920). De esta época, referente a la especialidad, cabe resaltar la conferencia dictada por el doctor Zoilo Cuellar, en la sesión del 22 de agosto de 1914, en la Academia Nacional de Medicina, en la que hizo una larga exposición sobre el tema del transplante de tejidos y su alcance en el terreno de la cirugía (10). En 1931 fue invitado el doctor Tabernier, de Francia, para dictar en el hospital una conferencia sobre el tema de injertos heterogéneos. Desafortunadamente en las actas de la Sociedad no se incluye nada sobre los puntos tratados o el desarrollo de la conferencia, pero si se menciona que el doctor Tavernier asiste acompañado del doctor Latarget, y que a los dos se les concede el título del miembros honorarios de la Sociedad de Cirugía de Bogotá.
La primera cirugía de corrección de labio hendido por la técnica de Veau, la realiza en Cali el doctor Primitivo Iglesias, en 1922, en el marco de los nuevos conocimientos adquiridos por esa generación de cirujanos (8). Es importante aclarar aquí que la primera cirugía para el tratamiento de este tipo de anomalía congénita en Colombia la realizó en Antioquia a finales del siglo pasado el doctor Ricardo Rodríguez Roldán (9). En el año de 1928 regresó a Colombia el doctor Arcadio Forero, quien venía de formarse en Alemania, en el servicio del profesor Joseph, pionero de la cirugía nasal, quien dio las pautas y diseñó el instrumental para la realización de la rinoplastia moderna, allí es además alumno del doctor Leás, alumno del doctor Lexer, de quien aprende el manejo del trauma maxilofacial, y es condiscípulo del doctor Aufrich. El doctor Forero se vinculó al Hospital, e inició la cirugía estético-funcional de cabeza y cuello. Dentro de las cirugías que realizó cabe destacar rinoplastias estéticas, blefaroplastias, reconstrucción parpebral postquemadura, y rinoplastias de aumento, en las que utilizaba prótesis de marfil como injerto (8). En el año de 1929 publica su libro Cirugía Plástica de la Nariz (12).
Desde su ingreso fue miembro de la Sociedad de Cirugía de Bogotá. En el año de 1932, durante la presidencia del doctor Maximiliano Rueda, es nombrado miembro correspondiente, por estar residiendo fuera de Bogotá. En 1933 pone a consideración ante la junta directiva de Hospital, junto con los doctores Manuel José Luque, Lisandro Leyva, y Rubén García, un programa para cursos de entrenamiento en diferentes especialidades, el cual infortunadamente no se desarrolló en forma completa. El doctor Forero viajó en el año 1936 a Buenos Aires, donde ejerció por espacio de 20 años, fue uno de los pioneros de la cirugía plástica austral. Luego regresó al país para pasar sus últimos días. Una posible razón de su viaje a Argentina, según el doctor Antonio Vicente Carvajal, también cirujano plástico y miembro de la Sociedad, quien ejerce en Bucaramanga, recordada mas como una anécdota que como otra cosa puede explicarse así: “ ...Al regresar a Bogotá, el doctor Forero comenzó a anunciar en los teatros sus trabajos en cirugía plástica, con muy malos resultados en cuanto a la consecución de pacientes, lo que le achacó a la falta de cultura en las personas que no acudían a su consultorio por una rinoplastia...”. Se recuerda su asistencia al Congreso Internacional de Cirugía Plástica de la Habana en el año de 1956. En sus últimos años escribe el libro Historia de mi vida, en el que cuenta de forma amena su experiencia en el ejercicio de la medicina. Falleció en Bogotá en 1968. La Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica creó el Premio Arcadio Forero en memoria de este insigne precursor para exaltar los mejores trabajos presentados por los residentes en los congresos de la especialidad. En el Servicio han merecido este galardón los doctores Carlos Ramírez y Aníbal Mantilla, en el año de 1979 en Popayán durante el XVII Congreso Nacional, por su trabajo Colgajos musculocutáneos y su aplicación quirúrgica, el doctor Luis Eduardo Bermúdez, por su trabajo Colgajo del músculo bucinador, presentado en el XXIII Congreso Nacional de Cirugía Plástica, en la ciudad de Pereira en el año de 1991 y como Mención de Honor, los doctores Nicolás Ajkay y Juan Carlos León por la presentación de su trabajo sobre Expansión secuencial de piel de cabeza y cuello en el XXVI Congreso de la Sociedad, que en 1997 se realizó en Cartagena de Indias. La Sociedad le había dado el nombre de Arcadio Forero a uno de los pabellones del Hospital San José, ahora desaparecido luego de las reformas físicas del edificio.
Después del doctor Forero, asiste como cirujano plástico al Hospital de San José el doctor Delfín Borrero, egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, en donde obtuvo su título en 1942. Viajó a los Estados Unidos en donde estudió cirugía plástica en la Clínica Mayo por un periodo de dos años, y posteriormente viajó a Baltimore, en donde se entrenó en prótesis, en el servicio de la Administración de Veteranos de Guerra de la Universidad de Maryland. Regresó al país en el año de 1949, y se vinculó al Hospital de San José como cirujano adscrito de la especialidad. Trabajó en el servicio hasta el año de 1964. El aspecto más importante de su actividad se centró en el difícil arte de la confección de prótesis. Ocupó en dos oportunidades la presidencia de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica. Acompañó al doctor Borrero, aunque en forma esporádica el doctor Juan Ruiz Mora, quien se especializó en Estados Unidos en ortopedia y cirugía plástica en el Hospital For Special Surgery de Nueva York y en la Clínica Mayo de Rochester. El doctor Ruiz Mora fundó en noviembre de 1947, en asocio con Elvira Concha de Saldarriaga, Gustavo Páez Quiñones y Alvaro Zea Hernández, el Instituto Franklin Delano Roosvelt, al cual le dedicaría su vida, abandonando poco a poco el ejercicio de la Cirugía Plástica, para dedicarse a la ortopedia infantil. Es uno de los médicos fundadores de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica. Diseña una técnica quirúrgica que lleva su nombre, para la corrección de la deformidad en martillo del segundo artejo. Murió en Bogotá, el 7 de enero de 1990 (8,13).