Las obras angélicas de Germán Tessarolo, están presentes en la memoria del autor como realización del deseo de ser por la imagen;  cada ejecución es una imagen puente con pinceladas de ideas  y trazos  de imago. Una obra tras otra ocupa un espacio, habita una sala, se aloja en la cama, acompaña la soledad; protege al niño; ala adulto que no halla su ángel custodio.

 EL TOQUE DEL ANGEL

 

La obra traza su sendero. Mi visión se obstina en contemplar un ángel entre tonos verde y azul; colores de agua, de esperanza, cielo, de espacio, de pensamiento e intuición...

El efecto de color y la figura me remiten a la niñez, al origen del camino, donde se construye cada palabra con la imaginación que dibuja, pinta, colorea, designa y asigna imágenes a las cosas nombradas. Al retroceder en el tiempo, se hace irresistible una presencia intima en la memoria, me es visible un ser con alas  y facciones masculinas; un ángel cantor en noches de miedo; eterno compañero de las calles vacías.