El
estado postmenopáusico como factor de riesgo que afecta a la salud de la mujer
La menopausia, la transición que sufren las mujeres de la etapa reproductiva a la no
reproductiva de la vida, se caracteriza por
el cese de la menstruación, y se presenta a una edad media cercana a los 50 años. Si
consideramos la expectativa de vida
actual de unos 80 años, las mujeres norteamericanas pasan aproximadamente la tercera
parte de su vida en estado
postmenopáusico. Así pues, hoy día el potencial de efectos crónicos del estado
postmenopáusico sobre la salud de la mujer es
sustancialmente mayor de lo que era a principios de siglo, cuando la expectativa de vida
promedio era considerablemente más
corta.
Los estudios clínicos y epidemiológicos realizados han demostrado que el estado
postmenopáusico constituye un importante
factor de riesgo para al menos dos trastornos crónicos: la enfermedad cardiovascular1-2 y
la osteoporosis3-4, que son
importantes causas de mortalidad y morbilidad en las mujeres. La enfermedad cardiovascular
es la principal causa de muerte
en las mujeres5. Las mujeres premenopáusicas están relativamente protegidas de la
enfermedad cardiovascular en comparación
con los hombres; sin embargo, esta protección se pierde gradualmente después de la
menopausia6. Más aún, la aparición de la
enfermedad cardiovascular se precipita debido a la menopausia quirúrgica prematura2. La
osteoporosis está presente
aproximadamente en una de cada cuatro mujeres mayores de 65 años7, y la aparición de la
deficiencia que la distingue, la
densidad mineral ósea baja, también se acelera debido a la menopausia quirúrgica
prematura4. Aunque las fracturas óseas
osteoporóticas no contribuyen de manera sustancial a la mortalidad, representan una causa
significativa de morbilidad en la
mujer, incluyendo el dolor, la pérdida de talla y, en algunos casos, fracturas
vertebrales. En el caso de las fracturas más graves,
por ejemplo la de cadera, con frecuencia es necesaria la hospitalización. De acuerdo con
estas consideraciones, resulta
evidente que un manejo terapéutico eficaz del estado postmenopáusico va a constituir la
piedra angular en las estrategias para
proteger o mejorar la salud de la mujer en el siglo XXI.
La etapa postmenopáusica se caracteriza por cambios en las concentraciones de hormonas
sexuales circulantes. De ellos, el de
mayor impacto es la reducción plasmática de 17-estradiol (Fig. 1), al menos del 10% de
los valores previos a la menopausia.
De acuerdo con esto, se han llevado a cabo considerables esfuerzos en materia de
investigación para establecer el papel que
desempeña la carencia de estrógeno en las secuelas crónicas de la menopausia. Además,
se sigue explorando activamente el
tratamiento estrogénico (sobre todo en combinación con progestina como TRH), que se
inicia principalmente para aliviar los
síntomas perimenopáusicos tales como bochornos y sequedad vaginal, en centros de
investigación académicos y farmacéuticos
para demostrar su eficacia con una mejoría en el cumplimiento para la prevención y el
tratamiento de complicaciones
postmenopáusicas crónicas tales como la osteoporosis y la enfermedad cardiovascular.
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