Beneficios y
desventajas del tratamiento estrogénico postmenopáusico
La eficacia del estrógeno, un agente antirresortivo, para prevenir la pérdida ósea
menopáusica en varias partes del esqueleto
está ampliamente documentada tanto en estudios caso-control como en estudios
observacionales8-9. El tratamiento preventivo
óptimo debe iniciarse en las primeras fases de la menopausia, antes de que se produzca
una pérdida ósea sustancial, ya que el
estrógeno tiende a mantener la masa ósea inicial. No obstante, se puede demostrar
eficacia incluso cuando el tratamiento se
inicia muchos años después de la menopausia10. La terapia de reemplazo estrogénica
(TRE) sin oposición y la terapia
combinada con estrógeno y progestina (TRH) parecen tener efectos protectores similares
sobre la densidad mineral ósea11. Si
bien no se ha definido claramente la duración de la terapia estrogénica
post-menopáusica que se requiere para preservar la
densidad ósea hasta la vejez, la mitigación del efecto después de la suspensión del
medicamento sugiere que quizá sea
necesario continuar la terapia de por vida12. De acuerdo con estos efectos sobre la
densidad ósea, se han demostrado
reducciones sustanciales como consecuencia de fracturas óseas, particularmente las de
cadera, tanto con TRE como con
TRH8. En resumen, el estrógeno se considera el tratamiento de elección para pacientes
con reducción de la densidad mineral
ósea si no existen contraindicaciones al respecto13.
En la literatura se han comunicado efectos benéficos de la TSE sobre la función
cognoscitiva en mujeres
post-menopáusicas14-15, particularmente respecto al mantenimiento de la memoria a corto
plazo16. Además, en estudios
clínicos pequeños17 se ha demostrado que el estrógeno mejora los síntomas clínicos en
pacientes con enfermedad de
Alzheimer. No obstante, existe controversia en la literatura respecto a los efectos del
estrógeno sobre la función cognoscitiva18.
Así pues, se requieren estudios clínicos adicionales para comprender mejor el papel que
desempeña el estrógeno en el sistema
nervioso central.
Los resultados globales sobre el estrógeno de más de 20 estudios caso-control y
observacionales, los mismos que se
realizaron casi en su totalidad con estrógeno conjugado sin oposición, proporcionan
fundamento al papel protector de la TRE
frente a la enfermedad cardiovascular en mujeres postmenopáusicas19. De diversos estudios
de angiografía coronaria se deriva el efecto cardioprotector del estrógeno: en ellos se
determinó que el riesgo relativo global de enfermedad coronaria para
usuarias frente a no usuarias de estrógenos era de 0,4120. Stampfer y Colditz llevaron a
cabo un metaanálisis de todos estos
estudios, y sus resultados indicaron un riesgo relativo global de 0,56 para usuarias de
estrógeno en comparación con no
usuarias20. En otro metaanálisis se obtuvieron resultados similares21. En contraste con
los aparentes beneficios del estrógeno
frente a la enfermedad coronaria, un metaanálisis de aproximadamente 15 estudios sobre
los efectos del estrógeno en el
accidente cardiovascular cerebral indicó un riesgo relativo de 0,96 entre las usuarias de
estrógeno21.
A pesar de estos significativos hallazgos epidemiológicos, todavía prevalecen
importantes interrogantes acerca de los efectos
cardiovasculares sobre la terapia estrogénica. Debido a que ninguno de los estudios
mencionados anteriormente incluyó un
grupo control asignado aleatoriamente, no es posible descartar el sesgo en la selección
como factor contribuyente a las
reducciones observadas en el riesgo22. Dicho sesgo puede considerarse como un factor
potencial, porque, por lo general, las
usuarias de estrógeno son más sanas y tienen una mejor preparación académica que los
controles. No obstante, también se ha
discutido que el sesgo en la selección puede subestimar, más que sobrestimar, la
reducción en el riesgo debido a los
estrógenos23. Se han iniciado estudios clínicos aleatorizados, prospectivos, tales como
el Women's Health Initiative24, para
proporcionar una respuesta más definitiva a estos interrogantes. No obstante, los
resultados no estarán disponibles hasta
principios del próximo siglo. Más aún, debido a la elevada incidencia de eventos
adversos sobre el útero en el estudio
Postmenopausal Estrogen/Progestin Interventions (PEPI, Intervenciones Postmenopáusicas
Estrógeno/Progestina)25, es poco
probable que las mujeres que no hayan sido histerectomizadas reciban estrógeno sin
oposición en el Women's Health Initiative,
como se había planeado originalmente.
Por lo general, la práctica actual en materia de prescripción de estrógenos incluye una
progestina para limitar la estimulación
uterina y reducir así el riesgo de cáncer uterino (vide infra). Puesto que las
progestinas raras veces se utilizaban en los años
1980, cuando se llevaron a cabo los estudios cardiovasculares mencionados anteriormente,
se dispone de poca información
acerca del efecto de la TRH sobre la enfermedad cardiovascular. Los estudios limitados
realizados hasta la fecha sobre los
efectos cardiovasculares de la TRH han presentado resultados contradictorios26. No
obstante, en un reciente estudio
retrospectivo, el análisis de las arterias periféricas mediante ultrasonografía de modo
B de alta resolución sugirió que la
administración a largo plazo de estrógeno sin oposición y TRH (utilizando
levonorgestrel) eran igualmente eficaces para reducir
la aparición de lesiones ateroscleróticas en mujeres postmenopáusicas27. El estudio
Women's Health Initiative y otros estudios
aleatorizados proporcionarán datos cruciales sobre este aspecto. No obstante, la
diversidad de progestinas disponibles con
androgenicidad variable, junto con los distintos regímenes de posología para la TRH,
pueden comprometer la capacidad de
cualquier estudio para proporcionar una respuesta definitiva. Más aún, como es poco
probable que el estrógeno sin oposición
no se utilice en pacientes con útero intacto, puede ser que la comparación entre TRE y
TRH con respecto a los efectos
cardiovasculares no resulte factible en mujeres que no hayan sido histerectomizadas.
Las desventajas más importantes de la terapia estrogénica crónica en mujeres
postmenopáusicas se relacionan sobre todo con
los tejidos reproductivos, es decir, la mama y el útero. Las usuarias de estrógeno sin
oposición desarrollaron cáncer
endometrial a índices de tres a seis veces más altos que las no usuarias después de
usarlos durante 3 a 10 años; transcurrido
este tiempo, el índice de riesgo aumenta a diez veces28. No obstante, la inclusión de
una progestina en el régimen de posología
previene la aparición de cáncer uterino29. Antes del desarrollo de cáncer se presentan
trastornos endometriales precancerosos
(hiperplasia adenomatosa o atípica) con una frecuencia promedio del 10% al año en
mujeres postmenopáusicas que toman
estrógeno sin oposición, lo cual conduce a la suspensión del tratamiento25.
El cáncer de mama es a la vez el tumor reproductivo más frecuente y el más temido por
las mujeres. Todavía no se dispone de
datos concluyentes acerca del impacto de la terapia estrogénica postmenopáusica sobre su
riesgo de presentación. Sin
embargo, cada vez es más numerosa la literatura que sugiere que la terapia estrogénica a
largo plazo (entre 10 y 15 años)
provoca un aumento del 30% al 50% en el riesgo de cáncer de mama; parece ser que los
cursos de tratamiento a un plazo más
corto (5 años o menos) carecen de efectos28. Aparentemente, la historia familiar de
cáncer de mama y la administración de
dosis de estrógeno más elevadas que las requeridas para prevenir la pérdida ósea se
asocian con riesgos todavía mayores de
cáncer de mama durante la terapia estrogénica. A pesar de ello, siguen existiendo
importantes interrogantes sobre el impacto
del sesgo de selección y el sesgo de comprobación sobre estos riesgos. Además de ello,
los datos disponibles en la literatura
son contradictorios por lo que respecta al impacto que tiene la adición de progestina
sobre este riesgo31-32. Sin embargo, un
informe reciente del Nurse's Health Study (Estudio de Salud de las Enfermeras) proporciona
los datos más convincentes de
que se dispone hasta la fecha en cuanto a que la terapia estrogénica a largo plazo
incrementa el riesgo de cáncer de mama
entre las mujeres postmenopáusicas. Más aún, en contraste con el cáncer uterino, la
adición de progestina no reduce este
riesgo33.
La TRH cíclica se asocia a varios efectos colaterales que incluyen el sangrado
intermitente, el edema, los cólicos en la parte
baja del abdomen y la sensibilidad en las mamas. Se ha comunicado que, de estos efectos,
el sangrado intermitente constituye
una cuestión fundamental que afecta al cumplimiento del tratamiento en las mujeres
norteamericanas con útero intacto34.
Recientemente, ha aumentado la popularidad de la TRH combinada continua (es decir, la
inclusión continua, más que cíclica,
de progestina) debido a su capacidad de reducir las complicaciones de sangrado35; no
obstante, hoy día se desconoce el
impacto de este popular régimen de administración sobre los beneficios y desventajas de
la terapia estrogénica.
En vista de las mencionadas desventajas conocidas y sospechadas/temidas de la terapia
estrogénica, aunadas a la falta de
estudios aleatorizados para documentar el beneficio cardiovascular de manera concluyente,
la prescripción y el cumplimiento
de la terapia de reemplazo crónica ha sido por demás deficiente36. Se estima que del 20%
de mujeres a quienes se prescribe
TRE o TRH en Estados Unidos, menos del 40% continúa con el tratamiento durante más de un
año37. De hecho, algunos
autores alegan que hasta este uso limitado del estrógeno resulta inapropiado a la luz de
lo que actualmente entendemos por sus
beneficios y desventajas38. Más aún, el reciente informe del Nurse's Health Study que
documenta el incremento en el riesgo de cáncer de mama entre usuarias de estrógeno33
probablemente tenga un efecto adverso adicional sobre los índices de
prescripción y cumplimiento asociados a la terapia estrogénica crónica en el futuro.
Aunque nuestra comprensión de la relación entre riesgo y beneficio de la TRH debe
acrecentarse a través de los estudios
aleatorizados, sigue siendo factible que la relación que se determine para dicha terapia
no justifique la prescripción y el uso
crónico con un alto grado de cumplimiento en todas las mujeres postmenopáusicas con el
útero intacto. Estas consideraciones
proporcionan el fundamento de los esfuerzos de investigación que se están realizando en
centros académicos y en la industria
farmacéutica, y que corren paralelos con los estudios citados y diseñados para
caracterizar de manera más completa la terapia
estrogénica y optimizarla. Dicho esfuerzo consiste en la búsqueda de un fármaco que
reemplace al estrógeno con menos
efectos colaterales, en particular la reducción del riesgo de inducción de cánceres de
tejidos reproductivos. Según la Dra.
Suzanne Oparil, ex presidenta de la American Heart Association (Asociación Norteamericana
de Cardiología), "la búsqueda
de mejores estrógenos tiene una enorme importancia"39. De acuerdo con ello, surge el
siguiente interrogante : ¿cuál es el perfil
de un estrógeno ideal para el tratamiento crónico de las mujeres postmenopáusicas?
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