|Domingo, abril 20, 2014

Pintura Barroca  

*Mónica Duarte Romero
*Hematooncóloga. Jefe de la Unidad de Trasplante de Médula Ósea

El barroco ha sido un periodo de la historia del arte muy definido por sus grandes contrastes, generando cambios radicales en los conceptos humanos, científicos, religiosos y artísticos, que a su vez afectan todas las manifestaciones del arte.

El término barroco viene del neologismo portugués barroco que significa perla deforme, irregular, grotesco, lo que en sí mismo implica una connotación negativa. La intención de los críticos de finales del siglo XVII era ridiculizar las tendencias artísticas de desafío a las formas clásicas y esta permanece casi por dos siglos, porque además representa un periodo político y económico definidos. Con el paso del tiempo esta actitud se modifica y en particular en el siglo XX, se le da una mirada muy diferente a este productivo periodo de la historia.

Del siglo XVII se dice que se caracteriza porque “el hombre ve el mundo con nuevos ojos”. Esta acepción de la época tiene sus fundamentos en los grandes cambios surgidos a partir de los nuevos conceptos de la ciencia física, que comienza con Copérnico, Kepler y Galileo hasta Descartes y Newton. La tierra deja de ser el centro del universo y es desplazada por el sol, dando lugar a nuevas relaciones entre la física, la matemática y la geometría.

Situando así el barroco dentro de su contexto histórico, nos encontramos ante otros eventos que enmarcan el desarrollo de las artes en una Europa fragmentada tanto en política como en religión y por ende culturalmente. Se inicia en el siglo XVII como parte de la evolución del renacimiento o mejor como respuesta al manierismo, en el que se pasa de un concepto humanista a un resurgimiento de la importancia de lo religioso.

La situación religiosa y espiritual del momento había atravesado una gran crisis en el siglo XVI. La religión católica venía decayendo en su popularidad; necesitaba reforzar la fé de sus fieles, recuperarlos y en lo posible vincular nuevos adeptos. La iglesia aprovecha en cierta forma esta situación, para redirigir a sus fieles, retornar a la biblia y dar mayor énfasis a los valores olvidados.

Este movimiento religioso se genera a partir del conocido Concilio de Trento (1548-1560) y la Contrarreforma que imponen las nuevas normas para el arte religioso. Se exige realismo en los personajes y en las representaciones para que sean más creíbles y estén más al alcance de la gente. El caso particular del desnudo que era uno de los objetivos del renacimiento, pasa a ser proscrito en la pintura de carácter religioso y se permite únicamente en las alegorías o en la pintura mitológica; se exigen detalles como que el vestuario de los personajes religiosos respete la época y mantenga su estilo de túnicas. Los temas religiosos más trabajados con gran realismo y podría decirse casi con dramatismo fueron los martirios, el arrepentimiento o actos de contricción, temas heroicos del Antiguo Testamento y todos aquellos que generaran atracción por parte del público hacia la religión católica.

Sin embargo, no podemos atribuir el papel primordial a la religión católica para toda Europa, pues gran parte de la población es protestante. En los países bajos, donde predomina el protestantismo, no existe el soporte al artista por parte de la iglesia católica como era de esperarse, o el gobierno, sino que se observa el mismo fenómeno que impulsó el talento artístico en Florencia en el renacimiento temprano: los coleccionistas privados.

Desde el punto de vista político, los monarcas adquieren un control absoluto de la sociedad, dando lugar al periodo conocido como absolutismo; cuya mejor expresión se despliega en Francia bajo el mandato de Luis XIV. Así por supuesto, los artistas se encuentran a merced de los intereses de la monarquía, en países como Francia, impulsando un arte que demuestre y reafirme su gran poder. Estos logros favorecidos por el mercantilismo que constituye la base económica del nacionalismo político, refuerzan el absolutismo.

Con los fundamentos históricos mencionados, el arte barroco pretende darle gran importancia al estilo, los detalles y la acentuación de los mismos, a la naturaleza y a la realidad de cada expresión. Las características pictóricas más definidas de este periodo artístico incluyen: el realismo extremo con gran preocupación por expresar los verdaderos sentimientos y el estado sicológico de los personajes; sin olvidar la esencia que será el contenido de color, al que se le permite sobrepasar la forma, los contornos y el dibujo, primando siempre la expresión de la luz y las sombras.

Se abandona el esfumato del renacimiento, así como la perspectiva lineal, para dar realce a la profundidad. En figura humana se desarrolla ampliamente el concepto de escorzo, que consiste en la representación de un momento determinado del movimiento de una parte del cuerpo o mejor un enfoque preciso visto desde un determinado punto. Se capta un momento dinámico y se libera la composición de sus normas rígidas.

La búsqueda del color sobre la forma lleva a generalizar más la técnica de pintura al óleo que ofrece mayores posibilidades de brillo y sutiles variaciones para un mismo detalle comparado con la técnica del temple; tanto por la viscosidad y cualidades del óleo como por su secado más lento, que permite múltiples transparencias y correcciones. Por las mismas razones se prefiere el lienzo a la tabla como base de trabajo.

En cuanto a la composición se refiere, se abandona la tendencia a la composición lineal, simétrica y tectónica de la época clásica y se permite libertad en el movimiento, en las figuras que “no caben en el lienzo”, en el desequilibrio de la composición.

Los temas de interés dependen mucho del área geográfica de la que procede el artista, distinguiendo varias tendencias barrocas: el barroco de la Contrarreforma en España e Italia, el barroco del absolutismo en Francia, el barroco protestante en Ho- landa y los países bajos. Se separan los temas como paisaje, naturaleza muerta, figura humana; pero dentro de los criterios propios de cada corriente. La arquitectura viene integra- da al paisaje.

El arte barroco tiene sus orígenes en Italia, y más precisamente en Roma puesto que el papado se encarga de promover el arte a gran escala con el fin de convertir la ciudad en la más hermosa del mundo cristiano “para una mayor gloria de Dios y la iglesia”. Siendo Roma la cuna del estilo barroco se extiende a toda Europa y afecta todas las expresiones del arte: arquitectura, escultura, música, literatura, teatro y por supuesto, la pintura.

Italia representada por Annibale Carracci (1560 –1609) de Bolonia, miembro de una familia de pintores que había estudiado el arte veneciano y a artistas como Correggio. La familia cuenta con una academia de arte, conocida como “Academia degli Incaminati” academia de los iniciados, con un objetivo docente cuya esencia era el dibujo y el cultivo de la belleza clá- sica de forma más elaborada que en los talleres clásicos. Basan su enseñanza en el dibujo del natural a partir del modelo in vivo y aportan cambios revolucionarios por sus criterios antimanieristas. Carracci muestra en forma libre esos cambios de las exigencias de la composición clásica a una distribución informal deliberada que hace atractivas sus obras. Su obra monumental fue la lamentación por la muerte de Cristo de 1606.

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