REVISTA COLOMBIANA DE CIRUGÍA
Síndrome de Compartimiento Abdominal
MONITOREO
DE LA PRESIÓN INTRAABDOMINAL
La medición puede hacerse
en forma directa como en la cirugía por laparoscopia o en forma indirecta, bien
sea a través de un catéter en la vana cava o midiendo la presión intravesical
o gástrica. La vejiga actúa como un reservorio pasivo con volúmenes de 50 mL de agua reflejando fielmente la presión intraabdominal, sin
que el detrusor urinae incremente la presión. Después de llenar la
vejiga con 50 mL de agua y tomando como cero la sínfisis púbica, se puede
medir la presión intraabdominal en la cama del paciente (4).
CUÁNDO
HAY HIPERTENSIÓN INTRABDOMINAL
Burch (4) trata de hacer un consenso basado en diferentes conceptos de los diversos autores y agrupar los pacientes en cuatro categorías de acuerdo con la medición de la presión intraabdominal y las alteraciones fisiopatológicas más relevantes (Tabla 1). Una medición rutinaria de la presión intraabdominal permite su reconocimiento con elevada frecuencia. El colapso cardiopulmonar o la falla respiratoria en pacientes con catástrofes abdominales podría atribuirse a choque séptico, hipovolemia o falla orgánica multisistémica, pero en realidad puede coexistir con hipertensión intraabdominal. En la gran mayoría de los casos los efectos adversos de la hipertensión intraabdominal no pueden separarse de la enfermedad subyacente. En los casos extremos es obvio que la descompresión del abdomen tiene indicación precisa, pero ¿qué hacer con un incremento moderado de la presión intraabdominal que está compensado con una adecuada reanimación con líquidos y terapia respiratoria? Los efectos fisiológicos de la hipertensión intraabdominal comienzan a darse antes de que el síndrome de compartimiento abdominal sea clínicamente evidente, similar a lo que ocurre con el síndrome compar-timental en extremidades, en el cual ocurre primero la isque-mia y el daño neurológico antes de hacer manifestaciones. La decisión de descomprimir el abdomen no deberá basarse en una simple medición de la presión intraabdominal sino que se debe tener en cuenta el estado clínico del paciente (5,12). Normalmente la presión intraabdominal es de cero o menor, la mayoría de las alteraciones fisiológicas se dan en los grados III o IV. En el grado I los pacientes no tienen cambios significativos excepto períodos cortos de pH ácido en la mucosa del intestino. Se recomienda reanimación normovolémica (14). En el grado II se produce un aumento en el pico de presión inspiratoria máximo en el cual mejora con reanimación hipervolémica (14). La insuficiencia ventilatoria es el primer signo de aparición, la oliguria casi nunca se ve aislada quizás por una adecuada reanimación. Cuando la hipercarbia empeora y la compliancia pulmonar disminuye a pesar de un adecuado soporte, o cuando se da oliguria y ésta no responde a pesar del manejo adecuado de líquidos, posiblemente esté indica la descompresión del abdomen (grados III y IV) (12).
Tabla 1. Grados de hipertensión intraabdominal.
|
Grado |
Presión vesical en cm de agua |
|
I |
10-15 |
|
II |
15-25 |
|
III |
25-35 |
|
IV |
> 35 |
DESCOMPRESIÓN
ABDOMINAL
La descompresión súbita
del abdomen puede provocar un aumento súbito del volumen tidal con alcalosis
respiratoria y una caída súbita de la precarga efectiva debido a la expansión
de las venas abdomino-pélvicas, lo cual desencadena hipovolemia y falla cardíaca
aguda. Una carga importante de hidrogeniones, potasio y radicales libres
producto del metabolismo anaerobio se libera en forma masiva a la circulación,
produciendo un síndrome por reperfusión. En Nashville se presentó este síndrome
en el 12% de los pacientes con una mortalidad del 100% (12). Para evitar esta
entidad es necesario asegurarse de una buena hidratación, mejorar el transporte
y la liberación de oxígeno y corregir la hipotermia y las alteraciones de
coagulación. El uso de manitol y bicarbonato ayuda a contrarrestar el efecto de
los radicales libres. Con la descompresión mejoran la función respiratoria y
renal inmediatamente. Después de la descompresión la piel del abdomen y la
fascia se manejan con abdomen abierto con cualquiera de los métodos que han
sido descritos (1-3,12). Siempre se debe evitar el cierre forzado de la cavidad
abdominal cuando hay hematoma retroperitoneal, cuando se deja empaquetado el hígado
o cuando se corrige una evisceración (4,5). En pacientes con trauma penetrante
abdominal grave, Ivatury (13)
demuestra que el cierre profiláctico sin tensión dejando una malla de silastic
disminuye la incidencia de hipertensión intraabdominal (22%) comparado con los
pacientes con cierre de la fascia (52%). La tonometría gástrica se altera
antes de que aparezcan otros síntomas de hipertensión intraabdominal en el 70%
de los pacientes (13).
CONCLUSIONES
El aumento de la presión
intraabdominal en pacientes con peritonitis, trauma abdominal severo o reanimación
agresiva con líquidos por choque hipovolémico puede desencadenar un síndrome
de compartimiento abdominal. Un monitoreo adecuado de la presión intraabdominal
en pacientes de riesgo permitirá el diagnóstico precoz del mismo y su rápido
tratamiento, disminuyendo así la mortalidad. Siempre se debe evitar el cierre a
tensión de la cavidad abdominal en pacientes que tengan factores que
predispongan a un aumento de la presión intraabdominal.
ABSTRACT
The
abdominal compartment syndrome is a clinical entity caused by increased
intraabadominal pressure; it results in physiologic changes with potential
severe morbidity and lethality. This is a review article in which we analyze
risk factors for the development of abdominal compartment syndrome, and the
diagnosis, treatment, and prophylaxis of this entity.
REFERENCIAS
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