Las Historias Infantiles al Tablero
La literatura infantil en el papel de la formación

A los niños se les cuentan cuentos
para que a su luz pura y amable
se despierten y crezcan los primeros pensamientos y anhelos del corazón;
Pero ya que a todos puede llegar la sencilla poesía y la verdad de los cuentos,
y ya que estos deben permanecer en el seno de la familia
y transmitirse dentro de ella, se les llama también cuentos del hogar.

Jacob y Guillermo Grimm, 1812
Cuentos de Los Hermanos Grimm

La formación y la guía de la infancia en valores, costumbres, conocimientos y maneras de vivir en el mundo es una de las grandes responsabilidades que adquiere una sociedad, “fallar en esta trascendental misión, en el ámbito familiar y colectivo, podría equivaler a desaparecer como familia o como pueblo”[10].

La tradición oral y la palabra escrita son algunos de los elementos que el hombre ha utilizado para dar cuenta de la historia de la humanidad y por ende transmitirlo a sus descendientes. Es así como la literatura se convirtió en una herramienta pedagógica.

La lectura y la escritura son elementos fundamentales para el desarrollo integral de las niñas y los niños, y además posee un gran valor social, por esto los formadores y los padres de familia se esfuerzan en inculcar la literatura en la infancia.

Sobre el tema Irene Vasco, escritora colombiana y fundadora de Espantapájaros Taller plantea que si sus universos no han sido nutridos con libros y con afecto, los estantes serán desocupados de inmediato, y los libros servirán para cualquier cosa menos para “leer”. Serán pisoteados, mordidos, mutilados... Los adultos gritarán, los niños llorarán y la biblioteca se convertirá en el lugar menos apetecido por niños y adultos.” [11]

La literatura cumple su objetivo de crear actitudes críticas, dar elementos de juicio y reflexión, mejorar las habilidades de expresión, generar sed de conocimiento y abrir el camino para lograr  una mejor compresión social en el ámbito escolar si el vínculo con la palabra se crea desde el afecto, y este proceso se inicia según, Henry Villalba de la Fundación Rafael Pombo, desde la primera infancia por medio de las canciones de cuna, los cuentos y las poesías ricas en sonoridad y frases ‘pegajosas’.

Mercedes Falconí Ramos, psicóloga y directora del Centro Ecuatoriano de Literatura Infantil, sobre este tema concluye “a los niños, en resumen, no les interesan las técnicas. Ni las carpinterías, ni los análisis literarios. No entender esto es levantar muros académicos en la ciudadela de la creación. Es ponerle puertas al campo. Es separar con el frío alambre erudito y pedagógico, los territorios de lo mágico. Acciones que finalmente terminan aislando al niño del libro y la lectura.” [12]

 

LA LITERATURA INFANTIL PIDE LA PALABRA

Los cuentos e historias infantiles mezclados con excesiva fantasía intentaron, hasta hace tres décadas aproximadamente, generar en sus lectores patrones sobre valores morales o comportamientos sociales por medio de las moralejas, un ejemplo de esto es la fábula. Los niños y las niñas eran enmarcados en el estereotipo del personaje “celestial y bondadoso, sumergido en un mundo idílico que reflejaba una mirada nostálgica de quien ha perdido esa ‘edad dorada”[13]

Esta premisa interpeló a los escritores de literatura infantil que durante muchos años crearon historias con el objetivo de plasmar en sus narraciones una cierta utilidad para sus lectores olvidando, como lo afirma Henry Villalba, que “la literatura es goce para conocer el mundo y no tiene que enseñar, la literatura de esta manera es un divertido ejercicio para desarrollar la imaginación.”

Pero aunque la literatura infantil no signifique actualmente pedagogía, Graciela Prieto, coordinadora de la biblioteca infantil y juvenil de la Dirección de Infancia y Juventud del Ministerio de Cultura, aclara que “esta si posee una carga axiológica, pues en los personajes de las historias para niños y niñas, tanto reales como imaginarios, enfrentan situaciones en las cuales deben tomar decisiones; y que generan a los lectores una referencia para actuar de la misma manera en situaciones similares a las narradas, y ese hecho es más frecuente cuando los niños y las niñas logran grados de identificación con los personajes.”

Es decir, la literatura infantil no proporciona una formación dirigida como era el objetivo de antiguas tendencias, esta formación se genera cuando los cuentos y las narraciones abren el universo de los niños y las niñas, enfrentándolos a muchos otros mundos posibles no sólo imaginarios, sino cotidianos en donde los lectores puedan identificarse, reconocerse y sentir nuevas experiencias. Para Beatriz Helena Robledo, profesora, investigadora y directora general de Taller de Talleres, “lo  fundamental es lo que le pasa a los lectores y lectoras cuando se encuentran con una historia literaria, no lo que sucede en ella.”

La literatura es una experiencia de vida a través del lenguaje, es un medio para conocer el mundo por medio del goce. Si los niños y las niñas tienen la oportunidad de conocerla desde esta perspectiva su formación como lectores los convertirán en investigadores asiduos, oradores y escritores propositivos, estructurados y rigurosos, pero sobre todo,  obtendrán una gran capacidad para imaginar y para soñar.

Zona de creación
Niñas y niños del Caquetá y del Meta utilizan la palabra como una forma de combatir la guerra.

La literatura sirve para despertar sueños, alegrar tristezas y hasta para llamar a la cordura con la locura de la palabra. Pero ¿la literatura también puede combatir la guerra? A esta pregunta le encontraron respuesta 2.175 niñas y niños, quienes vieron  en la escritura de sus textos una forma de decirle no a la guerra y de rechazar las actitudes violentas a través de la palabra.

Estas niñas y niños forman parte del proyecto “Escribir para combatir la guerra”,  que se realizó en la zona norte del departamento del Caquetá, y  en la región del Ariari y de la Macarena en el departamento del Meta. En el Caquetá estos talleres se desarrollaron en los municipios de San Vicente del Caguán, Puerto Rico, El Paujíl, La Montañita, Milán y Florencia; en el Meta se llevaron a cabo en las poblaciones de la Uribe, Vista Hermosa,  y la  Macarena. Algunos de estos lugares hacen parte de la zona de distensión.

Este proyecto fue desarrollado a través de un convenio entre el Ministerio de Cultura y el Alto Comisionado para la Paz. La ejecución del taller estuvo a cargo de la Dirección de Infancia y Juventud del Ministerio de Cultura,  y contó con la colaboración de los Fondos Mixtos de Cultura de los departamentos de Meta y Caquetá y las alcaldías  de los municipios participantes.

“Escribir para combatir la guerra”  forma parte de los proyectos que se realizan desde Rocin (Red de Organizaciones Culturales  de Infancia)  que coordina la Dirección de Infancia y Juventud del Ministerio de Cultura. De acuerdo a Mariela Zuluaga, escritora  y quien coordina este proyecto  a nivel nacional, “el objetivo primordial es trabajar conjuntamente con la población  colombiana  para que mediante talleres permanentes de literatura, adquieran placenteramente la destreza necesaria en el manejo del lenguaje escrito y lo utilicen  como instrumento de reflexión, de creación, de conversación y desde luego de memoria- reflejo de su identidad cultural”.

Este espacio de creación literaria se inició a principios del año anterior, y  contempla las etapas de capacitación, reedición y socialización de la experiencia. En la etapa de capacitación, La Dirección de Infancia y Juventud sensibilizó en el área de literatura infantil a 82 docentes procedentes de todos los municipios participantes. Posteriormente, en la etapa de reedición,  estos maestros replicaron y continuaron con los talleres en sus poblaciones con 20 niñas y niños.

La tercera etapa fue la socialización de la experiencia, en ella se realizaron encuentros, tertulias y conversatorios en las que niñas y  niños tuvieron la oportunidad de presentar sus trabajos; esta fase terminó con la publicación de revistas y boletines con los poemas, cuentos y escritos de los niños participantes. “Esa fue una experiencia muy bonita sobre todo ese encuentro de 8 días, los niños  hablaron, escribieron sin ningún problema, todo muy chévere, libremente expusieron sus cosas, propusieron sus trabajos, inclusive ahora vamos a publicar los frutos de ese encuentro y de los talleres en una revista”, dice Oscar Londoño, Coordinador del proyecto en la zona del Ariari en el Meta.

En los cuentos,  poemas y cartas las niñas y los niños expresaban sus sentires frente al entorno, a su familia y a una serie de circunstancias que los afectaban, todos estos escritos se recopilaron en revistas como “Escribir para combatir la guerra”, producida por las niñas y niños del Caquetá y “Raudal de letras” elaborada en el municipio de la Macarena, publicaciones que se distribuyeron en varios encuentros de cultura de todo el país.  Sara Córtes, coordinadora de este proyecto en la zona de la Macarena en el Meta dice respecto a este material “los niños y niñas no podían  creer que lo que ellos escriben se publique, los padres de familia nunca pensaron la posibilidad de ver publicado algo de sus hijos en una revista, esto era una meta inalcanzable”.

Diana Patricia Amaya, de 13 años de edad del municipio del Paujil, cuenta sobre los temas de los cuales le gusta escribir: “algo sobre el hombre, el planeta, la naturaleza, la contaminación, el agua, la violencia, los valores, y otros trabajos que realizamos…”. También en los escritos de las niñas y los niños se reflejó mucho el arraigo hacia su tierra.

El miedo a la guerra también fue una de las temáticas recurrentes, así lo dice Beatriz Díaz, que participó como docente en el municipio de Paujil, “Ellos escribían mucho sobre lo del despeje, sobre lo del conflicto armado, ellos dibujaban mucho  las armas lo que estaban viendo en su entorno, en su municipio, también dibujaron mucho el Paujil que es el ave del nombre que lleva nuestro municipio, ellos dibujaron y escribieron mucho sobre eso”.

La literatura también se convirtió en un camino para mejorar las relaciones intrafamiliares,  como lo dice la niña Nelly Elena Téllez, de doce años de edad, del municipio del Paujil, “Yo hice una carta y se la dirigí a mi mamá y le decía que yo la quería mucho, que me gustaba la forma en que me educaba, también que me siguiera brindando el apoyo que me ha brindado hasta ahora para seguir adelante”.

Las ideas, la creatividad y la imaginación de las niñas y los niños se revistieron con palabras y con metáforas para demostrar que es posible vencer el miedo de la guerra a través de la literatura. “Yo pienso que la literatura sí puede cambiar el punto de vista de lo que es la guerra, Ellos (las niñas y los niños) pueden deshinbirse de muchas presiones que causa la guerra, sobre todo en los municipios que no están  en la zona de distensión como tal”, dice Wbeimar Herrera, coordinador regional de “Escribir para combatir la guerra” en la zona norte del Caquetá.

Oscar Londoño añade que la literatura juega un papel importante en la comunidad, porque permite un ejercicio de catarsis y liberar tensiones de uno y otro lado, para generar posteriormente encuentros.

 

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