REVISTA DE MENOPAUSIA

REVISION DE TEMA

 

EL EJERCICIO COMO MEDIDA PROFILACTICA EN LA PREVENCION DE ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR EN LA MUJER MENOPAUSICA

Edgar Cortés Reyes
Instructor Asociado, Unidad de la Fisiocinética Humana
Departamento de Terapias, Facultad de Medicina
Universidad Nacional de Colombia

Resumen:
Nunca antes como ahora, se le ha dado importancia a incluir la actividad física regular como una medida profiláctica en la prevención primaria y secundaria de enfermedad cardiovascular en la mujer postmenopáusica. Esto se debe a la certeza, aún no confirmada del todo de cómo una serie de actividades físicas aeróbicas (caminar, trote suave, bicicleta, etc.) organizadas, progresivas y supervisadas, puedan ser útiles para reducir los niveles de presión arterial en la mujer climatérica.

Se trata de conseguir condicionamiento físico, entendido aquí no solamente en el ámbito cadiorespiratorio, sino también en lo relativo a preparar y hacer más eficaz a la fibra muscular actuante, para cumplir con sus funciones contráctiles, que explican de alguna manera, el papel vasoconstrictor del ejercicio físico aeróbico en la prevención de enfermedad cardiovascular.

Unicamente el diseño de estudios experimentales controlados, permitirá avanzar en el conocimiento de los efectos positivos que pueda producir el ejercicio físico. Aún más importante es seguir estudiando cuál pueda ser el efecto del ejercicio para mejorar el perfil lipídico de la mujer climatérica.

Summary:
Today, more than ever before, has it been important to include regular physical activity as a prophylactic means to primary and secondary prevention of cardiovascular disease in menopausal women. First and foremost, this is due to the certainty, nor yet fully confirmed, of how a sequence of organized, progressive, and monitored aerobic physical activities (walking, soft jogging, cycling, etc) can be useful in reducing the levels of arterial pressure in climateric women.

It is a question of attaining physical conditioning, here implying not only the cardiorespiratory field, but what concerns with preparing and making the acting muscle fiber more efficient when carrying out its cantractile functions, wich in some way, explain the vasoconstrictor role of aerobic physical exercise in preventing cardiovascular disease.

Only the design of controlled experimental studies, will allow to improve our knowledge on the positive effects that physical exercise can yield. It is even important to keep studying wich the effects of exercise could be in improving the lipidic profile in climateric women.

Introducción:

Quizá durante la etapa postmenopáusica, para la mujer existen dos grandes problemas desde el punto de vista de la morbilidad a saber: los relacionados con afección del sistema cardiovascular y las alteraciones óseas, secundarias a osteoporosis. Se revisa aquí el factor de riesgo cardiovascular.

La incidencia de enfermedad cardiovascular se incrementa rápidamente después de la menopausia. Se cree que la explicación esté relacionada con cambios en las lipoproteínas: aumento en las LDL y colesterol plasmático total y reducción en las HDL1,2. El déficit estrogénico ocasiona cambios en al correlación endocrina de metabolismo lipoprotéico, en lo que se constituye un factor de riesgo significativo en la génesis de enfermedad ateromatosa e hipertensión arterial (HTA).

No obstante, las altas concentraciones de colesterol total y LDL pueden ser modificables dependiendo de la edad, la ingestión de grasas saturadas, el grado y tipo de actividad física y el nivel de grasa corporal3,4. Además, se ha demostrado que las concentraciones de HDL son altas en sujetos con actividad física intensa.

Antes de alcanzar la menopausia, la mujer tiene cierta "protección" en su sistema circulatorio dada por la presencia de estrógenos endógenos, lo que la hace relativamente inmune a sufrir de enfermedad cardiovascular y en consecuencia, la disminución o desaparición de estrógenos, la hace más sensible: Antes de los 50 años, la relación para infarto agudo del miocardio es de 6 hombres por una mujer; entre los 55 y 64 años es de 3.71:1 y a partir de los 65 años se reduce a 2.5:1. Llegando la menopausia, la protección dada por los estrógenos, vía HDL, disminuye y este hecho constituye un factor de riesgo para cardiopatía isquémica y HTA, por alteración entre otros, del sistema renina-angiotensina-aldosterona5.

Para intentar dar solución a esta seria problemática, se ha planteado, de tiempo atrás, propuestas desde el punto de vista farmacológico con el uso de la terapia de reemplazo hormonal y se menciona tímidamente la importancia de la nutrición y del ejercicio físico.

El efecto de la terapia estrogénica en lípidos y lipoproteínas ha sido extensamente revisado6,7: los estrógenos orales han demostrado reducir LDL y colesterol total e incrementar HDL, cambios que han sido usados para explicar, en parte, la reducción observada en la morbimortalidad por enfermedad cardiovascular8.

En Colombia, según la Estadística de Salud de las Américas, 1992, por cada mil habitantes mayores de 45 años, se pasó de una tasa de mortalidad por causa cardíaca de 3867,8 entre 1970 y 1974, a 3248,4 entre los años 85 y 89.

La combinación estrógenos-ejercicio no sobrepasa el efecto del estrógeno sólo, o del ejercicio sólo, sobre el condicionamiento cardiorespiratorio o en los índices de lípidos y lipoproteínas, aunque sí se ha demostrado buena sinergia entre el ejercicio y estrógenos, respecto del contenido mineral óseo.

No es objeto de la presente revisión mencionar el papel de una dieta adecuada, aunque de suyo se sabe cuán importante es.

Respecto del ejercicio físico no hay la suficiente claridad acerca de cuál es el óptimo y menos aún de los posibles efectos benéficos que pueda producir. Antes por el contrario, aparecen opciones no del todo justificadas desde el punto de vista teórico, pero sí de amplia aceptación en el mercado (gimnasia pasiva, por ejemplo). Esto hace imperativo revisar conceptualmente la función del ejercicio en la prevención de enfermedad cardiovascular en la mujer postmenopáusica.

Función cardiovascular y ejercicio físico:

La actividad muscular puede proteger directamente el sistema cardiovascular a través de mecanismos neurales y homeostáticos o por incremento en la vascularidad del miocardio. Además el ejercicio puede tener efectos benéficos sobre los factores de riesgo para enfermedad coronaria como sobre los lípidos y la presión arterial. De tiempo atrás, se han reportado asociaciones entre los niveles de los lípidos y la actividad física: incremento en las HDL y modesta reducción en los niveles de colesterol total y las LDL8,9. No es claro si los cambios en las concentraciones de los lípidos son atribuibles directa y exclusivamente al ejercicio físico.

Es conocido que sujetos activos tienen menores concentraciones de colesterol y triglicéridos que aquellos quienes tienen una vida u ocupación sedentaria, por estas diferencias no son evidentes cuando son controlados otros factores conocidos que afectan los lípidos. De estos resultan conflictos en los estudios experimentales y clínicos, pues no se sabe con certeza si los cambios en la dieta y el control del peso, pueden explicar las variaciones en las concentraciones lipídicas.

Sin embargo, hay una serie de datos que sugieren que el ejercicio puede favorecer cambios en el perfil lipoprotéico. Algunos estudios han demostrado asociación entre ejercicio e incremento de HDL y modesta reducción en los niveles de LDL y colesterol total10.

El ejercicio de alta intensidad no es útil para la mayoría de las mujeres de edad. La mayoría de investigadores refieren que éste puede provocar más disconfort y alteraciones musculoesqueléticas; es obvio que ejercicio intenso no significa necesariamente salud.

La actividad física regular aumenta la capacidad para el ejercicio y juega papel importante en la prevención primaria y secundaria de las enfermedades cardiovasculares.

Cuando éstas se instauren, se afecta la capacidad máxima para el ejercicio y sus síntomas son evidentes en actividad mucho antes de que aparezcan en reposo.

McNaughton, 198711, ha demostrado la progresiva disminución, estadísticamente significativa, en las concentraciones de los triglicéridos, luego de 2 meses de ejercicio; al final del experimento (4 meses), el nivel de colesterol fue significativamente más bajo que en el grupo control. No se sabe si los cambios en tales concentraciones sean debidos únicamente al ejercicio, o también a cambios en el estilo de vida de los individuos.

La respuesta circulatoria al ejercicio dinámico está mediada por factores nerviosos -Vía simpática-, hormonales y químicos y podría determinarse mediante tres evidencias12 Astrand, 1992:

1. Mayor requerimiento de O2 para los músculos que se contraen.

2. Disminución de la resistencia neta ejercida por los vasos sanguíneos de la musculatura funcionante, dado que el consumo de O2 (VO2) es directamente proporcional, tanto al gasto cardíaco como a la frecuencia cardíaca. Con el ejercicio se han observado incrementos de 75 veces el VO2 al pasar de 0,16 a 12 mm 02/100 gm de músculo/minuto.

3. Una vez incrementado el flujo sanguíneo, el metabolismo muscular de ATP se atribuye a la captación de O2 . Tal incremento del flujo sanguíneo depende del tipo, intensidad y duración del ejercicio, así como de la cantidad de musculatura relativa que interviene.

Esto lleva a concluir que es el ejercicio aerobico, entendido como auqella actividad repetitiva, realizada contra una carga constante y en la cual intervienen la contracción rítmica de los grupos musculares, flexores y extensores, abastecida por la fosfolicación oxidativa, el ideal para alcanzar efectos hipotensores.

Como se mencionaba previamente, además del tipo de ejercicio, se deben considerar la intensidad se aconseja que ésta sea progresiva e iniciar siempre con una frecuencia cardíaca máxima (FMC) del 50 al 60%, valor que es calculado así: FMC=(220-Edad) X 50%.

Se pretende que el ejercicio vaya provocando en el individuo un aconcidionamiento físico, que le permita adecuarse a las demandas exigidas. Es de esperar tal condicionamiento en el individuo, según describe McArdle13, ya que como respuesta al ejercicio dinámico habitual pueden observarse los siguientes cambios pronósticos a nivel de la fibra muscular utilizada:

1. Incremento en el número y tamaño de las mitocondrias.

2. Mayor capacidad para generar ATP aeróbicamente mediante la fosforilación oxidativa.

3. Aumento en la capacidad del músculo para movilizar y oxidar grasas y carbohidratos.

4. Adaptaciones metabólicas en los diferentes tipos de fibras musculares.

5. Incremento de la irrigación sanguínea muscular hasta de 15 veces en relación con el reposo.

Es así como se explica que el ejercicio aeróbico pueda tener efectos hipotensores por decremento en la resistencia periférica total. El lograr este efecto hipotensor es posible en tan solo dos a tres meses de actividad física regular, realizada tres veces por semana, de 45 a 60 minutos por sesión de trabajo. Sin embargo, si la actividad física es descontinuada, es posible que se vuelva a los valores de presión arterial pre-ejercicio.

También ha de tenerse en cuenta que la progresión del ejercicio debe hacerse no sólo durante el período de trabajo, iniciando primero, con una serie de actividades de calistenia, que preparen los diferentes grupos musculares no sólo para que cumplan con el propósito preestablecido, sino también para prevenir el daño o lesión por sobreuso o uso inadecuado no sólo del componente muscular, sino de todo el sistema musculoesquelético involucrado. No debe olvidarse en ningún momento el papel que tiene la adecuada respiración para impedir, sobretodo al comienzo, dolor y fatiga. La segunda parte de cada sesión de trabajo llamada parte principal, está constituida por el ejercicio aerobio, de las características previamente descritas. Finalmente, se incluyen estiramientos y actividades de relajación que lleven al individuo a terminar su sesión de trabajo con la misma frecuencia cardíaca inicial.

Este programa debe ser vigilado por el personal experimentado y con conocimiento exacto de la práctica. Debe ser precedido por lo menos de un examen médico completo, de una prueba de esfuerzos que ubique el nivel de tolerancia pre-ejercicio de cada participante, de un perfil lipídico y de valoraciones fisioterapéuticas de fuerza muscular y elasticidad. Este examen no solamente permitirá conocer el estado inicial de los participantes en el programa de ejercicio físico, sino que además brindará la oportunidad de hacer un seguimiento a fin de establecer estrategias que permitan conseguir logros cada vez más importantes.

Conclusión:

El ejercicio aeróbico moderado y como ejemplo el de la caminata, el trote suave, la bicicleta (estática o no) y la danza, se constituyen en una opción útil en la prevención de afección cardiovascular en la mujer durante su etapa postmenopáusica. Si a esta medida profiláctica, se suman acciones de tipo nutricional y medicamentosa, cuando éstas sean necesarias, se estará dando mejor calidad de vida a este grupo poblacional cada vez más importante y representativo en el concierto de la estructura poblacional de las naciones en los linderos del siglo XXI.

 REVISTA DE MENOPAUSIA

BIBLIOGRAFIA

 

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REVISION DE TEMA

TRATAMIENTO CON BIOSFONATO EN MUJERES POSTMENOPAUSICAS CON OSTEOPOROSIS: UNA REVISION DE LA LITERATURA 1980 A 1996

Germán Salazar Santos* ; Jorge Niño González** ; Victor Hugo Salamanca Ramírez*** ; Roberto Feldman Guiloff****

Resumen:

Objetivo: Revisar y analizar la efectividad obtenida con los biofosfanatos en osteoporosis en mujeres post-menopáusicas.

Identificación de datos: Se identificaron en la literatura mundial reportes relacionados con el tópico, por medio de búsqueda computarizada de la bibliografía, desde 1980 a 1996.

Conclusión: El tratamiento con biofosfonatos incrementa progresivamente la masa ósea en la columna, cuello femoral y en general en todo el sistema óseo, reduciendo la incidencia de fracturas vertebrales, la progresión de deformidades vertebrales y la pérdida de estatura en mujeres post-menopáusicas con osteoporosis.

Palabras claves:
Biofosfonatos, osteoporosis, menopausia.

Summary:
Objetive:
To review and analize the specificity of Bisphosphonates treatment in postmenopausal osteoporotic women.

Data identification: Reports in topic were identified through a computarized bibliography search from 1980 to 1996.

Conclusions: Daily treatment with Bisphosphonates progressively increases the bone mass in the spine, hip and total body and reduces the incidence of vertebral fractures, the progression of vertebral deformitles, and height loss in postmenopausal osteoporotic women.

Key Words
Bisphosphonates, osteoporosis, menopause.

Con el aumento de la población que llega a edad avanzada por mejoría de la calida de vida, la osteoporosis comienza a convertirse en un problema de salud pública que afecta alrededor de un tercio de las mujeres postmenopáusicas1. Este suceso indica que es necesario conocer, identificar y tratar esta enfermedad para prevenir sus complicaciones, considerando como la principal y más grave la fractura ósea, causa de morbilidad y mortalidad, que compromete la calidad de vida de las mujeres.

Se define osteoporosis como la disminución de la densidad mineral ósea en por lo menos una desviación estándar, por debajo del valor máximo normal2.

El estudio se enfoca a identificar aquellas pacientes con riesgo de presentar osteoporosis, menopausia precoz o temprana, antecedente familiar de osteoporosis, nuliparidad, bajo peso corporal, alcoholismo, tabaquismo, sedentario, uso de esteroides, hipertiroidismo e hipogonadismo. El enfoque se complementa con la medición de la densidad mineral ósea, con técnicas tales como la Absorciometría de fotón único o de doble fotón, Absorciometría de Rayos X, la Tomografía cuantitativa computarizada y la Ultrasonografía a nivel experimental3,4.

Se han utilizado diferentes terapias en el tratamiento de la osteoporosis, cada una con sus precisas indicaciones. Cabe destacar la suplencia hormonal estrogénica que reduce la pérdida de masa ósea a nivel de todo el esqueleto. La calcitonia que inhibe la actividad osteoclástica a nivel trabecular. El floruro aumenta la masa trabecular ósea, aunque su indicación se encuentra en discusión. La vitamina D ha presentado resultados exitosos en pacientes que tienen concomitante osteomalacia y osteoporosis. Los bifosfonatos, utilizados desde los años sesenta en el tatamiento de la miositis osificante, enfermedad de Paget del hueso y la hipercalemia maligna, desde los ochenta adquirieron especial importancia en el manejo de la osteoporosis, convirtiéndose en la gran alternativa; su estudio es objeto de esta revisión4.

Reseña histórica:

Para el tratamiento ideal de la osteoporosis sintomática se deberá inducir un balance positivo por ciclo de remodelación, es decir que la formación ósea exceda a la resorción del hueso.

Meunier y Frost (1980-1984) propusieron que un balance óseo positivo por ciclo de remodelación se podría lograr con una estrategia de tratamiento a la cual llamaron A.D.F.R., que consistía en3:

A. Activar:

Activar la mayor cantidad de unidades de resorción posibles, para sincronizar el proceso de remodelación.

D. Depresión:

Depresión de la resorción por los osteoclastos.

F. Free (Libre):

Período libre de medicación en donde los osteoblastos pueden formar nuevo hueso en la laguna superficial, que lleva a un balance positivo en el ciclo de remodelación.

R. Repetir:

Al final del período de formación ósea el tratamiento instaurado se repite.

Rasmunssen y cols en 1980. Fueron los primeros en investigar un método (ADFR) en mujeres menopáusicas con osteoporosis, que incluía fosfato diario vía oral para estimular la paratohormona, aumentada la reconstrucción ósea y posteriormente calcitonina parenteral para disminuir la resorción6.

Investigaciones posteriores de Anderson y cols (1984)7, Harris y cols (1989), Hoosman (1989), Watts y cols (1990)5, evaluaron el efecto de los bifosfonatos en lugar del fosfato; especialmente estudiaron el etidronato (bifosfonato de primera generación), disponible en la época.

Los biofosfonatos de otras generaciones son de más reciente aparición; uno de ellos, el alendronato, es uno de los compuestos más potentes de segunda generación y el más ampliamente evaluado.

Fisiología de la remodelación ósea:

En la especie humana existen dos clases de hueso, el cortical que es la capa externa compacta y el trabecular, que es la capa interna esponjosa.

El proceso de remodelación ósea que es dinámico, ocurre como una consecuencia de eventos a nivel celular, a lo largo de la superficie ósea de remodelación. Una vez se activan los osteoclastos diferencian y forman nuevo hueso en la cavidad formada por los osteoclastos, reparando la forma resorbida.

En condiciones normales los ciclos de remodelación son asincrónicos; mientras en una superficie de forma hueso, en otra se resorbe en el mismo período de tiempo.

En los adultos jóvenes la cantidad de hueso resorbido se equipará con la cantidad de hueso formado; con la edad, esta relación se pierde, produciendo una mayor pérdida ósea, que donduce a la osteopenia.

La menopausia es un estado que agrava esta situación. Una vez perdido este balance los osteoclastos inician la resorción ósea profunda, penetrando a la zona trabecular del hueso, con la consecuente pérdida de los elementos estructurales del mismo. La razón de este evento se desconoce.

Biofosfonatos:

Los biofosfonatos son análogos sintéticos de los pirofosfonatos inorgánicos con estructura P-O-P, un regulador endógeno del recambio óseo que inhibe la resorción ósea y la mineralización in vitro; fueron sintetizados por Hoffman y Von Baeyer con estructura química C-P-C. Todos los biofosfonatos tienen una alta afinidad por la hidroxiapatita, pero a diferencia de los pirofosfonatos son resistentes al metabolismo de las fosfatasas endógenas. La potencia para inhibir la resorción ósea depende de la estructura química de sus cadenas laterales (R1, R2) dependientes del puente de carbono5.

Los radicales R1 y R2 son los que dan propiedades específicas a cada bifosfonato y los dividen en generaciones:

=Primera generación

Etidronato-Clodronato - (Cadenas laterales ALKIL)

=Segunda generación generación

Paridronato - Alenodronato

(Tienen grupos aminos terminales)

=Tercera generación

Risedronato (Cadena lateral cíclica)

Las propiedades antiresortivas se incrementan apropiadamente 10 veces con cada generación.

Estructura general de los bifosfonatos:

 

IMAGENDEL CUADRO

 

Mecanismos de acción:

Su mecanismo no está totalmente esclarecido, existiendo tres teorías a este respecto:6

1. Pueden interferir con la función de los osteoclastos maduros, los cuales infirieron los biofosfanatos de la matriz calcificada.

2. Pueden mantener un gradiente de concentración en la superficie ósea, de una magnitud suficiente para afectar el proceso celular envuelto en la iniciación de la activación de los osteoclastos.

3. Pueden alterar propiedades de la matriz ósea, siendo responsables por la activación final de los osteoclastos.

Los bifosfonatos inhiben directamente la acción de los Osteoclastos maduros. Luego de la unión al hueso los bifosfonatos son liberados localmente en el medio ácido creado por los osteoclastos en el proceso de la remodelación ósea. Posteriormente interfieren en la remodelación con las funciones resortivas de los osteoclastos, por acción local o por ingestión de la célula, o ambos mecanismos, pero sin destrucción del osteoclasto.

Chappard y cols encontraron que los osteoclastos del hueso trabecular son más sensibles a al acción de los Bifosfonatos que los osteoclastos del hueso cortical.

Farmacodinamia:

Los biofosfonatos absorbidos luego de su administración oral; solo el 5% de una dosis oral se absorbe y esta absorción se disminuye o no se realiza con la ingesta de calcio; incluso como como en el caso de alendronato, su absorción se ve disminuida por la ingesta de cualquier tipo de alimento5,6.

En cuanto a su distribución se ha observado que entre el 20% y el 50% de la droga absorbida se une al hueso entre las 12 y 24 horas siguientes. Después de esta unión la remodelación incorpora al bifosfonato a la superficie ósea donde se retiene por meses o años permaneciendo allí inactivo.

La droga no se metaboliza en el organismo, se excreta por vía urinaria tal como se absorbe; de una dosis intravenosa de bifosfonato el 50% se elimina en la orina; del 50% de la dosis muy poco se elimina por las heces fecales. Dado que la excreción del bifosfonato es renal, debe formularse con precaución en pacientes con deterioro de la función renal (Depuración de creatinina menor de 35 ml/min).

Efectos adversos y toxicidad:

Alteración de la mineralización ósea, se presenta con los bifosfonatos de primera generación en dosis altas y continuas (tratamientos interrumpidos de 3-6 meses) que se manifiestan como dolor óseo y fracturas6.

El alendronato a las dosis usuales no interfieren con la mineralización ósea inclusive con tratamiento continuo, a diferencia de los Bifosfonatos de primera generación7.

- Se presentan: náuseas y diarrea en el 20%-30% de las pacientes tratadas con Bifosfonatos de primera generación.

- Náuseas-Dispepsia, úlceras del esófago, estómago y duodeno con los Bifosfonatos de segunda generación.

- Leucemia asociada con el uso de Clodronato y paminodronato sin ser un efecto comprobado.

- Disminución de la agudeza auditiva o pérdida total de la audición con la ingesta de Pamidronato en pacientes con Otoesclerosis de base.

Bifosfonatos en el tratamiento de osteoporosis

Etidronato:

Un régimen típico de tratamiento oral es dar de 5-10 Mgs/Kg/día por 14 días y repetir este esquema cada 3 meses, acompañado de calcio 500 mgs/día los 76 días restantes del trimestre, con lo que se reduce la resorción ósea sin alterar la formación ósea.

Clodronatos:

Han sido utilizados más pacientes con pérdida de la masa ósea que en osteoporosis. Los diferentes estudios muestran que cuando se utiliza cíclico a bajas dosis en mujeres con osteoporosis postmenopáusicas, ellas muestran un notorio aumento de la densidad mineral ósea espinal entre los 6 y 12 meses de tratamiento10,11.

Pamidronato:

El Bifosfonato que se encuentra en experimentación en el tratamiento de la osteoporosis, se ha trabajado en combinación con la hormona de crecimiento. Se ha establecido que la terapia conjunta induce la acumulación ósea y disminuye el valor de los marcadores bioquímicos del hueso13. Cuando es utilizado a dosis de 150mgs/día se aumenta la densidad mineral ósea de la columna lumbar; de manera cíclica, a dosis de 250-300 mgs/día, por dos meses, se encuentra un aumento en los siguientes años de tratamiento; esto sugiere que no hay una mayor ganancia en tratamiento a largo plazo.

Alendronato:

Es un medicamento muy prometedor en el tratamiento de la osteoporosis, a dosis de 5mgs/día I.V. por dos días a la semana, cada 3 meses durante el año encontrando un incremento de la densidad mineral ósea del 9%24. A dosis de 5-20-40 mgs/día, (25) por 6 semanas, se encuentra un incremento significativo de densidad mineral ósea de la columna toráxica y lumbar14,15.

Tiludronato:

Es un bifosfonato de reciente ingreso a la terapia de la osteoporosis, está también en etapa experimental en un estudio encaminado a la prevención de las fracturas vertebrales. Los resultados se completarán en 1997 y entonces se presentarán la evaluación del mismo16,17.

Discusión:

Desde los primeros estudios realizados con biofosfonatos por diferentes investigadores como Anderson y Cols, 1984; Harrs y Cols 1989, Hodsman 1989 y Watts y Cols en 1990, como tratamiento de la osteoporosis en mujeres postmenopáusicas se incluyó que la ganancia ósea era notoria y que existía una marcada disminución en la tasa de fracturas patológicas.

Estas primeras investigaciones se realizaron principalmente con Etidronato, bifosfonato disponible en la época, que debería ser administrado en forma cíclica e intermitente debido a su efecto nocivo sobre la mineralización ósea si se administraba en forma continua, como demostró el estudio de Heany y Saville5.

Por la misma época Chappord y cols encontraron que los osteoclastos del hueso trabecular eran más sensibles a la acción del Etidronato que los osteoclastos del hueso cortical.

El Etindronato (etano-disódico-1-hidroxi-1,1-bifosfonato), fue el primer bifosfonato de uso clínico y e único hasta 1993 en los Estados Unidos7. Un régimen típico del tratamiento con la medicación consiste en 5 a 10mg/d por catorce días repitiendo el esquema cada 3 meses, acompañado de calcio 500mg/d durante los 76 días restantes del trimestre.

A partir de 1990 se inician estudios multicéntricos con Alendronato, un aminofosfonato (a amino-1-hidroxibutylene-1,1-bifosfonato monosódico)15.

En un o de estos estudios publicados en "The New England Journal of Medicina" en noviembre de 1995 que incluyen 994 pacientes, el Alendronato se administró continuamente pro tres años a diferentes dosis, (5-10-20 mg/d), con las siguientes conclusiones:

- Las mujeres tratadas con alendronato presentaron un incremento progresivo en la densidad mineral ósea en comparación con el grupo que recibió placebo. Al finalizar los tres años la diferencia en la densidad mineral ósea entre mujeres que recibieron placebo fue de 8,8% en la columna, 5.9% en el cuello femoral, 7,8% en el trocanter y 2,5% en la totalidad del sistema óseo: P<0.001 para todas las comparaciones15.

- La dosis más efectiva fue la de 10mg/d.

- La densidad mineral ósea en cada lugar se incrementó con mayor rapidez durante los primeros seis meses de tratamiento.

- El tratamiento con alendronato se asoció con una disminución del 48% en la incidencia de nuevas fracturas vertebrales entre las mujeres tratadas comparadado con las del grupo control fue de 0,52. También en el grupo de pacientes tratadas con alendronato se evidenció una disminución con la progresión de deformidades vertebrales comparado con el grupo que recibió placebo (33% vs 41% p=0.028)15.

Adami y cols (1995)15 compararon el Alendronato con la calcitonina y su acción sobre los marcadores bioquímicos que se utilizan en la osteoporosis. Encontraron una disminución significativa de la fosfatasa alcalina y de las pridolinas urinarias con la administración del alendronato, mientras que con la administración del alendronato, mientras que con la calcitonina y el placebo, los marcadores bioquímicos permanecieron sin alteraciones. Además encontraron que con el alendronato los efectos adversos descritos, no se presentaron en ninguna paciente.

Conclusión:

El tratamiento con bifosfonatos incrementa progresivamente la masa ósea en la columna, cuello reduciendo la incidencia de fracturas vertebrales y la pérdida de estatura en mujeres post-menopáusicas con osteoporosis.

 

 

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