|Viernes, octubre 24, 2014

El Ciclo Económico  

Ralph G. Hawtrey •*

A partir de la primera Guerra Mundial la cantidad de literatura sobre el tema del ciclo económico ha aumentado más allá de cualquier precedente, aunque Ios numerosos escritores que han contri-buido, no siempre se dan cuenta de que en los tiempos actuales ya no hay ciclo económico. Su característica esencial es la periodicidad, que por supuesto, es el significado del término ciclo. Lo que impresionó a los economistas de antes de la primera guerra, fue que la alternativa entre buenos y malos negocios se extendía regularmente en un período de 7 a 11 años y que sucedía en todo el mundo. De otra manera no hubieran tenido nada que explicar. Que el estado de los negocios variará es lo que cada quien puede esperar. Si fuera éste siempre igual, como la temperatura del cuerpo humano, habría habido al menos tanta necesidad de explicarlo como al ciclo económico.

Desde la primera guerra hemos tenido altas y bajas en los negocios, pero no se han presentado en forma generalizada sino tan sólo parcialmente en diferentes países, por lo que ya no existen huellas de periodicidad regular. Este cambio es significativo y debe arrojar luz en la explicación del ciclo económico. Regresaremos después a este tema.

Indudablemente, al investigar el ciclo económico debemos considerar en primer lugar, cuáles son los fenómenos que varían periódicamente. La alteración consiste en buenos y malos negocios, o en prosperidad y depresión. Pero son términos imprecisos. Los que estudian el ciclo económico están enterados de que la alternación es aparente en muchos aspectos distintos. Apenas si hay algún campo de la actividad económica que no presente este fenómeno.

Pero entre los síntomas multiformes del ciclo económico hay dos tendencias que sobresalen notablemente y pueden muy bien considerarse como fundamentales, que son la fluctuación en la actividad productiva y la fluctuación en el nivel de precios.

La primera no debe confundirse con una fluctuación en la producción. La una se mide por la cantidad de esfuerzo que se pone en la producción, y la otra por el monto de la producción resultante. La producción depende en parte del esfuerzo y en parte de otros factores, tales como los procesos técnicos y las condiciones naturales.

La producción proporciona una buena medida de la actividad productiva cuando los factores perturbadores están ausentes, o si se toman en cuenta, cuando están presentes. Pero la ocupación es la mejor prueba. Cuando el porciento de trabajadores sin empleo aumenta, la actividad productiva disminuye, y viceversa.

El ciclo económico se compone de períodos de buenos negocios, caracterizados por aumento de precios y bajas proporciones de des-ocupación, alternando con periodos de malos negocios con precios bajos y altas proporciones de desocupación. Puesto que la actividad productiva y el nivel de precios aumentan y disminuyen juntas, se sigue necesariamente que hay una fluctuación correspondiente en la demanda total para todos los productos expresada en términos de dinero.

El dinero en que consiste dicha demanda lo proveen directa o indirectamente los ingresos de la población. El total de ingresos de que dispone ésta para gastar yo lo llamo ingreso de los consumido-res; el total que ellos gastan lo llamo gasto de los consumidores. El ingreso de los consumidores y el gasto de los consumidores tienden a ser iguales. Los medios de pago (comprendiendo moneda y crédito bancario) que la gente tiene en sus manos lo llamo el margen no gastado. El ingreso de Ios consumidores y el gasto de Ios consumidores sólo pueden diferir cuando el margen no gastado cambia.

El término “consumidor” como se usa aquí no debe interpretar-se con demasiada estrechez. La gente gasta sus ingresos no sólo en bienes de consumo, sino también en inversiones. Al “consumidor” debe considerársele también como “inversionista” y los gastos de los consumidores deben incluir las inversiones, pues el dinero invertido se gasta en bienes de capital.

Por otra parte, los gastos de los consumidores no incluyen los gastos de los negociantes en la compra o en la producción de artículos para la reventa. Tal gasto no sale del ingreso del negociante, sino de los ingresos brutos de sus negocios. Sólo sale de un negocio aquel capital adicional que es invertido en el mismo y que se obtiene de sus propios ahorros. Este es un gasto de su ingreso en inversiones, ya sea que el dinero se use para una ampliación o mejoramiento del capital fijo o para un incremento neto de los artículos que se tienen en existencia.

Así entendido, el gasto de los consumidores representa la de-manda efectiva total de todo lo que se produce, ya sean mercancías o servicios. El negociante que compra para la reventa es propiamente un intermediario que pasa parte de esta demanda a uno de sus vecinos. Las alternaciones cíclicas en la demanda efectiva deben ser, por lo tanto, altercaciones en los gastos de los consumidores.

La demanda, sin embargo, es relativa, y algunos economistas han intentado explicar que la depresión, que marca la fase adversa del ciclo económico, se debe, no a una disminución real en el gasto de los consumidores, sino a un exceso en la producción de bienes.

Los economistas clásicos sostuvieron que la sobreproducción general era imposible porque nadie producía sino para el consumo y, por lo tanto, la demanda era necesariamente igual a la oferta. Además, la producción llegaba a su máximo durante la fase activa del ciclo económico y caía durante la fase de depresión en el preciso momento en que los síntomas de sobreproducción aparecían. Estas dificultades pueden evitarse si se supone que la sobreproducción toma la forma de acumulación de existencias de mercancías. Si la sobreproducción excede la demanda, es decir, que una parte de los productos permanecen sin venderse, los negociantes, sobrecargados con bienes no vendidos, se muestran poco dispuestos a producir más. Producción restringida significa empleo restringido. Estas condiciones continuarán mientras las existencias no vendidas sean mayores de lo normal. Los artículos sobrantes tienen que ser vendidos con un sacrificio de precio. Cuando ese proceso se completa, las existencias de los negociantes se adaptarán a una escala reducida de producción y consumo, por lo que, al aliviarse la presión sobre los mercados, se encuentra un margen de capital y trabajo sin empleo, ansioso de empezar a producir. Cuando renace la producción nos encontramos con que las existencias de mercancías son insuficientes para las necesidades del mercado y el proceso de aumentar dichas existencias hace más activa la producción. En realidad, ésta excede al consumo, y continuará así hasta que las existencias se acumulen de nuevo y el ciclo se inicie otra vez.

Tal cosa es una versión de la teoría de sobreproducción del ciclo económico. La teoría es incompleta porque no ofrece ninguna explicación de la acumulación y la liquidación de existencias en diferentes industrias y en distintos países ni de por qué el proceso debe tener un período de 7 a 11 años o por qué éste se inicia.

Debido a esto, la teoría ha sido elaborada un poco más. Para explicar la longitud del período se indica que, cuando la producción aumenta, debe aumentar la capacidad de las industrias respectivas para producir el aumento correspondiente de las existencias. Dicho aumento puede hacerse por medio de la construcción de nuevas plantas y por la creación de nuevo capital fijo, lo que llevará un tiempo considerable. A menudo no sólo la construcción de una pieza de equipo lleva meses y aun años, sino que la capacidad de las industrias de construcción es limitada, y cuando están sobrecargadas de pedidos, no pueden comprometerse a una rápida terminación.

Por eso al final de un período de depresión la época de recuperación se prolongará durante el proceso de aumento del equipo de la industria. El clímax llegará cuando se use el capital nuevo y cuando la producción en aumento de bienes de consumo lleve las existencias más allá de lo normal y, por lo tanto, exceda la demanda.

Para explicar los movimientos simultáneos en diferentes industrias se hace uso de dos argumentos; en primer lugar, se dice, la prosperidad en una industria crea demanda para los productos de otras y éstas a su vez, siendo prósperas, crean una demanda mayor para otras más. En segundo lugar, la actividad de una industria de-pende de causas psicológicas. Los productores se vuelven emprendedores cuando esperan buenos mercados; y desconfiados cuando prevén mercados vacilantes. Tales previsiones, se dice, son contagiosas y están sujetas a las leyes de la psicología colectiva.

El optimismo en una industria se extiende a otra; el optimismo en un país alimenta el optimismo en los demás. En la misma forma el pesimismo una vez que se extiende Llega a ser universal.

Creo que la teoría de la sobreproducción así elaborada representa claramente la explicación del ciclo económico que prevalece entre los que podemos llamar economistas de la escuela clásica. En muchos aspectos se ajusta bien a Ios hechos. La experiencia demuestra que en las épocas de buenos negocios las industrias de construcción son más activas que las otras, y cuando la marea cambia, son las que sufren más. Sus existencias de mercancías son sobrantes cuando la actividad económica es mala y reducida cuando es buena.