REVISTA DE GASTROENTEROLOGIA
VALORACION DEL ESTADO NUTRICIONAL
DISCUSION
El presente estudio está compuesto por dos grupos de sujetos mayores institucionalizados: uno por enfermedad aguda y el otro para apoyo social por ausencia de apoyo familiar, diferentes esencialmente entre sí, pero que permite conocer o diferenciar un grupo esencialmente estable de otro inestable, los posibles factores asociados con los estados de salud y enfermedad, y la probable causalidad, para nuestro caso, de los factores nutricionales. Aunque los grupos no son representativos de una población específica, la del HG representó la mayoría de sujetos evaluables en forma completa según el protocolo, al igual que lo fueron los del hospital durante el período de estudio.
La mayor edad de los sujetos en el HG demuestra el relativo estado de buena salud comparado con los del hospital y acorde con los criterios de selección. Además, la mayor frecuencia de mujeres está en relación con la esperanza de vida superior explicando la diferencia, tal y como se describe en estudios similares (27-29). La menor talla y peso igualmente podrían corresponder a la diferencia de edad y su reducción con el tiempo debido a pérdida progresiva de la masa ósea y masa magra, con aumento de la cifosis dorsal y encorvamiento de las extremidades inferiores (13, 28).
La diferencia observada en los parámetros nutricionales de los hospitalizados, inferiores a los del HG (tabla 4) podría ser interpretado de dos maneras: la enfermedad que les condujo al hospital es la responsable de la disminución de los variables observadas o que éstas lo estaban previamente y pueden haber favorecido la condición de morbilidad observada en dicho instante. La literatura demuestra que las dos condiciones pueden estar actuando, aunque las variables antropométricas en su mayoría no disminuyen significativamente durante un período de hospitalización corto, aun en caso de balance energético negativo (30); esto implicaría en nuestro caso, aceptar una condición prolongada de déficit energético previa a su ingreso, dada la elevada frecuencia de valores por debajo del normal y alta significancia al comparar las variables entre los dos grupos, como se describen en otros estudios (30-32).
Por otra parte, la situación de protección que establece el HG podría ser la explicación de la diferencia, al garantizar unas condiciones mínimas superiores a las de la población de influencia del hospital y que corresponde a los estratos socioeconómicos inferiores. Sin embargo, la protección social a través de los HG no garantiza una condición nutricional óptima, si verificamos el porcentaje de sujetos con desnutrición (tabla 8) y obesidad, y el elevado porcentaje de sujetos con aportes inferiores a los recomendados para todos los nutrimentos examinados (tabla 5) (28-29, 33).
Los hábitos de consumo alimentario demuestran un consumo global inferior en los hospitalizados y que apoyan el estado nutricional deficiente con mayor frecuencia en este grupo, sin que podamos establecer la relación causa efecto entre el pobre estado nutricional y la morbilidad aguda en los hospitalizados, aunque bastante documentada en la literatura (4, 34-35). La ingestión calórica inferior a 1.2 veces el gasto energético en reposo (GER) en sujetos institucionalizados implica subreporte en el consumo alimenticio en el caso de presentar una condición nutricional óptima (36) y con una correlación entre el GER y la ingestión calórica y con la masa corporal magra (36).
Sin embargo, este no es el caso en nuestros grupos, cuyos valores nutricionales están por debajo de los informados para poblaciones de elevados recursos (37), lo cual explicaría en parte las diferencias en las deficiencias nutricionales de las diferentes poblaciones, las cuales son poco frecuentes cuando el consumo inferior a los requerimientos es raro o inexistente (37), con otros grupos cuyos aportes son con frecuencia deficiente en múltiples nutrimentos (30, 32-33, 38). En la tabla 6 se observa como la ingestión de grasas es extremadamente baja al compararla con la de poblaciones con frecuencia de desnutrición bajas (36-37).
Aunque hubo algunas diferencias en la frecuencia de factores de riesgo cardiovascular entre los sujetos de ambas instituciones, la frecuencia de eventos cardiovasculares no fue significativamente diferente entre las dos y al separarlos entre los que tenían o no una coronariopatía, se encontraron diferencias que no correspondían a los factores clásicos de riesgo cardiovascular, a excepción del tiempo transcurrido desde la suspensión del tabaco. Las demás diferencias probablemente obedezcan al plan alimentario establecido, una vez establecido el diagnóstico y asociado a sobrepeso (no diferencia en el peso ni el IMC entre los grupos, a pesar del aporte calórico inferior), y la menor tensión arterial quizás sea una secuela, con probable disfunción sistólica. Esta situación no sorprende, dado que generalmente los factores de riesgo cardiovascular establecen una selección de los individuos y sólo sobrevivirán aquellos cuyos hábitos de vida les protegieron de sufrirlos.
La composición corporal fue diferente al separar los sujetos según la institución y según el diagnóstico clínico de desnutrición u obesidad. Las diferencias observadas en la tabla 3 en los porcentajes de grasa muestran una correspondencia entre el IMC, porcentaje de grasa estimada a partir del IMC y por la suma de pliegues, con valores inferiores en los del hospital y en oposición a los obtenidos por BIA. En el caso de desnutrición, el IMC y el porcentaje de grasa estimado por BIA fue menor en los desnutridos aunque no hubo diferencias significativas (23.4 Vs 20.3 y 26% Vs 23% respectivamente), pero sí las hubo al estimarla por suma de pliegues y a partir del IMC (27. 4% Vs 21.4%, p<0.0001 y 31% Vs 27%, p<0.0001 respectivamente). Los valores obtenidos, independiente del método, están todos en promedio por encima de 23% a pesar del diagnóstico clínico de desnutrición y de valores antropométricos y bioquímicos inferiores a los estándares, lo que nos demuestra la heterogeneidad de los sujetos y la complejidad misma de las modificaciones de la composición corporal en adultos mayores, que escapa a una sistematización y simplificación de los resultados.
La situación no es diferente si clasificamos los sujetos como obesos utilizando los diferentes parámetros, como puede verse al final de los resultados, y que nos muestran la dificultad existente para conocer o estimar la composición corporal en los adultos mayores. En la tabla 9 se hacen evidentes las diferencias en la estimación según cuatro métodos, siendo los más bajos los obtenidos por BIA, pero poco correlacionados con los restantes, y los valores mayores son los estimados a partir del IMC según el método de Durenberg. Aunque ha sido descrita una dificultad para la estimación en ancianos de la composición corporal por BIA y los hallazgos por los otros métodos son comparables a los de la literatura (29-30, 33, 39), es difícil la interpretación, no sólo en el caso de desnutrición sino en el de obesidad.
Dados los anteriores resultados se plantea la necesidad de estudios ulteriores con miras a establecer las interrelaciones entre los diversos métodos de estimación de la composición corporal y los factores que originan la discordancia.