REVISTA DE MENOPAUSIA
ANDROGENOS
Juan E. Blumel*
Los andrógenos han estado ligados a la idea de juventud y sexualidad desde los trabajos
de Brown-Séquard en el siglo
pasado. Estas hormonas, que definen la condición masculina, son también claves en la
fisiología femenina y no sólo por sus
efectos sobre la calidad de vida, sino que también por ser los precursores metabólicos
de los estrógenos.
Los andrógenos más potentes son la testosterona, que actúa como tal en la hipófisis,
hipotálamo y músculos; y la
dihidrotestosterona, que deriva en su totalidad de la testosterona por acción de la 5
alfa reductasa, y actúa en los huesos y
folículos pilosos. En la mujer fértil, cincuenta por ciento de la testosterona proviene
de la conversión periférica y otro cincuenta,
en porcentajes equivalentes de los ovarios y de las suprarrenales; al producirse la
menopausia hay una disminución de su
producción total debido fundamentalmente a una menor conversión periférica, por lo que
el ovario incremente su participación
porcentual en la síntesis de testosterona, produciendo el 40% del total.
La androstenodiona, otro andrógeno importante, es sintetizada mayoritariamente por el
ovario en la mujer fértil; tiene una
acción biológica equivalente a 10 a 20% de la testosterona y por conversión periférica
se convierte en testosterona y al
aromatizarse ésta, en estradiol. La síntesis de androstenodiona disminuye en la
postmenopausia a la décima parte y su origen,
que era principalmente ovárico, pasa a ser suprarrenal; en ese período el estrógeno
principal es la estrona, que proviene de la
conversión periférica de la androstenodiona. Finalmente, otro esteroide androgénico que
hay que mencionar es la
dehidroepiandrosterona y su sulfato, que tienen actividades biológicas menores que 5% en
comparación con la testosterona.
Después de la menopausia la síntesis de los andrógenos ováricos y suprarrenales
continuará cayendo progresivamente con la
edad 1-2.
La sintomatoIogía clínica del déficit androgénico en la mujer se ha deducido de los
síntomas observados en las pacientes
ooforectomizadas, las cuales por la cirugía han perdido una de las principales fuentes de
producción de andrógenos. Con la
suplementación estrogénica presentan mejoría de la sintomatología vasomotora y de la
sequedad vaginal, pero persisten con
algunos síntomas como adinamia, depresión, cefaleas y trastornos de la sexualidad, lo
que ha llevado a plantear que éstos se
deben al déficit de andrógenos 3.
Numerosas evidencias clínicas parecen indicarnos que los andrógenos pueden ser un arma
terapéutica valiosa en la mujer
postmenopáusica para mejorar los trastornos del ánimo y la sexualidad. Un meta-análisis
realizado por Zweifer muestra que los
andrógenos solos o combinado con estrógenos, mejoran el ánimo deprimido más de lo que
lo hacen los estrógenos 4.
Igualmente, Davis encuentra que los implantes dérmicos de testosterona también mejoran
más que los estrógenos la actividad
sexual, la satisfacción, el placer y la frecuencia de orgasmo 5.
Otro efecto importante de los andrógenos es en el metabolismo óseo. Asociados con
estrógenos no cambian el positivo efecto
de éstos sobre la reabsorción ósea, pero si lo hacen en la formación, aumentándola
significativamente6. Raisz observó que las
mujeres que recibían estrógenos conjugados asociados con metiltestosterona tenían un
aumento de los marcadores bioquímicos de formación ósea, como ser fosfatasas alcalinas
óseas, osteocalcina y del péptido procolágeno C-terminal. Esto puede explicar la
observación de Davis5 que comunica que las mujeres con implantes de
estrógenos y testosterona mejoran su masa ósea más rápidamente que las que reciben
sólo estrógenos.
El efecto de los andrógenos sobre los lípidos es dudoso. Se ha descrito que la
administración de metiltestosterona con
estrógenos conjugados tiene efectos positivos sobre el perfil lipídico, en el sentido de
reducir los niveles de colesterol total,
LDL y triglicéridos, pero también tiene consecuencias negativas, como bajar el
HDL-colesterol 6. Por otra parte, Wagner muestra que la metiltestosterona
no afecta la mejoría que producen los estrógenos conjugados en la lipoperoxidación y en
el metabolismo del LDL-colesterol en la pared arterial 7.
Las inquietudes en relación con las consecuencias cardiovasculares del uso de
andrógenos se han visto reforzadas con la bservación que la administración de
testosterona a monas alimentadas con una dieta rica en colesterol dobla la extensión de
la aterosclerosis coronaria 8. ¿Será consecuencia de la baja del HDL?.
Estas dudas deberán aclararse para poder usar con seguridad los andrógenos.
La testosterona se ha relacionado también con la diabetes no insulino-dependiente, un
fuerte factor de riesgo de enfermedades
cardiovasculares. Se ha observado que situaciones de mayor androgenicidad, como aumento de
los niveles plasmáticos de
testosterona libre o la administración de anabólicos con propiedades androgénicas,
aumentan la glicemia, insulinemia y la
resistencia a la insulina. Sin embargo, la visión tradicional que la testosterona aumenta
la resistencia a la insulina ha sido
complicada por la observación que la insulina estimula la producción de andrógenos en
el ovario 9.
Los efectos de los andrógenos en la coagulación parten de la observación que los
hombres hipogonádicos tienen mayor riesgo
de enfermedad tromboembólica e infarto, lo que se ha atribuido a la menor actividad
fibrinolítica que presentan estos pacientes.
En mujeres, la administración de andrógenos tiene efectos positivos10, ya
que aumenta los inhibidores de la coagulación y
disminuye los de la fibrinólisis (PAI 1).
En vista que los niveles plasmáticos de dehidroepiandrosterona disminuyen con el
envejecimiento y tienden a correlacionarse
con un buen estado de salud ha surgido la idea de la terapia de reemplazo de este
andrógeno en los ancianos. La
dehidroepiandrosterona se ha vinculado con el bienestar general, las funciones cognitivas
y el sistema inmune11. Sin embargo, a la fecha no hay estudios controlados
a largo plazo que confirmen estas observaciones, sólo comunicaciones preliminares, por lo
que esta modalidad de terapia de reemplazo androgénica permanece aún en al campo de la
investigación.
El uso de andrógenos en la mujer tiene efectos adversos12 como hirsutismo,
acné, cambios del tono de la voz y alopecia.
Todos estos efectos virilizantes son dosis y duración dependiente y así una dosis de
metiltestosterona de 10 mg/día usada por
más de seis meses producirá estos efectos secundarios, los cuales desaparecerán al
suspender el fármaco. En relación con la
toxicidad hepática, con las dosis habituales, estas complicaciones son extremadamente
raras y van a depender de
susceptibilidades individuales. Tampoco se han descrito cambios en la presión arterial en
las mujeres con terapia de
andrógenos. Un potencial efecto adverso podría ser el aumento del riesgo de cáncer de
mama, originado por una acción
indirecta del andrógeno, al aumentar la cantidad de estrógeno biodisponible13.
En general, el uso de andrógenos solos o en
combinación con estrógenos es bien tolerado y los efectos adversos severos sólo se
asocian con dosis suprafisiológicas en
varones, y no son aplicables a las bajas dosis usadas en mujeres postmenopáusicas.
Podríamos concluir que, comparados con los estrógenos solos, la terapia de andrógenos y
estrógenos mejora la sensación de
bienestar, el ánimo, aumenta la libido y protege contra la osteoporosis. El principal
efecto adverso es la virilización, que se
puede evitar usando dosis bajas y por períodos cortos. Se desconocen los efectos
cardiovasculares en el largo plazo.
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* M. Prof. Adj. Ginecología. Universidad de Chile. Presidente de la Fundación para el
climaterio PROSAM. Director
Sociedad Chilena de Climaterio. Santiago, Chile.
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