A mi invocación se interponen las variadas composiciones angélicas del maestro Tessarolo: Ángeles femeninos bajo nombres masculinos; Semblantes de perfil, frente, dueños de sentimientos reconocibles por quienes los contemplan, de emociones  semejantes a las del alma humana. Ángeles tras otra faz, tras otra mirada; posan su vida con ojos ausentes, alegres, reflexivos, expectantes, ensimismados o suplicantes. Ángeles de boca sellada y cuerpo halado; de silencio, de música, de silencio, de ayuda, de vida sus misivas pobladas de colores son dulce recompensa a los ojos; en su extrema soledad proporcionan a cada hombre una huella evidente de lo celeste.

 

Germán Tessarolo acude con su arte al propio espíritu; busca descubrir lo invisible en la figura angélica; lo ausente, lo desconocido  e inmaterial del ser; el misterio del yo trascendente, presente en el alma del pintor y del genero humano. La oración fervorosa del niño, se transforma en múltiples ángeles con experiencia irrepresentable, diferente, semejante y complementaria del propio yo.