ECONOMÍA LABORAL  

DESEMPLEO ESTRUCTURAL

  

Capitulo 6

 

 

1. La cuestión de la maquinaria y el desempleo tecnológico

 

Quizás el primero en plantearse que la sustitución de trabajadores por máquinas podía generar desempleo fue John Barton. En un libro publicado en 1817 titulado Observations on the Circumstances which Influence the Condition of the Labouring Clases of Society, Barton sostenía que la aplicación de las nuevas técnicas implicaba siempre la conversión de parte del capital circulante (fondo de salarios) en capital fijo. Además argüía que “la demanda de trabajo depende del aumento del capital circulante, y no del capital fijo” 90, lo que le llevaba a considerar que el desempleo y la reducción de salarios eran resultados verosímiles de la introducción de maquinaria.

 

 

Estos argumentos propiciaron la reacción de McCulloch y Ricardo, entre otros. McCulloch criticó abiertamente la tesis de Barton y, aunque admitió que la introducción de maquinaria podía crear desempleo en ocupaciones muy específicas, se apresuró a señalar que este desempleo tecnológico tendría un carácter puramente transitorio.  Ricardo, por su parte, se hizo eco de la cuestión de la maquinaria en la tercera edición de sus Principios. Aquí introdujo un capítulo que se iniciaba con un ejemplo numérico en el que se admitían los argumentos de Barton. No obstante, al igual que McCulloch, Ricardo apuntó un mecanismo que, según él, conduciría a la reabsorción de los trabajadores desplazados por las máquinas.

 

Antes de exponer los mecanismos de reabsorción que apuntaron ambos autores, conviene recordar que desde la perspectiva de la teoría estricta del fondo de salarios, una reducción de dicho fondo no puede hacer que caiga el empleo de forma permanente. Lo único que puede hacer es que caigan los salarios. Naturalmente esto presupone que los salarios son plenamente flexibles. De acuerdo con la teoría del fondo de salarios, el desempleo permanente sólo puede darse si por alguna razón los salarios son rígidos a la baja.

 

Por otra parte, la existencia de restricciones tecnológicas podría hacer posible una situación de desempleo tecnológico con carácter permanente, aún suponiendo plena flexibilidad de los salarios. Esta situación podría darse, por ejemplo, si consideramos una economía formada por un número determinado de industrias, que emplean trabajo y capital, y en la que la tecnología disponible ofrece pocas posibilidades de sustitución entre los dos factores dentro de cada una de ellas. Si, además de esto, suponemos que ninguna de esas industrias ofrece muchas posibilidades para un uso intensivo del trabajo, es concebible una situación en la que la demanda de trabajo sea inferior a la oferta para cualquier salario. Estas restricciones tecnológicas harían que el trabajo fuese redundante y la flexibilidad de los salarios no bastaría por sí sola para eliminar el desempleo en el largo plazo.

 

 


90 Citado por R. P. Sturges (1982), “ The career of John Barton, economist and statistician”, History of Political Economy, vol. 14:3, pp. 366-84 (véase la página 370).

 

 

 

 

 

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