HISTORIA DE LA MEDICINA: NOTAS SOBRE LA HISTORIA DE LA MEDICINA EN COLOMBIA
(I Parte)

Nestor González, M.D. * 

 

INTRODUCCIÓN

Las siguientes notas sobre la Historia de la Medicina en Colombia, no pretenden compendiar en tan pocas palabras la materia que ha sido objeto de cuidadoso estudio por notorios historiadores, sino ubicar el contexto histórico de nuestro desarrollo particular para contribuir a la comprensión de nuestra particular esencia, logrando los objetivos, que con acierto Don Pedro Entralgo reconoce como justificadores del estudio de la historia de la medicina y que se sintetizan en dignidad, claridad, instalación en el presente, libertad y originalidad.

A lo largo del tiempo se han designado como nobles a aquellos que con sus propias acciones o las de sus antepasados han modificado el curso de la historia. El ser noble implica el poseer una dignidad particular, que se basa en la acción, y que se tiene en tan alta estima, que incluso hay quienes consideran hereditaria; en otras palabras capaz de trascender la misma limitada vida de sus portadores. "La nobleza de sangre – como dijo Monseñor Rafael María Carrasquilla – ajena a nuestras Republicanas instituciones ha sido reemplazada por una más valiosa, la nobleza del alma", y en este sentido la historia permite a aquellos que la conocen ser justos herederos de la dignidad de los hombres que en una determinada rama del saber han influido en su devenir. Quien no conoce el pasado de su profesión, no podrá comprender la nobleza de su labor.

Adicionalmente, el saber la historia de una actividad, brinda elementos que clarifican la razón de ser de lo que hoy se considera cierto, explica porque algo es de un modo y no de otro. Por otra parte, no sólo clarifica el " por qué", sino que ubica en el "qué", permitiendo conocer con seguridad el esto presente de una ciencia, sin confusiones con respecto a lo que es pasado o aún esperanza del futuro. Esta instalación en el presente es determinante para dar el paso hacia el futuro, es como partir en la carrera justo en la línea de salida y no algunos pasos atrás.

La historia es una ciencia cuyos procesos no se rigen por reglas de escrito cumplimiento, sino que es el reflejo del complejo contexto en el que se desenvuelve el hombre y la sociedad. A diferencia del conocimiento técnico que podría creerse señala límites ineludibles, explícitamente la historia los rompe. Con la historia se dota al conocimiento de un sentido de libertad indispensable para andar en el campo verdadero de la ciencia.

Finalmente, producto de deliberar libremente, de cuestionar el conocimiento en lugar de venerarlo, de reconocer en donde está y la digna estirpe de donde se viene, surge la "opción a la originalidad" que responde al ¿ podría yo hacer lo mismo que los que me precedieron? con una afirmación que se torna en responsabilidad para el hombre de ciencia.

Daremos con esta esencia un recorrido por la Historia de la Medicina en Colombia. 

ORIGENES

"Y aquí y en toda la isla son todos verdes y las hierbas como en el Abril en Andalucía; y el cantar de los pájaros que parece que el hombre nunca se querría partir de aquí, y las manadas de los papagayos que oscurecen el sol, y aves y pajaritos de tantas maneras y tan diversas de las nuestras, que es maravilla... Aquí conocí del lignaloe y mañana he determinado de hacer traer a la nao diez quintales, porque me dicen que vale mucho".

Domingo 21 de Octubre de 1492
Diario deColón
Biblioteca Nacional de Madrid

Ante la visión de Europa, hecha ojos de Colón, la anterior es la primera referencia de un aspecto médico en estas tierras, e inevitablemente surge ligada a asuntos mercantiles: la importancia de colectar el costoso aloe. El Diario de Colón, primeras palabras romances surgidas en las costas antillanas no sólo son primicia de la literatura castellana en América, sino que son inequívoco reflejo de la dual intención de la expedición, por un parte la conversión de "tantos pueblos caídos en idolatrías y sectas de perdición" y por otra la recolección de tantas riquezas, particularmente oro, como fuera posible.

El marinero transformado en poeta épico por la magnificencia de una América majestuosa, captó en sus palabras la "dulzura de los vientos" de sus soñadas indias, al tiempo que describía el necio afán por la consecución del oro. El carácter en la personalidad de Colón más notorio que su coraje para comandar una flota condenada a hundirse en las fauces de alguna suerte de dragón centinela aguardando hambriento en el "borde del mundo", es su sensibilidad ante la hermosura de América y sus gentes. Lo mismo habla de "peces hechos como gallos de los más finos colores del mundo", que de "muchos de estos hombres, todos mancebos, todos de buena estatura, gente muy hermosa con los cabellos no crespos, salvo corredios y gruesos, como sedas de caballo. Y los ojos muy hermosos y no pequeños. Y ellos ninguno prieto, salvo del color de los canarios, con las piernas muy derechas, todas a una mano, y no barriga, salvo muy bien hecha. "Colón descubre en su integridad América, aunque nunca lo reconoce; pinta con sencillas palabras los tonos de una tierra policroma y a la vez señala con matices grises en su relato lo que se convertirá en la sentencia de estos hombres que a su paso halla, la ambición febril que omnubilaría la mente de muchos de los peninsulares que en ese y posteriores viajes vendrían, haciéndolos enceguecer por el brillo dorado al espectro de colores de las culturas que habitan América.

La destrucción y el avasallamiento borraron con sentimientos de culpa los conocimientos de los aborígenes americanos, por lo que la reconstrucción de su historia se ha tenido que elaborar fundamentalmente a partir de exploraciones arqueológicas. Pocos grupos tenían escritura y en los que hubo, está feneció ahogada por las llamas que veía invocaciones paganas en las observaciones astronómicas, como ocurrió con los tristemente desaparecidos códices mayas. Adicionalmente, los cronistas de indias hacen pocas alusiones de aprecio por las cosas indígenas, distintas a sus posesiones de oro y bienes semejantes. Por lo tanto las fuentes de los orígenes de la historia general y, por supuesto, de la historia de la medicina, son de dos tipos: arqueológicos y tradicionales, estos últimos de los escasos grupos indígenas subsistentes.

Nuestros aborígenes habían alcanzado algún grado de desarrollo a la llegada de los conquistadores, con algunos conocimientos astronómicos, de agricultura, de anatomía y medicina empírica.

Así mismo poseían una estructura social jerárquica, con distinción de poderes y oficios. Estaban inspirados en una hermosa mitología que les permitía una armoniosa convivencia social y con su entorno natural. 

Con la fuera de su luz,
El Sol creó el Universo,
Y le dio vida y permanencia,
También creó el jaguar
Con el color de su poder,
Y la voz del trueno,
Que es la voz del Sol.
Le dio al oro su fuera y su luz,
Y al Shaman,
El poder de proteger a los hombres.
(Mitología Kogui)

En el viejo Continente el período Neolítico concluyó aproximadamente hacia el año 4000 a.C., con los trabajos de cobre que señalan el comienzo de la Edad de los Metales. En América, por su gran abundancia, empieza a trabajarse el oro hacia el siglo XV d.C., del cual nuestros antepasados dejaron hermosas producciones.

Pero su evolución se interrumpió en este momento por la llegada de Colón, lo que nos permite ver la diferencia de más de 5000 años en los desarrollos de las dos culturas que se encontraron.

Desde el punto de vista médico los conocimientos de nuestros antepasados son en muchos aspectos semejantes a los del período neolítico. Se asigna un origen "externo" a las enfermedades, esto requiere una explicación adicional, porque de primera mano hubiera podido afirmar "sobrenatural", en lugar de "externo" y hubiera cometido ciertamente un error, pues estaría juzgando la causalidad externa de la enfermedad desde nuestro punto de vista y no del que tenía en medio de los aborígenes. Dentro del pensamiento indígena, como lo expresa el profesor Reichel Dolmatoff, hay "un solo medio ambiente, un solo contexto dentro del cual existe el individuo como miembro de un sistema social, y en este contexto se supone que hay múltiples agentes patógenos, tanto visibles como invisibles, que forman un conjunto peligroso y amenazador". Por lo tanto, es inútil pretender una distinción entre causas naturales y causas "sobrenaturales" o "mágicas", pues ante la visión del indígena no existe en general dicha distinción, todo es natural.

La medicina era ejercida por individuos seleccionados en quienes se fundía la labor sacerdotal con la médica por el carácter de comunión ecológica y social que predominaba en la estructura de las comunidades indígenas. Los grupos Tayrona, Colimas y Panches los denominaban Mohanes o Noamas, y realizaban sus prácticas en unas casas especiales destinadas para ello, que los españoles llamaban "Bujíos del diablo". Allí mismo se encerraban por períodos variables de tiempo a los delincuentes. Los Muiscas daban a sus médicos-sacerdotes el nombre de "Ogque", que por eufonía los españoles cambiaron a "Jeque".

Ellos recibían una educación especial por varios años, en una suerte de seminario o convento en Chía, llamado "Cuca", donde eran instruidos por indios mayores. Entre los Tukano y Kogí, los médicos se denominaban Shamanes, mientras que en los grupos del litoral pacífico se denominan Jaibanás o Nieles, independientemente del nombre asignado, el shamán emerge en medio de las culturas indígenas como un individuo de unas particulares condiciones que le permiten percibir el orden de su entorno, en el cual se encuentra incluido el estado de salud de los demás indígenas y que tiene la sabiduría para emprender medidas que permitan restablecer la armonía cuando esta se pierde. Los shamanes aborígenes, incluyendo por supuesto a aquellos que perduran en nuestras actuales comunidades indígenas, están lejos de la charlatanería y constituyen una fuerza legítima y poderosa en el control y administración de los recursos naturales de las comunidades indígenas, al ser poseedores de una amplia gama de conocimientos que los hacen responsables de la supervivencia de sus sociedades, responsabilidad que ciertamente asumían y aún hoy enfrentan.

El diagnóstico era realizado por medio de prácticas adivinatorias que frecuentemente iniciaban con un cuidadoso interrogatorio que consideraba las costumbres alimentarias y del modo de vida, tales como la actividad física, la cacería, pesca o agricultura, las relaciones de pareja o parejas y el cumplimiento de los ritos religiosos. Adicionalmente el shamán realizaba una detallada observación del enfermo, al que tocaba y olía en busca de pistas que le indicarán de dónde provenía el desorden. Entonces ayudado con algunas substancias alucinatorias entraba en trance o hacía entrar al paciente en medio de cantos rituales para desentrañar de los misteriosos sueños que así acontecían más datos que unidos a los ya aprendidos con la experiencia y a los averiguados previamente revelaran la etiología de la enfermedad.

En algunos casos, como entre los Tukano, la diagnosis es la terapia misma y la luz que discierne de las visiones y signos interpretados en sí misma la solución, pues hace consciente al paciente del desorden y la persona buscando el orden perdido curará. En otros casos se requería una intervención mayor, muchas veces considerada de menor jerarquía para un shamán (cultura kogí), pero que se realizaba orientada por él.

Aquí se hace importante una terapéutica basada en el conocimiento empírico de la utilidad de algunas plantas. Fray Pedro simón describe en las Noticias Historiales de las Conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales esta aproximación terapéutica en la grave herida que sufrió Nemequeme, señor de Bacata, en la cruenta lucha contra Quemuenchatocha, señor de Tunja:" fue llevado donde los jeques, que también se preciaban de médicos y de que anduviesen juntos los dos oficios (médicos y sacerdotes) porque conocían unas yerbas buenas para las heridas de que hay tantas en esta tierra, y para otras enfermedades a que también acudían usando de mil ridículas ceremonias entre las aplicaciones que hacían de ellas.."

Este tipo de medicina se mantuvo por siglos en nuestras tierras y el afortunado conocimiento botánico aborigen sirvió para mantener la salud de los pobladores. También realizaron con carácter ritual algunas intervenciones quirúrgicas, como la testifican cráneos trepanados muiscas y sin duda, debieron inmovilizar fracturas y extraer cuerpos extraños con pericia.

En las primeras incursiones conquistadores en nuestro territorio no venían individuos peritos en medicina. Sin embargo, con la conquista, llegaron algunos conocimientos principalmente de cirugía, traídos por soldados con alguna experiencia militar. Ejemplos son el capitán lusitano Antonio Díaz Cardoso y el soldado Martín Sánchez Ropero, ambos acompañantes de Gonzalo Jiménez de Quesada, aunque ninguna graduado en Medicina. En el libro Los Fundadores de Bogotá, de Raimundo Rivas, se cuenta de las habilidades quirúrgicas de don Antonio Díaz Cardoso, quien "dio una prueba de sus múltiples cualidades, en el curso de una de esas entradas a la Sierra de Santa Marta, y que fue la de curar a un soldado apellidado Bermejo, a quien el alférez Antón de Olaya hendió la cara de una tremenda cuchillada por no haber obedecido la orden, dada por el capitán Suárez, de cerrar pronto las filas".

De los aportes bilaterales se establece una práctica médica llevada a cabo por curanderos y flebotomistas. Un curandero famoso de la época fue Juan Sánchez, de origen indio al que llamaba "cirujano", posiblemente por ser él uno de los que practicaban sangrías.

No surgen intereses que pudiéramos titular de investigación, sino puramente asistenciales, con excepción de las observaciones de Diego Alvarez Chanca, en quien tenemos que identificar al iniciador de la investigación científica en América, aunque no en nuestro país.