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VASILESCU
es un artista
Figurativo por sensibilidad y estilo, pero trasciende sus imágenes a una
dimensión poética. De igual modo, tampoco concibe lo estético al margen de lo
geométrico. Y así, en marcos o espacios geométricos, ubica sus desnudos,
realizados en claroscuros; o, caminando por las sombras graduales a través del
crepúsculo, figuras de
Ni los desnudos, las figuras
femeninas están en un terreno turbio o carnal. Son imágenes dialogantes, que
se fijan en el ojo o en el sentimiento del contemplador, por su sutileza.
Arrancan sus reconditeces de la mano del pintor condensadora de esencias, y no,
como conviene a la pura apariencia, dentro de morbideses, adornos, y
sensualismos vacíos, para gustos banales. En paralelismo, en contraste con la
Naturaleza Muerta. El signo de las cosas domésticas: un frasco, una tetera,
objetos de cobre o unas frutas, son motivación para un intenso y renovado
Bodegoncismo; que él no ejecuta, tampoco, como un simple acto de copia, de
mimesis, sino recreando ámbitos, en donde a través de la humildad de los
eventos de la vida diaria, transcurren el amor, la felicidad, los sueños.. Con reconocida trayectoria en el país, en ascenso sostenido y en plena madurez creativa, VASILESCU resume de modo perfecto, la idea de que el buen pintor del futuro será siempre un artista discreto, medio, serio. No ya movido por el afán vanguardista de lo novedoso y lo impactante, sino por llamar a la contemplación y a la trascendencia, sobre pautas de honestidad t y respeto por su arte. Único modo de que el arte visual moderno, agotado pos sus extremismos-pueda renacer de sus cenizas para un porvenir indefinido. |