|
|
El
lugar de las estrellas
Por:
Adriana Patricia Suárez Mejía
Una
noche, cuando Julián estaba mirando las estrellas desde su cama
para quedarse dormido y poder tener sueños luminosos, comenzó
a llover con furia inusitada.
Augusto
se asombró mucho cuando las nubes agolparon rápidamente arriba
de su ventana, así que cerró la cortina y se metió bajo las
cobijas, temblando de miedo y esperando a que terminara de
llover. Pero mientras esperó se quedó dormido.
Al
siguiente día seguía lloviendo con menos furia, pero con
las mismas nubes. Ya era la segunda noche con el cielo
encapotado, desbordando agua por todas partes y a todas partes,
oscurecido y temible. Para Augusto se estaba convirtiendo en una
pesadilla quedarse dormido ahora que no estaban sus estrellas.
La
siguiente noche Augusto ya estaba preparado para superar la
realidad: había construido su propia estrella de trapo. La colgó
frente a su ventana y se quedó mirándola mientras se dormía.
Pero su estrella no brillaba, y el miedo se había metido
nuevamente en la cama y en las pesadillas sonoras de Augusto.
La
cuarta noche, Augusto no quería entrar a su cama ni apagar la
luz de su cuarto. De pronto, mientras le daba la espalda a la
ventana, entró su madre y puso en sus manos una caja llena de
luces pequeñas que junto a ella fue pegando en la ventana.
Ahora su estrella de trapo brillaba al igual que sus lejanos
astros rutilantes.
|