|Jueves, julio 31, 2014

Economías Emergentes necesitan un Dispositivo de Emergencia Preaprobado  

Durante la última crisis de la economía mundial, los países latinoamericanos no padecieron tan duramente, en comparación con otras situaciones semejantes ocurridas a lo largo de la década de los años noventa. La región en su conjunto evitó la aparición de crisis monetarias y de endeudamiento externo, así como las corridas bancarias, que fueron situaciones típicas que surgieron durante los episodios anteriores de turbulencia financiera mundial.

El éxito de la región en superar la crisis ha sido comúnmente atribuido a sus fundamentos macroeconómicos más sólidos: baja inflación, superávit comercial y fiscal, y un nivel razonable de reservas internacionales. Además, los países fueron capaces de adoptar medidas para aliviar el impacto económico de la crisis: los bancos centrales recortaron las tasas de interés, mientras que los gobiernos aumentaron el gasto e impulsaron el crédito. Esta reacción contrasta fuertemente con las crisis anteriores, cuando los gobiernos reaccionaron aumentando las tasas de interés y endurecieron sus políticas fiscales y de crédito.

Sin embargo, un nuevo estudio realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Las secuelas de la crisis: Lecciones de política y desafíos próximos para América Latina y el Caribe, muestra que la disposición de la comunidad internacional a proporcionar préstamos de emergencia también jugó un papel importante en la prevención del contagio financiero en la región.

Las conclusiones del estudio sugieren que a fin de evitar futuras crisis financieras, las economías emergentes necesitan contar en el futuro con un prestamista internacional que funcione como un mecanismo financiero de última instancia, y que rápidamente proporcione liquidez en caso de una crisis, para asegurar que los países solventes no padezcan dificultades financieras.

“En los períodos de falta extrema de liquidez en el mercado internacional de capitales, el hecho de tener acceso a recursos de emergencia es algo sumamente valioso”, dijo Santiago Levy, vicepresidente de Sectores y Conocimiento del BID, quien supervisó el estudio previamente coordinado por los economistas Alejandro Izquierdo y Ernesto Talvi. “Esta es una de las lecciones más importantes que hemos aprendido de la reciente crisis financiera mundial”, señaló.

A diferencia de otras crisis anteriores, en esta ocasión la comunidad financiera internacional mostró desde el principio una predisposición a prestar ayuda a los mercados emergentes de una forma oportuna, incondicional, preventiva y considerable. En cambio, durante la crisis rusa de 1998, el apoyo de la comunidad internacional fue lento, condicional y de menor magnitud.

El primer indicio de respuesta rápida a la crisis más reciente se produjo en abril de 2008, cuando Japón anunció la apertura de líneas de intercambio de liquidez para Indonesia (dos meses más tarde esa misma propuesta se extendería también a la India). Poco después del colapso de Lehman Brothers, la Reserva Federal de los EE.UU. ofreció líneas de intercambio a países sistémicamente relevantes, como Brasil, Corea, México y Singapur, mientras que el Fondo Monetario Internacional (FMI) lanzó una línea de liquidez a corto plazo (SLF, según sus siglas en inglés). Además de las iniciativas oficiales, los círculos académicos y otros especialistas reclamaron tener disponibles servicios de créditos de emergencia destinados a las economías emergentes, para hacer frente a la crisis mundial.

La respuesta más contundente llegó en abril de 2009, cuando el G-20 decidió triplicar los recursos del FMI, que lanzó su Línea de Crédito Flexible (FCL, según sus siglas en inglés) para ayudar —de manera incondicional y a plazos más largos— a los países con políticas adecuadas y que enfrentasen restricciones de liquidez.

Según la investigación del BID, estos anuncios afectaron a las percepciones del mercado sobre la capacidad de los países para superar la crisis. El estudio argumenta que la disponibilidad de los recursos de asistencia de emergencia ayudó a aliviar las preocupaciones de los inversores durante el auge de la crisis, previniendo de ese modo que se disparen los diferenciales de los bonos. Esto, a su vez, redujo el nivel de dificultades financieras, lo que contribuyó a evitar graves contracciones económicas en muchos países.

Diferenciales de los bonos

El estudio analizó las diferenciales en el Índice de Bonos en los Mercados Emergentes (EMBI, según sus siglas en inglés) durante un período de 60 días, comenzando dos semanas antes de la debacle de Lehman. La investigación comparó entre sí diferenciales de bonos entre dos conjuntos diferentes de países con las mismas calificaciones crediticias: se esperaba que un grupo no tuviese acceso a mecanismos financieros de emergencia, mientras se suponía que el segundo grupo sí tendría garantizado el acceso.

Las diferenciales EMBI en el caso de los países sin acceso aumentaron en 1.537 puntos básicos durante el período, casi el doble del aumento experimentado por los países con acceso a mecanismos financieros de emergencia. Los márgenes de este segundo grupo de países aumentaron en 811 puntos básicos durante el período de 60 días.

Un análisis econométrico de los movimientos en los diferenciales de los bonos en los mercados emergentes también mostró que la rápida asistencia de emergencia durante la crisis contribuyó a frenar el aumento de los márgenes durante el apogeo de la crisis. Esa contribución fue significativamente más importante que la contribución aportada por los fundamentos económicos más sólidos (en relación a aquellos que prevalecieron durante la crisis de Rusia).

Utilizando un análisis alternativo de la liquidez internacional en las siete mayores economías de América Latina, el estudio concluye que los países pueden garantizar la estabilidad financiera, incluso en una crisis mundial prolongada, sólo cuando se combina apoyo multilateral con fundamentos sólidos.

Implicaciones de política

Los resultados del estudio tienen importantes implicaciones para el diseño de una nueva arquitectura financiera internacional para los mercados emergentes y las futuras acciones del FMI y los bancos multilaterales de desarrollo, como el BID.

Se hace necesaria la institucionalización de mecanismos que permitan contar con un prestamista internacional de última instancia, porque garantiza la prestación rápida de liquidez en situaciones financieras extremas —algo similar a lo ocurrido durante la reciente crisis financiera mundial— con el objeto de evitar precisamente una crisis financiera y un potencial colapso de la producción. El mecanismo brindaría el apoyo necesario para satisfacer las obligaciones financieras a corto plazo de un país. Los gobiernos tendrían que seguir políticas monetarias, fiscales y cambiarias acertadas, a fin de ser preaprobados para poder retirar fondos de ese mecanismo financiero.

El FMI es la institución mejor ubicada para administrar ese mecanismo. La creación de la Línea de Crédito Flexible del Fondo podría representar un gran paso hacia el establecimiento de este nuevo mecanismo, sostiene el estudio. Sin embargo, la financiación a largo plazo de esta iniciativa debe estar garantizada, proporcionando así un mecanismo confiable de seguro capaz de reducir los incentivos para la acumulación de reservas internacionales.

Los bancos multilaterales de desarrollo también deben ser actores clave en este nuevo mecanismo. Estas instituciones se encargarían de ayudar a los países para que puedan alcanzar estabilidad económica mediante la promoción de políticas macroeconómicas que son requeridas como un requisito para acceder a este mecanismo.

“Para que el nuevo mecanismo funcione, los países y las instituciones financieras internacionales deben trabajar juntos para diseñar políticas que les permitan precalificar al nuevo mecanismo”, dijo Levy. “Esta colaboración y coordinación entre los distintos países, el FMI y los bancos multilaterales de desarrollo asegurarían el establecimiento de un pacto de estabilidad a largo plazo en los mercados en emergencia”.

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