|
ACTORES
O ESPECTADORES? En
una guerra convencional, tan desconcertante como todo conflicto, existen
actores que entre los mismos tratan de obtener la supremacía
para imponer un ideal, regulares, cuando se trata de fuerzas
armadas democráticamente constituidas e irregulares, cuando se
subvierte un orden para tratar de llegar por la fuerza al poder. La Sociedad civil,
cuanto más encarnizada sea la conflagración, generalmente es
alcanzada, pero no es objetivo de la misma. Pero en la guerra de
Colombia, sui géneris por la ausencia total del respeto a los derechos
humanos de los actores y espectadores y por el ataque aleve, sin compasión,
insano y psicópata a la población, sin importar si es de niños, aún
de bebés, mujeres embarazadas ancianos, incapacitados, en estado de
indefensión o cualquiera otra situación que amerita más respeto, aún
por la más desnaturalizadas de las alimañas, estamos cayendo todos y
como alguien decía, ya no hay colombiano que pueda decir que no ha sido
tocado por esta insensatez en carne propia o en alguno de sus allegados
más queridos o de sus amigos. Tampoco los diferentes participantes de
la vida nacional, en sus agremiaciones y/o profesiones, estamos a salvo
de que muchos de los colegas hayan experimentado esta cruel hostilidad. La Odontóloga
Gloria María Gutiérrez Botero se formó en el Instituto de Ciencias de
la Salud CES, de Medellín y allí adquirió ese entusiasmo por el
servicio público, que no abandonó ni siquiera en
tiempos en que casi todo el mundo esta de feria, como cuando
horas antes de fallecer por acción de los orates, en el hermoso centro
comercial El Tesorero de su ciudad, asistió, como scout al jamboree del
embalse del Tomine, cerca de Bogotá, para prestar sus servicios
profesionales a más de diez mil niños y jóvenes que siguen la noble
causa del escultismo. Había también organizado certámenes de gran
humanidad, como las Olimpiadas para niños especiales y su sensibilidad
y amor a las comunidades, superando las desmotivaciones que a los
profesionales de la salud les ha traído la aplicación inadecuada y
explotadora de la Ley de Seguridad Social vigente, la llevó a ser
coordinadora nacional de Promoción y Prevención y a dirigir el
Programa de la Familia Sana, áreas donde se conoce de verdad el espíritu
altruista y de entrega a causas grandes, en una Institución Prestadora
de Servicios de Salud . María Camila, su bebita de pocos meses, será
otra de los colombianos marcados injustamente por la guerra y su esposo,
de 38 años como Gloria María, hoy en situación de salud critica por
el mismo acto terrorista, deben vivir para que la familia que descompletó
ya no solo la intolerancia sino la más infame de las acciones
criminales, sean por siempre estandarte para que la bondad, la caridad,
el amor, la virtud, la dulzura, la superioridad, exquisitez y
apacibilidad de la colega inmolada, se conviertan en paradigma. Y son
similares cualidades que los servidores de la salud poseen y por ellos
los amenazan y masacran, como en
el reciente caso, de la auxiliar de enfermería María Antonia Arango,
del hospital de Anorí, en Antioquia quien, viajando con una paciente de
parto inminente en busca de ayuda por estar en estado de riesgo, unos
“Valientes” asaltantes del camino no la dejaron seguir y prendieron
fuego a la ambulancia que la transportaba y solo la reciedumbre de María
Antonia pudo salvar a la madre y al niño. Ya antes, en febrero de 1991,
ciento cincuenta kilos de dinamita explotaron cerca de la linda plaza de
toros de La Macarena, de Medellín con saldo de 21 muertos, una de ellas
otra odontóloga con los mismos atributos de Gloria María. Ella, Eva
Jaramillo egresada de la Universidad de Antioquia iba con su colega
esposo Miguel Cardona, quien sobrevivió. Rendimos homenaje merecido a
estas heroínas de la salud, que son ya incontables en todas las
profesiones del sector, quienes o secuestrados o asesinados o
amenazados, han estimulado al cuerpo de trabajadores de la Salud a estar
en sus puestos de trabajo (o de batalla?), aún conocedores de las
amenazas de que su Institución será “castigada” con una bomba, si
siguen atendiendo a tal o cual persona, ignorantes los esbirros, del
deber del obrero de la salud, para no hacer ninguna clase de excepción
en el cumplimiento de su sagrada misión VICTOR HUGO MONTES
CAMPUZANO |